Los delegados del Poder Popular tienen muchos deberes, pero el de representar a los electores desde que se levantan hasta el momento de acostarse es sagrado e indelegable durante los
trescientos sesenta y cinco días del año con la recompensa del reconocimiento
social del pueblo, sin cobrar un centavo a cambio.


Lo digo por experiencia, adquirida durante más de trece años como delegado de la circunscripción 55, del reparto América Latina, equivalente a una alcaldía del barrio. Aciertos y
desaciertos me acompañaron en una tarea que no tiene precio y estuvo rodeada de
gratitudes, en la mayoría de los casos, y también de algunas ingratitudes.


El delegado con éxito en su trabajo debe hacerse acompañar de varias premisas como la de dialogar con los electores, hablarles con transparencia y ofrecer a sus representantes
argumentos convincentes, sin dejar espacio a la duda. El primer convencido de
lo que dice debe ser él.


Una herramienta imprescindible de este representante genuino del pueblo en el modelo democrático cubano es la de apoyarse en las comisiones permanentes del barrio, formadas por electores
que se convierten en los ojos del control popular y de apoyar otros asuntos que
sigan el camino más justo y ordenado de acuerdo a las prioridades del momento.
En una palabra: abrazar el trabajo comunitario integrado de todos los factores
de la vecindad.


Cuando las comisiones de control popular actúan y se crean los mecanismos de retroalimentación sobre las inquietudes del pueblo no hay favoritismo en las bodegas o en cualquier otro
centro de servicio, los consumidores no se quejan del bajo peso de los
productos y se evita lo que a veces ocurre, de llegar productos cárnicos a los
establecimientos y por discordia entre proveedores y comerciantes vuelven
increíblemente al punto de origen delante de las narices del pueblo, lo que se
combate con energía por los Consejos de la Administración Provincial del Poder
Popular.


Los delegados no tienen una varita mágica para sacar soluciones debajo de la manga y sí poseen un espacio, como los despachos regulares con los electores, para evacuar dudas, tramitar
preocupaciones e informados de la estrategia económica y social del país.


Por Ley –la 91 de los Consejos Populares- están establecidas las atribuciones, derechos y deberes de los delegados. No son electrones sueltos en el barrio, tienen el acompañamiento
de la comunidad.


Dentro de las categorías filosóficas que actúan, como se sabe, en pare, la de necesidad-posibilidad no siempre puede cumplirse como muchas personas desearan, aunque no excluyo que
existan soluciones dilatadas por encima de lo justamente razonable.


No riñe que en momentos determinados, como sucede con los delegados de base que son diputados, toquen la puerta de un ministro para encauzar determinadas prioridades. Como ocurrió
en una oportunidad en que se hizo necesaria tramitar una unidad
gastronómica para el Sistema de Atención
a la Familia (SAF) y se logró.


Ello ocurrió hace tiempo y llueva, truene o relampaguee no deja de garantizársele a consumidores de la tercera edad la protección de alimentos a precios módicos, en medio de las actuales
privaciones económicas de la crisis global junto al criminal bloqueo
norteamericano.


Aquí se sabe de delegados que en época de desbordamiento de los ríos de la ciudad de Camagüey dejaban sus hogares –por la noche o la madrugada—para con el agua a la cintura pasar las
mismas vicisitudes de los electores.


Delegados que gestionaron la presencia de autoridades de empresas municipales o de subordinación nacional para analizar sobre el terreno preocupaciones de los electores y jamás fueron
defraudados.


En las actuales circunstancias de crisis económica mundial, de privaciones de recursos materiales y financieros, el trabajo de los delegados tiene que multiplicarse,
las respuestas no pueden quedar en el aire y en el supuesto de que los
electores conocen al detalle todas las dificultades.


Los delegados están investidos de autoridad para exigir que las unidades laborales, ubicadas dentro de su jurisdicción funcionen y funcionen bien. Cuando ocurre lo contrario
reiteradamente pueden proponer, con argumentos sólidos, la sustitución o
democión de administradores.


El delegado es una autoridad que no se olvida cuando obra bien al servicio de la comunidad, incluso, muchos de ellos después de cesar en sus funciones, el pueblo en el barrio lo sigue
llamando cariñosamente: ¡delegado!.


Los delegados de base pueden llegar a ser miembros de las asambleas provinciales y diputados a la Asamblea Nacional del Poder Popular, el máximo órgano legislativo cubano en una
proporción de hasta un 50% de la totalidad de los miembros que ocupan escaños
en el Parlamento.


Allí en la Asamblea Nacional la voz de los delegados de circunscripciones son escuchadas atentamente. Desde mi escaño de diputado en la V Legislatura nunca vi a Fidel Castro restarle
importancia a un asunto planteado por ellos, aunque la propuesta surgiera del
modesto trabajador de comunales, proveniente de una de las provincias cubanas
de menos desarrollo.


Los delegados no pueden trabajar a ciegas, tienen que tener un diagnóstico de sus principales problemas y trazarse un plan de acción, de conjunto con los factores de la comunidad, que
asegure la continuidad de la obra de la Revolución, la de este sistema político
y electoral popular, democrático y participativo contra el que arremeten
Estados Unidos y el Parlamento Europeo, patrocinadores de la colosal guerra
mediática resistida por los cubanos con convicción, coraje y a fuerza de pensamiento

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Comentario de Norelys Morales el abril 23, 2010 a las 8:57am
Atienzar, me llevo esto a mi blog, besos, norelys

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