No creo haber violado el mandamiento que ordena no mentir ni más ni menos que otras personas. A veces alguien justifica su mentira diciendo que es piadosa; mentira de todas formas. Las mentiras no tienen justificación de ningún tipo, ¡es tan linda la verdad! . Pero yo he mentido y alguna vez fue a Fidel Castro en persona.
Ahora que se miente tanto sobre Cuba y su Revolución he recordado de nuevo aquel episodio de mi adolescencia; cuando desde la cultísima Europa y algún que otro depósito norteño se ha desatado una formidable campaña de descrédito a la Revolución Cubana, Cuba, sus líderes, etc, yo le ofrezco disculpas a Fidel.
Cuando triunfó la Revolución Cubana yo iba a cumplir 14 años que habían transcurrido en condiciones económicas muy desfavorables. Era una víctima de la explotación del trabajo infantil. Fidel, la Revolución, me liberó de ese y otros males. Conocía a Fidel a través de las fotos que publicaba la prensa cubana a diario y de la televisión que veía en una tienda en donde se vendían esos equipos en Holguín: Frexes esquina Máximo Gómez. Trabajaba en la redacción del periódico Norte y las fotos del Jefe de la Revolución estaban en primera plana casi todos los días.
A principios de 1961, el Año de la educación en Cuba, recibí una beca para estudiar en la Escuela de Instructores de Arte que radicaba nada menos que en el Hotel Comodoro, creo que ex - propiedad de uno de los hijos de Fulgencio Batista. Casi 50 años después recuerdo el servicio que recibíamos en el Restaurante del lugar: el mismo que se daba a los huéspedes burgueses de antaño. No pedíamos a la carta, pero éramos servidos casi como Jefes de Estado. Jamás vi allí una bandeja de las que se usan ahora en nuestros vapuleados comedores obreros y estudiantiles.
El 17 de mayo de aquel año, en un Stadiun habanero cuya identificación me es imposible, los alumnos asistimos a un gran acto, en donde Fidel dijo dos cosas que no he olvidado nunca:
a) Si los estudiantes siguen hablando tanto no los invitaremos al próximo acto.
b) Proponemos cambiar a los mercenarios capturados en Girón por alimentos, medicinas…..
¿Quiénes estábamos allí ?
La mayor parte de nosotros éramos del interior del país, jamás habíamos visto una instalación deportiva como aquella que nos parecía suntuosa, ni estábamos preparados para escuchar un discurso…ni de Fidel.
Una buena mañana entre las 6 y las 6.30 calculo, anterior o posterior a ese acto pero en mayo, un grupito de estudiantes estábamos en la entrada del hotel esperando la clase de Educación Física (sin desayunar) yo había tomado un ejemplar de cada uno de los diarios que circulaban en La Habana, de muy abultado paginado. Eran varios. Estaban en la antigua carpeta del hotel me imagino que igual que se hacía a los huéspedes.
Vi que se acercaban dos automóviles negros, alguien dijo:
-Es Fidel.
Yo salí corriendo al encuentro de Fidel, entre tanto, otro guajirito como yo, dijo:
-Es un hombre como otro cualquiera.
Por mucho que me apuré no pude llegar a la portezuela de Fidel, pero me coloqué en la de su chofer. Ningún escolta bajó. Nadie nos detuvo. El no bajó. Fidel empezó a dialogar con el alumno que estaba muy cerca de él. Yo intervine y me cogí el dialogo para mí. Fidel hizo varias preguntas que yo iba respondiendo y desaprobando sin saberlo. En un momento de la animada charla me preguntó ¿cuántos estudiantes hay aquí?
-300, respondí yo con una envidiable certeza.
Fidel siguió conversando y al final nos dijo que aprovecháramos bien el tiempo porque había muchos esperando por nosotros. Ese día por la tarde conocí la cantidad de estudiantes reales, mucho mayor. Sentí una vergüenza enorme y más enormes deseos de ver a Fidel y ofrecerle disculpas. Volví a verlo en Minas de Frio, Sierra Maestra, en 1962 jugando pelota pero no pude hablar con él, lo vi de nuevo muy de cerca en los funerales del Dr. Osvaldo Dorticós en el Panteón delas FAR en el Cementerio de Colón en La Habana a donde entré sin ser invitado. Nunca más pude hablar con él. Ya no podré ofrecerle disculpas nunca.
Luego he sabido, entre otros, a través de García Márquez, que es método de Fidel hacer preguntas a su interlocutor para evaluarlo. Él estaba evaluado a aquellos guajiritos y tuvo la delicadeza de no rectificarme delante de mis compañeros que tampoco sabían la cifra de seguro. No me hizo lo que al economista al que le pregunto por el consumo de arroz en su país. El interpelado respondió con una elevadísima cifra y Fidel, matemático brillante, le mostró su extrañeza por el consumo descomunal per cápita de arroz.
No conocí al Che, Camilo, no he visto nunca a Raúl, pero si a otros personajes trascendentes que me han honrado y honran con su amistad. Pero Fidel los sintetiza a todos. Hace muchos años mi hijo Jorge lo saludó, hablaron brevemente se hicieron una foto…ya no hubo mentiras. Fidel nunca ha merecido una mentira.
Lo indignante es que un hombre que ha tenido por norma invariable el decir siempre la verdad sea atacado con tantas mentiras, que aunque insólitas, siempre habrá quien las crea.
En cuanto a lo que dijo mi compañero de que era un hombre como otro cualquiera al ver a Fidel, estoy seguro que ya habrá comprendido que no es así. Cualquiera no puede enfrentarse de manera victoriosa al más potente imperio de todos los tiempos por 50 años… ni ser tan generoso con un chiquillo que le ha mentido.

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Comentario de Sonia Juana Castillo Cabreja el abril 25, 2010 a las 2:04am
Preciosa crónica, Arístides.
Me ha hecho usted reir a esta hora de la madrugada.
¡Gracias!
De ese modo ameno y entrañable debemos contar la historia a nuestros niños y jóvenes.

Un abrazo revolucionario,

Sonia