¡Me espanta la ciudad! ¡Toda está llena

De copas por vaciar, o huecas copas!

¡Tengo miedo ¡ay de mí! De que este vino

Tósigo sea, y en mis venas luego

Cual duende vengador los dientes clave!

(Martí)

La Plaza Cuba fue levantada en Tegucigalpa gracias al esfuerzo de los médicos cubanos y de la Asociación de Amistad Honduras-Cuba. Mucho tuvo que ver la coincidencia que hubo con la personalidad del ahora extinto Juan Manuel Posse.

En medio de ella, una estatua del poeta José Martí oficiaba de reloj de sol.

Cuando la oscuridad del golpismo cubrió a Honduras el año pasado, la plaza siguió intacta, tal vez porque en la Resistencia tomamos las calles y evitamos de algún modo, que el sudario de la barbarie terminara cubriendo uno de los espacios más simbólicamente nuestros.

Las paredes de Tegucigalpa siguen llenándose -paulatinamente- de mensajes nada libertarios: "muerte a los comunistas", "14/88 (más la swástika)" etc., y sin embargo, las auténticas dictaduras sólo comienzan cuando las almádenas inician su cadenciosa danza iconoclasta.

La estatua de Martí recibió ya su bautismo de fuego: saltándose la vigilancia que la Alcaldía tiene permanentemente en la Plaza Cuba -o con la complicidad de la misma-, alguien entró y asestó golpes precisos sobre la estatua, pulverizándole el brazo derecho.

Esto sucedió esta semana, en medio de los graves enfrentamientos acaecidos en la UNAH, durante los cuales,los grafittis no se dejaron esperar sobre la estatua del Padre José Trinidad Reyes, fundador de la universidad en el S. XIX.

Sin duda esta mutilación de Martí esun acto reflejo, un mensaje claro hacia ese reducto intelectual que, en torno al pensamiento martiano, defiende imbatible, la gran plaza de la resistencia hondureña.

La mutilación simbólica ha sido utilizada durante las épocas más oscurantistas como borrón y cuenta nueva en el inicio del poder real de las dictduras, lo prueban las mutilaciones genitales que el Vaticano ordenó en toda estatua clásica o neo-clásica (sustituidos lo genitales por hojas de parra), la mutilación de los rostros de los faraones caídos en desgracia en Egipto (o el borrón de los cartuchos reales), la mutilación del pie izquierdo en las estatuas practicadas por las civilizaciones pre-colombinas de Mesoamérica (en busca del efecto sobrenatural y funesto de las deidades como los atributos físicos reconocidos en Juracán y Kabracán), o el simple derribo de las estatuas a través de los siglos.

En el caso del Martí de nuestra Plaza Cuba, la mutilación no es un acto vandálico aislado, sin duda tiene connotaciones que se irán mostrando cada vez más en el desprecio sistemático a todo pensamiento que surja de la Resistencia histórica, y por supuesto, en el desprecio y búsqueda de aislar a los intelectuales que le dan soporte orgánico al FNRP, aunque sea enviándonos este tipo de mensajes, que al fin de cuentas, nos recuerdan también, que de Lepanto salió un manco que jamás rindió su imaginación y poder creador ante nadie.

Fabricio Estrada

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Etiquetas: Martí

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