¿Un golpe en Paraguay? ¿Y a quién le importa?

Miercoles, 04 July 2012 09:57 



 

Por Saul Landau

“Los norteamericanos harían cualquier cosa por  Latinoamérica, excepto leer acerca de ella”.   - James Reston

“Tú vas para Uruguay, un lugar  del caray”, dijo Groucho Marx, pero ¿qué es y dónde está Paraguay?

“¿Y qué me importa, los Gigantes  están en primer lugar, es temporada de cangrejos y voy a tener seguro de salud?”, dijo un  hombre de San Francisco.

Traté de explicarle que los golpes son muy del siglo 20, incluso con el  nuevo enfoque no militar.

Se encogió de hombros.

Le di una explicación. La semana pasada, el presidente de Paraguay, elegido  democráticamente, fue citado a presentarse al Congreso para enfrentar una  acusación que podría destituirlo. La citación no contenía ninguna evidencia que  demostrara las acusaciones de “incompetencia”, porque, decía el documento, todo  el mundo conocía los hechos. El presidente Fernando Lugo tendría al día  siguiente dos horas para responder a las acusaciones.

La solicitud de la defensa de Lugo de 18 días para prepararse, como  determina la ley, fue denegada y el Congreso de Paraguay destituyó al  presidente Lugo y lo reemplazó con el vicepresidente Federico Franco, su  vicepresidente del derechista Partido Liberal. La gente de Franco había estado  conspirando para derrocar a Lugo desde que este tomó posesión. Franco también  recibió el apoyo total del más derechista Partido Colorado, la agrupación del  ex dictador general Alfredo Stroessner (1954-89).

La representante del Departamento de Estado Victoria Nuland dijo el lunes  que Washington estaba “muy preocupado por la rapidez del proceso usado para  esta destitución en Paraguay”. (Traducción: Washington no va a condenar como  golpe de estado a esta eliminación presidencial de poca prioridad, a diferencia  de los vecinos sudamericanos de Paraguay, los cuales retiraron a sus  embajadores.)

Se había llevado a cabo otro golpe, como el de 2009 en Honduras, cuando los  sabios prometieron que no habría más golpes en Latinoamérica.
  España, Alemania, Canadá y el Vaticano reconocieron poco después al nuevo  gobierno.  Todos expresaron de manera  rutinaria su preocupación de que la “democracia” en Latinoamérica se evaporara  en el neblinoso aire paraguayo.

El censo de 2008 mostró que el 2% de los terratenientes de Paraguay poseían  el 80% de las tierras. Lugo había presionado a favor de una reforma agraria –el  gran tema en toda Latinoamérica. ¿Quién es la próxima víctima de un golpe de  estado? Los corredores de apuestas ya están ofreciendo probabilidades en el  caso de Bolivia.

La mayor parte de Latinoamérica se sintió asqueada ante la noticia del  golpe, el cual se realizó después de que ocurriera un conflicto policiaco  contra manifestantes sin tierra. Diecisiete personas murieron. El Senado  utilizó el incidente para declarar a Lugo “culpable de mal desempeño de sus  funciones”, citando una cláusula en la Constitución que ellos aseguran que deja  mucho a la interpretación del Congreso. Lugo no estuvo de acuerdo. Una foto de  AP mostraba a tres mujeres paraguayas debajo de un cartel que decía: “Fuera el  fascista Franco”.

Al secretario general de la OEA solo le faltó calificar de “golpe” los  hechos en Paraguay.
  En Honduras, los líderes del golpe orquestaron unas elecciones al término  del período del gobierno de facto, en  cuyo momento los principales actores mundiales estuvieron de acuerdo en que la  democracia había sido restaurada y que hay que olvidar todo porque nada  significativo ha sucedido. Así que hubo en golpe en como se llame ese lugar. ¿Y  qué?

Las naciones latinoamericanas y caribeñas respondieron que un golpe es un  golpe, no importa cómo se le disfrace o se le presente. A ellos les importa.

Washington había citado la presencia en la región de células de Al-Qaeda y  Hizbollah –¿qué?–  como razón para sus  recientes actividades militares allí, y esperaba obtener una posición desde donde  pudiera atacar a los regímenes populares en Venezuela, Nicaragua, Ecuador y  Bolivia, en vez de tratar de contrarrestar   a fantasmales grupos terroristas. Washington acostumbra a “preocuparse”  por las amenazas a su hegemonía tradicional, como la recién formada Unión de  Naciones Sudamericanas (UNASUR) –y su plan de defensa regional al cual EE.UU.  no está invitado. Funcionarios del Departamento de Estado de EE.UU. continuaron  con sus protestas de lo mucho que están comprometidos con los procedimientos  democráticos. Seguro, pensé, como dijo Groucho: “En Estados Unidos cualquiera  puede salir al aire y burlarse de los políticos, y cualquier político puede  salir al aire y burlarse del pueblo”.

Lugo rechazó los planes militares de EE.UU. cuando supo que los  norteamericanos habían lanzado un ataque contra un  campamento de las FARC, en la zona fronteriza  de Ecuador, desde una base en Colombia.

Al lamentarse de la decisión de Lugo, la embajadora de EE.UU. en Paraguay,  Liliana Ayalde, expresó la esperanza de que otros programas de cooperación  –tanto militares como civiles– no fueran afectados. Tentativamente se preocupó  por el programa de Paraguay para entrenamiento de oficiales y adquisición de  armas. El viraje potencial del país hacia regímenes populares –o hacia Brasil y  Argentina– en asuntos militares sin duda sería percibido por Washington como un  fracaso de política exterior.

La gravitación de Lugo hacia los regímenes populares preocupó al personal de  la embajada norteamericana. Para Washington, la perspectiva de una alianza  estratégica entre el presidente paraguayo y la Alianza Bolivariana para los  Pueblos de América Latina (ALBA) era atemorizante, teniendo en cuenta la  advertencia de Henry Kissinger en la década de 1970 acerca de la importancia  del continente para los planes norteamericanos de dominación global. Pero el  ALBA ofrecía mejores condiciones.

Lugo también tuvo que enfrentarse a una verdadera guerra de clases como  reacción a su declarado camino independiente. Una campaña derechista de  propaganda contra él se esparció por los medios del continente. El estilo de  vida del exsacerdote se presentaba como de libertinaje irresponsable,  supuestamente tenía varios hijos fuera del matrimonio, y supuestamente toleraba  la corrupción de sus allegados. La embajadora de EE.UU. advirtió que los  “enemigos políticos” de Lugo podrían “buscar medios políticos como “la  destitución para sacarlo de su cargo”, lo que el Departamento de Estado  describió como “interrupción del proceso democrático”.

Sus enemigos decían que Lugo disfrutaba del nivel de vida de un  oligarca mientras se presentaba como campeón  de la causa de los desvalidos. y que hacía llamados  a la lucha de clases desde un  jacuzzi. Algunos medios llegaron a decir que prácticamente todos los familiares de  Lugo tenían vínculos con agencias norteamericanas. La campaña de difamación  hizo que parte de la población de Paraguay retirara su apoyo al presidente.  (Gracias a Eric Stadius, investigador asociado del Concejo de Asuntos  Hemisféricos.)

El mundo fue testigo de un golpe parlamentario. La derecha derrocó a un  reformador. En el norte de Paraguay, un movimiento de 60 personas supuestamente  trató de reclamar tierras. Sesenta campesinos fueron heridos cuando se  enfrentaron a la policía, seis de cuyos miembros fueron heridos. Este conflicto  –“los hechos”– sirvió de pretexto para el golpe, el cual tiene éxito cuando los  usurpadores establecen la legitimidad si el gobierno atacado no es capaz de  hacerlos fracasar y permite su consolidación (estratégica, táctica, política),  y luego recibe la rendición del gobierno depuesto o el consentimiento de la  población y los militares.

El conflicto se convirtió en el pretexto para deshacerse de Lugo. ¿Estuvo  implicado Washington? ¿A quién le importa? EE.UU. suministra ayuda militar y  policiaca a Paraguay.  Me costó trabajo  encontrar a gente en San Francisco que supiera dónde está Paraguay o les  importara lo que sucedía allí. ¿Entonces para qué el Departamento de Estado va a  decir algo pertinente?

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