El presidente Chávez con un corazón inmenso, llega y da al pueblo las herramientas que nunca nosotros pudimos dar. La toma de conciencia como factor determinante, ha suministrado a nuestro pueblo la seguridad de ser actor y motor de su propia historia.

Cuantas veces con megáfono en la mano, recorriendo los barrios, hablábamos de las injusticias y se nos partía el corazón al ver al pueblo que salía y nos miraba, sin aquel entusiasmo generador de seguimiento en las luchas. Estaban ciegos, no era el momento o nuestro liderazgo no era lo suficiente enérgico como para que la fortaleza del pobre se elevara hasta el infinito y nos tomara de la mano para formar un bloque indivisible que nos permitiera establecer un nuevo Estado de justicia e igualdad. Un bloque indivisible, tan necesario hoy para seguir la marcha hacia la consolidación del socialismo venezolano.

Bien lo decía nuestro amigo el Che Guevara, la formación del Bloque Indivisible, tiene que ser el resultado de la adhesión. La adhesión a los principios y la adhesión personal. La adhesión a los principios revolucionarios nos llevara a entender el por qué de la lucha, hacia dónde nos dirigimos y la adhesión personal a la ejecución de la estrategia de lucha para llegar al triunfo.

Indudablemente, ambas adhesiones conllevan a la edificación del bloque indivisible y son necesarias para que el proceso revolucionario venezolano siga su marcha a paso de vencedores.

Estas adhesiones son importantes analizarlas, porque si bien es cierto, que el Che Guevara no conceptualiza las mismas, sí en sus narraciones sobre las vivencias de la lucha armada con sus compañeros, nos da elementos importantes para descubrir la verdadera naturaleza de cada una.

La adhesión personal, es la vida misma en constante movimiento que se lanza al logro de un objetivo hermoso: la igualdad y equidad de todos (adhesión de principios).

Para poder pensar que numerosas personas necesitan vivir en condiciones dignas se requiere de amor. Solo una persona que tenga amor en su corazón puede pensar con amor y mirar a otros con ese mismo amor. Esto supone que el revolucionario sea hombre o mujer, poseen un corazón lleno de amor. Y si se tiene un corazón lleno de amor, aquí no puede haber odio, competencia, ni malas intenciones.

Pero no solamente el revolucionario que piensa en los pobres de su país, que desea mejorar las condiciones de vida para su pueblo es amoroso para su pueblo, debe ser amoroso con su equipo de lucha, debe ser un hermano, un compatriota, un amigo que se une al compás de unos principios para lograr la victoria.

Ya lo decía el Che el seguimiento a un líder tiene que ver con su calidad humana, con su fortaleza que emana a borbotones como sangre limpia en su existencia, con su disciplina de amor para todos que ramifica las más hermosas estelas: solidaridad, sensibilidad, tolerancia, responsabilidad y otras.

La lucha no es personal, la lucha es en equipo, la adhesión es personal y de principios, porque es un trabajo individual de amor para dar amor a todos, viviendo en igualdad y justicia. Cuando la lucha se torna personal, no estamos preparados para ejercer el combate, porque “el combate es el momento estelar de la guerra”, así nos advierte el Che.

Nuestro combate, es contra todo lo que nos permitió hundirnos como país en la mas completa miseria, es contra aquellos que usurparon nuestros bienes, que permitieron sumergir a nuestro pueblo en una pobreza casi extrema. Nuestra combate compañeros, es contra el Imperialismo y sus defensores, las oligarquías venezolanas y los dirigentes de los viejos partidos que nos hicieron tanto daño. Nuestro combate es contra aquellos que no nos permiten avanzar para organizar la sociedad socialista que deseamos.

El proceso revolucionario emprendido, debe ser limpio, sin odios, sin competencia. Con la madurez necesaria para observar al enemigo. Tenemos que ser firmes y ser vigilantes de nuestros discrepantes, sin perderlos de vista, no enfrascarnos en un debate interno que nos lleve al fraccionamiento y al descuido del adversario. La eficacia de la defensa depende de la vigilancia que nosotros hacemos al adversario.

No somos fracciones que luchan con objetivos diferentes, somos un ejercito revolucionario, soñadores de cualquier nacionalidad, un pueblo decidido. Un bloque indivisible, tal y como lo menciona nuestro amado Ernesto Che Guevara.

Lis

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