Por Pedro Hernández Soto

Estaba desesperado por ir allá, por eso, cuando me invitaron, enseguida acepté. Este sábado temprano en la mañana partimos nueve oriundos, miembros de la Unión de cienfuegueros residentes en La Habana, de magníficas relaciones entre todos y cada uno. Fue un viaje agradable, de unas tres horas y media, comentando cuestiones de actualidad y recordando pasajes vividos y a viejos amigos comunes. A lo largo de las carreteras nos rodearon campiñas ferozmente verdes debido a las lluvias de este verano, hostiles a la sequía que nos venía azotando desde hace algunos años.

No me creerán pero a la entrada a Cienfuegos -declarada por la UNESCO en 2005 como Patrimonio Cultural de la Humanidad- me pasó algo inédito: sentí como si me arroparan calles, edificios, viviendas, tránsito y hasta transeúntes desconocidos. Entonces me dominó un ansia desaforada de verlo todo, de que no se me escapara nada, de apresar cada detalle. La proverbial limpieza, el orden, el diseño urbano y la belleza de vías, paseos y edificaciones exacerbaban estos deseos al máximo.

Cuando nos bajamos en el parque Martí todo cambió en un santiamén. Tan solo al pisar la acera sentí una tremenda paz interior aunque, en aquel momento, como en un kinescopio, a muy alta velocidad, en rápida sucesión, vinieron a mi memoria múltiples hechos vividos (placenteros o no), personas de la infancia y juventud (familiares y también amigos y enemigos), momentos de penuria o de liquidez económicos, los paseos solo por la periferia del parque dada la discriminación racial de entonces, de sufrimientos por los abusos de la policía de la tiranía batistiana, de los compañeros caídos durante el alzamiento del 5 de Septiembre … tantas cosas.

En realidad fuimos invitados a la Jornada por la celebración del aniversario 35 de la creación de los órganos del Poder Popular. Antes del comienzo del primer acto programado solo tuve tiempo de recorrer el paseo peatonal de la calle Santa Isabel, que nace en el propio parque Martí y llega hasta el mismísimo Muelle Real, batido por las frescas brisas marinas. Aún en construcción es ya bello, acogedor, instructivo. Es de las más actuales obras promovidas por el Master Irán Millán Cuétara, jefe de la Oficina del Conservador de la ciudad. En el recorrido me acompañó el amigo Víctor Pérez Galdós, periodista, escritor y especialista en la vida y obra de José Martí, por tanto tuve todos los ingredientes para un fructífero recorrido.

A las cuatro en punto de una tarde de típico invierno cubano (con sol fuerte y calor tremendo) comenzó el acto presidido por Lidia Esther Brunet Nodarse, primera secretaria del Partido en la provincia y Marelys Permía Cordero, presidenta de la Asamblea provincial del Poder Popular. Fuimos estimulados alrededor de mil personalidades y una cincuentena de instituciones. Unos cinco con la máxima distinción: la Perla cienfueguera (entre otros nuestra Unión); otros con la Placa conmemorativa y terceros (como yo) con la Medalla recordatoria. El cierre fue brillante: palabras de agradecimiento a nombre de los galardonados por Eugenio Mainegra Álvarez y actuaciones del trovador Lázaro García y del dúo Los Novos.

Entonces, antes del arribo del ómnibus que nos trasladaría al lugar de alojamiento donde descansaríamos algo antes de la actividad nocturna, me fui corriendo con otro invitado, el abogado jubilado y escritor Raúl Aguiar Rodríguez, hasta la cercana exposición del Fondo Cubano de Bienes Culturales, donde pudimos admirar pinturas, esculturas y muebles de una calidad extraordinaria. Además es una casa bella, de época, con techo de cuatro aguas, de tejas, con patio central encerrado en un portal; todo muy bien mantenido.

Los eventos a continuación mejoraron aun más nuestra visión de la ciudad cuna y criadora.

La gala cultural nocturna realizada en el modernizado y acogedor cabaret Tropisur sumó los valores de artistas de medios y centros nacionales con otros autóctonos de muy buenas voces y también relevantes cualidades danzarias. Disfrutamos en el escenario desde fragmentos de la zarzuela Cecilia Valdés hasta el espectáculo Fascinación, pasando por músicas campesina, de la década de los años 70 (fundación de los órganos del Poder Popular), de la Trova cubana y del inmortal cienfueguero Beny Moré. De la calidad del espectáculo solo puedo decirles que fue una noche fabulosa.

Faltaba la sesión extraordinaria de la Asamblea Provincial del Poder Popular. Allí, en la mañana del domingo, se combinaron con exquisitez arte y política, décimas y discursos, poesía e himnos. Se les entregó la Perla cienfueguera al comandante del alzamiento del 5 de septiembre de 1957, Julio Camacho Aguilera, al hoy ministro de Salud Pública y ex primer secretario del PCC en la provincia Roberto Morales Ojeda, a dos delegados de circunscripción durante 35 años ininterrumpidos (debo recordarles que los dirigentes populares, desde delegados de circunscripción hasta diputados de la Asamblea Nacional, en Cuba, los postulan las asambleas de vecinos y ya electos no cobran por su trabajo), y el doctor Miguel A. Rodríguez Angulo Marcoleta, médico de relevante trayectoria científica y de servicios.

El discurso conclusivo de Permía Cordero detalló a vuelapluma la situación social y económica del territorio, saltando a la vista los avances alcanzados en estos 35 años de administración popular.

En las primeras horas de la tarde regresamos a La Habana, risueños, felices, cansados pero… con deseos de volver con rapidez.

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