Polémica Kirchnerista , Bonasso vs. Steinsleger en el diario mexicano La Jornada

 La Jornada de México. 29 de febrero de 2012

La Argentina de "los K" y Miguel Bonasso, el novelista


por José Steinsleger*

Con excepción de Colombia, los años terribles de América del Sur pasaron, y tras la devastación neoliberal varios países de la subregión afrontan el desafío de la reconstrucción económica, con estados que las corporaciones imperiales desmantelaron y en sociedades que, por vía democrática, procuran la recuperación de sus identidades nacionales.

En días pasados, un amigo bien informado me envió un artículo del economista belga Eric Toussaint, miembro del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM), del Foro Social Mundial y de la Asociación por la Tasación de las Transacciones Financieras y por la Ayuda a los Ciudadanos (ATTAC), "movimiento internacional altermundista que promueve el control democrático de los mercados financieros y las instituciones encargadas de su control, mediante la reflexión política y la movilización social".

Toussaint milita en la llamada Cuarta Internacional (trotskista) y sus lúcidos análisis se han ganado el respeto de las izquierdas políticas en general, así como el de las derechas que no viven de cuentos ideológicos. El texto de marras analiza la gravísima crisis económica griega, y dedica la mitad del trabajo a destacar el caso argentino que, a su juicio, habría sido "…la suspensión de pagos más importante de la historia".

"Esta suspensión de pagos –escribe– dura desde hace diez años y Argentina va muy bien. Entre 2003 y 2012, su tasa media de crecimiento ha llegado a 8 por ciento. Si Argentina no hubiera suspendido el rembolso de la deuda, no hubiese rechazado los dictados del FMI y los demás acreedores, habría sido incapaz de beneficiarse a partir de 2004-2005 del aumento de los precios de los productos que exporta al mercado mundial. Todos los beneficios habrían sido engullidos por el rembolso de la deuda."

Aludiendo al gobierno de "los K" (los Kirchner), Toussaint agrega: "Bajo la presión popular, las autoridades argentinas han rechazado el aumento de las tarifas eléctricas, del agua, de las telecomunicaciones, etcétera, que querían imponer las multinacionales extranjeras y el FMI. Las condiciones de vida de los argentinos han mejorado notablemente y en la actualidad los ciudadanos europeos toman el camino de ese país para intentar conseguir un trabajo digno".

En el apartado "asunto" del correo, mi amigo apuntó: "De esto no habló (Miguel) Bonasso, y él mismo me lo explicó en su momento igualito que está aquí escrito" (el texto de Toussaint). Se refería al desconcierto (y no sólo a él) causado por la entrevista concedida a este diario por el gran periodista y escritor argentino (La Jornada, 26/2/12). En la entrevista, Bonasso iguala las economías "desnacionalizadas" de Argentina y México. Sostiene: "Volvemos al sistema extractivista de las materias primas de la Colonia, regresamos a Potosí…"

No voy a tratar ahora el leitmotiv de la entrevista: la presentación de su último libro en México, El mal: el modelo K y la Barrick Gold: amos y servidores en el saqueo de la Argentina. Me detendré, tan sólo, en un comentario atroz: "La diferencia es que aquí, con Felipe Calderón, hay un discurso de derecha, mientras que en Argentina, con Cristina (Fernández) Kirchner, hay un discurso progresista, de izquierda".

Lamento recordar al viejo compañero, al admirado maestro (y con cariño), que en Argentina existe un estado de derecho. Y que México (país que Bonasso conoce tanto como el suyo) se hunde en una política planificada de limpieza étnica, entreguismo económico, y crímenes inenarrables que, ahí sí, igualan en crueldad a la Argentina de Videla y los militares.

Junto con Gabriel García Márquez y Rodolfo Walsh, Bonasso figura entre los grandes escritores y periodistas de habla hispana. Casi todo lo escrito y hecho ha sido importante y valioso. Y subrayo el adverbio "casi", pues a más de escritor, periodista y revolucionario, Bonasso incursionó hasta hace poco en la política. No le fue bien. Kirchnerista de la primera hora, sus diferencias con "los K" lo cegaron.

Tampoco hay pierde. André Malraux (acaso su alter ego) corrió igual suerte. ¿Quién recuerda el Malraux político? Política y literatura… Ayer, la una y la otra solían ir juntas, fundiéndose en una suerte de, digamos, confusa creatividad donde el "yo" jugaba un rol estelar. En tanto que hoy los géneros de denuncia y testimonial apenas son ejercicios de relatoría y memoria, que no alcanzan a dar cuenta de las complejidades políticas de nuestro tiempo, así como de las estrategias ideales para esclarecerlas.

Fuera de pajas políticas, la investigación sobre los atropellos de la Barrick Gold y la "megaminería" es un texto de consulta ineludible. Aunque en lo personal, me habría gustado que Bonasso diera a conocer en México otra obra de su autoría: La venganza de los patriotas, libro que este país necesita con urgencia, y que los críticos han calificado como el mejor de los publicados en el bicentenario de nuestra independencia.


* Periodista argentino residente en México. Es columnista de La Jornada.


La respuesta: 

La Arcadia de los K (réplica a Steinsleger)


por Miguel Bonasso

El pasado miércoles 29 de febrero mi viejo amigo José Steinsleger publicó en estas páginas un artículo titulado "La Argentina de 'los K' y Miguel Bonasso, el novelista", en el cual, tras elogiarme mucho más allá de mis merecimientos, me regaña "con cariño" por un comentario "atroz" vertido en una entrevista anterior con este diario (La Jornada, 25/2/12) y sostiene que en periodismo y literatura me ha ido muy bien, pero en la política no, porque mis "diferencias con los K" me habrían "cegado".

Creo, con todo respeto, que está equivocado y su error no merecería esta aclaración si su cariñoso recordatorio estuviera limitado a mi actuación personal y no contuviera una visión idílica sobre el proyecto político, económico y social del finado Néstor Carlos Kirchner y su viuda, la presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner. Proyecto que apoyé al principio, cuando proponía algunas herramientas válidas para salir de la terrible crisis de 2001 y dejé de apoyar cuando se hizo evidente –más allá de la retórica progresista– que entregaba todos los recursos naturales de Argentina (glaciares, bosques, campo y plataforma marítima patagónica) a trasnacionales de prosapia filantrópica como Monsanto, Barrick Gold o las petroleras británicas que devastan las islas Malvinas. Proceso entreguista que detallo pormenorizadamente en el libro que he venido a presentar en México (El mal. El modelo K y la Barrick Gold: amos y servidores en el saqueo de la Argentina) que Steinsleger considera –paradójicamente– como "un texto de consulta ineludible".

En la entrevista que lo "desconcertó", afirmé efectivamente que las economías de México y Argentina están "desna- cionalizadas" y agregué que la entrega de soberanía avanzaba como un cáncer sobre todo el lomo de América (desde el sagrado Wirikuta de los huicholes hasta el Esquel de los mapuches) con las exponenciales inversiones de la megaminería a cielo abierto, que constituyen el Potosí del siglo XXI, en perjuicio directo de los más desamparados: campesinos y pueblos originarios. Lo reitero aquí, como la denuncia judicial por tráfico de influencias que interpuse ante la justicia federal argentina contra la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, el secretario de Minería Jorge Mayoral, el secretario de Hacienda Juan Carlos Pezoa y el gobernador de la provincia de San Juan, José Luis Gioja. Todos ellos vinculados dolosamente a Barrick Gold, empresa fachada de la CIA que fue creada por George Herbert Walker Bush, el traficante de armas saudita Adnan Kashoggi y el front man de la minera canadiense Peter Munk para financiar el Irán-Contras.

Cuando dije que el presidente Felipe Calderón no ocultaba su ideología derechista y Cristina –en cambio– se presentaba como adalid del progresismo, de ninguna manera lo hice para ocultar la ordalía de sangre que padece México o para igualar "los crímenes inenarrables" o la "política de limpieza étnica" a la que alude el viejo amigo con la situación imperante en Argentina.

Pero tampoco "el estado de derecho" bonaerense que Steinsleger presenta con perfiles nórdicos es ajeno a la criminalización del conflicto social. Las guardias blancas de los terratenientes soyeros asesinan líderes campesinos como Cristian Ferreyra; las guardias urbanas de los charros sindicales de la Unión Ferroviaria ultiman activistas de izquierda, como Mariano Ferreyra; los represores solapados por gobernadores corruptos como Gioja han producido el primer desaparecido en democracia, que es Jorge Julio López; el Congreso (con mayoría oficialista) ha votado en diciembre una siniestra Ley Antiterrorista, que ya aplican algunos jueces y fiscales contra las asambleas ciudadanas que luchan por el agua en provincias como La Rioja y Catamarca; hay más de 5 mil activistas sociales procesados; se ha descubierto un tenebroso Proyecto X de la gendarmería para espiar militantes populares y el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel tiene que recordar cada tanto a la presidenta que los derechos humanos no son cosa del pasado.


El reciente accidente ferroviario en la estación de Once, que costó 51 muertos y 700 heridos, demuestra que la corrupción mata. Entregados a concesionarios privados que no invierten pero sobornan a los funcionarios del ramo, los trenes que diariamente transportan como ganado a millón y medio de ciudadanos constituyen una de las mayores pruebas de cargo contra el modelo K. En ocho años el matrimonio Kirchner dispuso de una "caja" de 400 mil millones de dólares que fueron usados para asistencialismo y no para obras de infraestructura, como la reconstrucción de los ferrocarriles, destruidos por su actual aliado Carlos Saúl Menem.

Finalmente, el recordatorio de Steinsleger comienza con una cita del economista belga Eric Toussaint, en la cual éste pone a los Kirchner como modelo de patriotas que se rehúsan a pagar la deuda externa. Es curioso, porque el 2 de mayo de 2011 Toussaint participó en una audiencia pública en el Congreso argentino, donde se denunció al gobierno K por pretender pagar la deuda con el Club de París usando reservas del banco central y "estafar al pueblo" diciendo que el pago por adelantado al FMI de 9 mil 810 millones de dólares (efectuado en enero de 2006), más la negociación de una quita con los acreedores privados, había resuelto para siempre el problema de la deuda.

La verdad es que siguieron reconociendo hasta el endeudamiento contraído por los militares. Más allá de la deuda que permaneció en default, como la de los llamados "fondos buitres", los K pagaron 50 por ciento de intereses y fueron renegociando el otro 50 por ciento, con lo que se acumularon intereses sobre intereses, en un fenómeno usurero e ilegal que los jueces llaman "anatocismo".

Por si alguien tiene dudas, conviene citar lo que dijo Cristina Kirchner en una reunión con empresarios realizada en Nueva York el 27 de septiembre de 2010 y organizada por el Council of the Americas, que preside el filántropo David Rockefeller: "Es la primera vez desde que me entrevisto con empresarios que veo este cambio de actitud. Obviamente ha tenido que ver la restructuración de la deuda: cuando uno paga lo que debe te miran más lindo".

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