
Corría el año 1981, por esa época aparecía en el períodico Granma trabajos sobre
Martí. Por curiosidad comenzé a recortar aquellostrabajos que tuvieran que ver con la visión martiana del
imperialismo a través del prisma de autores cubanos de la Revolución. Acopié 13 trabajos, con los que conformé una compilación. La he guardado celosamente durante estos años, casi en secreto. Solo fue pública cuando competí con ella en el concurso Primero de mayo del 82. Ahora siento mucho placer en desempolvar estos viejos pero actuales manuscritos.
Lázaro.
PRIMERA RESPUESTA ANTIIMPERIALISTA ( Por Manuel Galich,)
En “Visión martiana del imperialismo”
Compilación de Lázaro Pérez.
Entre el 22 de junio y el 15 de julio del año 1826 tuvo lugar, en Panamá, la reunión de plenipotenciarios de México, Guatemala –que entonces comprendía toda Centroamérica-, Colombia –integrada por Panamá, Nueva Granada, Venezuela y Ecuador- y el Perú, los de la recién nacida Bolivia no alcanzaron a llegar, con el Paraguay del doctor Francia no había vínculos.
Los gobiernos de Chile y de Buenos Aires no aceptaron la convocatoria de Bolívar para aquel congreso, así la concepción inicial del Libertador, la de unión integral hispanoamericana, quedó trunca.
En cambio, por oficiosa extralimitación del vicepresidente Santander, que ejercía el ejecutivo colombiano, por ausencia de Bolívar, entonces en el Perú, concurrió al congreso de Panamá el señor Daswkins, comisionado de su Majestad británica, con expresa prohibición de “tomar parte, en manera alguna, en las deliberaciones de los países americanos”.
Del mismo modo, Santander invitó a Holanda y al imperio del Brasil, pero estos gobiernos no acreditaron representantes de ninguna clase.
El coronel Van Veer, holandés, compareció como un particular cualquiera, los Estados Unidos, de los cuales hay mucho que hablar, tampoco concurrieron al congreso.
Uno de sus delegados, Anderson, murió en el camino y el oro, Sargeant, no viajó “por falta de recursos”.
La idea de una reunión hispanoamericana para el triunfo y la consolidación definitiva de la Revolución de independencia tenía hondas raíces en Bolívar, sus concepción de lo que hoy llamaríamos integración fue siempre hispanoamericana, lo cual, desde nuestra perspectiva, puede parecernos una limitación o una parcialidad en el pensamiento del Libertador, ya que nuestro horizonte actual es mucho más amplio: es latinoamericano y Caribe.
Pero cuando se analiza la situación del mundo, en general, y del continente, en particular, se llega a la conclusión de que el hispanoamericanismo bolivariano tenía justificación ante las realidades del año 1826, incluso, ante el Haití de Jean Pierre Boyer, que ya no era el de gran Petión.
Recordemos al joven revolucionario del año 1810, de apenas veintitrés años de edad, en los albores del proceso liberador venezolano, cuando escribía par el Morning Chronicle, de Londres: “ … invitar a todos los pueblos de la América a que se unan en una Confederación”. ¿A todos? ¿También a los norteamericanos? ¡No!
Sólo a aquellos que seguirían “el ejemplo de Caracas”. ¿Y cuál era el ejemplo de Caracas?. Alzar “definitivamente la bandera de la independencia y declarar la guerra a España”. Nada de esto incumbía a los Estados Unidos, que en el año 1810, tenían treinta años de independencia y eran expresamente “neutrales”, respecto a España, para negociar con ésta la adquisición de Cuba.
El 7 de diciembre del año 1826, cuatro meses después de la victoria de Junín y dos días antes de la de Ayacucho, Bolívar lanzó su histórica circular a los gobiernos de la república de Colombia, México, Río de de la Plata, Chile y Guatemala.
La antigua idea de integración hispanoamericana había cobrado cuerpo más sólido y perfil más claro, sobre todo porque las armas bolivarianas y sanmartianas habían preparado las condiciones materiales para hacer posible la gran confederación: España ya no era un estorbo, estaba definitivamente derrotada; Ayacucho lo confirmó cuarenta y ocho horas después de firmada la circular.
La exacta latitud del proyecto integracionista bolivariano no dejó lugar a dudas: “Después de quince años –dice el primer párrafo de la circular- de sacrificios consagrados a la libertad de América por obtener el sistema de garantías que, en paz y guerra sea el escudo de nuestro nuevo destino, es tiempo ya de que los intereses y las relaciones que unen entre sí a las repúblicas americanas, antes colonias españolas, tengan una base fundamental que eternice, si es posible, la duración de estos gobiernos”. Se trataba de los destinatarios de la carta; de ningún otro.
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