La soberana decisión de la República del Ecuador de conceder asilo diplomático a Julián Assange  ha provocado la ira de los gobernantes de  Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte manifestando la gran potencia que no permitirá  que Assange abandone aquel país, arguyendo sinrazones.

El presidente Correa, bien conocido por su conducta viril y ética les ha respondido como corresponde al representante de  una nación soberana que sabe serlo.

El asunto es de tanta gravedad que Latinoamérica y el Caribe  están dando la respuesta  que la gravedad del caso aconseja. Sin embargo, mi percepción, es que nada obligará a la que fuera gran potencia, a respetar las normas establecidas y universalmente aceptadas.

Nadie debe olvidar ahora que esta potencia, junto a la que fuera su colonia, agredieron  a Irak arguyendo mentiras hoy sobradamente probadas que ha costado a ese pueblo millones de muertos, heridos, desplazados y multimillonarias pérdidas, incluidas monumentos colosales a la cultura universal. ¿Alguien pudo impedirlo?

¿Qué están haciendo en Siria?  ¿Se podrá impedir una intervención al estilo de la que hicieron en Libia? ¿Qué hicieron en Libia con un gobernante que era su aliado en apariencia? ¿Por qué no han agredido a Irán?

En rigor, Estados Unidos de América es quien está detrás de la captura de Assange, y para ello cuenta con los servicios de su antigua metrópoli, como antes en muchas de sus desvergonzadas actuaciones. Ejemplos abundan.

En Estados Unidos de América, está detenido el soldado acusado de filtrar información sensible a WikiLeaks, Bradley Manning arrinconado en un calabozo en miniatura: 1, 8 x 2,4 metros. Allí debe permanecer 23 de las 24 horas  de sus horribles días donde padece castigos adicionales. De esta forma la gran potencia viola los derechos de un joven soldado norteamericano y le anuncia de forma  explicita a Assange: Si esto hacemos con Bradley porque suponemos te ayudó puedes imaginar lo que haremos contigo.

Lo expresé en un conocido foro cubano: Si se le autoriza, Julián Assange  deberá salir de la Embajada ecuatoriana en Londres bien escoltado por varios representantes diplomáticos. Si esa sede diplomática es asaltada él tiene que salir muerto, porque lo que tendrá que enfrentar después es peor que morir. Y morirá de todas formas. Pienso que las personas que están allí igualmente deberán defender, a cualquier precio el suelo ecuatoriano  porque conforme a las normas internacionales aquel pedacito de Londres es un pedacito de Ecuador. Y de Latinoamérica.

Es imprescindible que la potencia que atacó La Habana el 6 de junio de  1762 hace 250 años ahora, y recibió de los criollos habaneros un recibimiento adecuado, la que ocupó Las Malvinas en 1833, la que hundió al General Belgrano con centenares de jóvenes argentinos, la que militariza esas islas, la que llamó ladrona a la presidenta Cristina Fernández, la que se niega discutir con el gobierno argentino, sepa que si invade la sede diplomática ecuatoriana está emplazando a  Latinoamérica, el Caribe y todos los hombres honrados del mundo, porque  ver en calma un crimen es cometerlo, como sentenció el mas universal de los cubanos.

En este conflicto, que pudiera  durar meses, tenemos que denunciar a esa potencia que nos sigue considerando seres humanos inferiores, territorios de donde extraer materias primas y demás.

Nadie olvide que lo que nos robaron en siglos de coloniaje es una deuda  por saldar, que está cuantificada tanto en su monto económico como en los millones de víctimas que nos causaron. Son heridas que no han cicatrizado. Una agresión a Ecuador es, por extensión, una afrenta para la civilización.

 

 

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