Reeducar la barbarie no es perverso, es necesario

“El mal trabajo del chófer, mala conducta de los oficiales de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) y la tardanza en la demora de los ómnibus en la ruta que cubre el P-13, crea molestia entre los viajeros y uniformados que les amenazaron con golpes en la tarde del 15 de agosto”, así rezaba un escrito con el que me topé en el portal apátrida miscelaneasdecuba.

Leído así, suena a abuso policial, algo a lo que, en España, estamos acostumbrados, pero en Cuba suena a chino, pues hemos comprobado el educado trato que la PNR tiene con los ciudadanos, incluso cuando ordenan a los maleantes que dejen de molestar a los turistas. Eso por no hablar de la ausencia de cascos, escudos, balas de gomas o pistolas eléctricas que matan, como sucede en el Occidente “civilizado”.

Pero el mismo portal se descubre solo, al narrar la situación con más detalle. Lo que ocurrió fue que al llegar el autobús, y ante la cola que había creado su tardanza (lamentablemente crónica en La Habana) agentes de policía comenzaron a subir primero a los impedidos físicos y las embarazadas (en el capitalismo, la policía agrede a inválidos en sillas de ruedas), alterando el orden de la cola, lo cual, según el portal citado, generó algunas protestas

En mi opinión esos cubanos (o todos los que actúen igual en cualquier lugar del mundo) que se indignan ante tan loable acción y anteponen sus intereses personales por encima de todo, son merecedores de una terapia intensiva reeducativa.

He dicho bien: Reeducar, porque pese a las connotaciones negativas que los imperialistas le dan al término, ¿quizás resulta perverso reeducar a los bárbaros para convertirlos en personas honestas, solidarias y respetuosas con los más débiles? No olvidemos que el capitalismo hace lo propio, para reforzar la barbarie, a través sus medios de enajenación masiva.

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Etiquetas: Cuba

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