Nada deseamos menos que obstaculizar la posibilidad de que la UP asuma el gobierno. Pero, a la vez, nos parece legítimo y necesario expresar nuestro pensamiento. Creemos útil abrir la discusión en un terreno elevado y fraternal, en el seno de la izquierda, discusión que sólo prepotencias y agresiones verbales de parte de otros podrán entregar, contra nuestra voluntad, municiones al enemigo.
Para ahorrar tiempo a la UP y preocupaciones excesivas a a la derecha y a la DC, desde ya dejamos establecido que lo que afirmamos no representa el pensamiento de toda la UP que nos dirigimos al pueblo, y que no somos “administradores” ni “tutores” de toda la izquierda.
- El Imperialismo y las Burguesías de América latina
La clase dominante en América latina está constituida por un complejo social y político que abarca las clases dominantes norteamericanas y a nuestras burguesías nativas, ligados estrechamente sus intereses económicos, militares y políticos. Existen contradicciones menores entre el imperialismo y las burguesías nacionales alrededor de la lucha por coger una mayor cuota de lo producido a través de la explotación de América latina. Pero siempre por encima de esas contradicciones prevalece el interés común en mantener el sistema de explotación y dominio sobre el que sustentan su poder y riqueza. Crecen las contradicciones entre la burguesía y el imperialismo toda vez que la cuota del botín de la explotación disminuye significativamente para uno de ellos; y cuando las masas en repliegue o estancadas en sus movilizaciones, no amenazan la supervivencia del sistema.
La burguesía latinoamericana se ha plantado en los últimos años disputarle al imperialismo una mayor cuota de participación en el excedente económico que cada país produce, lo que ha llevado a la denominada “ola de nacionalismo” en América latina. Se ha desarrollado en los distintos países, de acuerdo al estado en que se encuentre el movimiento de masas, y en la medida también del interés norteamericano en desviar sus inversiones de los sectores fundamentales extractivos hacia otros como la industria manufacturera. Expresiones de este proceso son los acuerdos de CECLA, el proceso peruano, al menos en sus orígenes, la pantomima de Bolivia, etc.
Los militares peruanos, por ejemplo, asumieron el gobierno, no en brazos de un ascenso de las movilizaciones de masas de este país, sino a partir de acuerdos de pasillos, permaneciendo las masas, al menos en los inicios, como espectadoras. En el Perú las masas no vivían un ascenso de sus movilizaciones; ello permitió a sectores de la burguesía hacer emerger contradicciones entre sus intereses y los norteamericanos, como también contradicciones entre distintas fracciones de la propia burguesía. (Sólo nos referimos a los orígenes y no a las posibilidades que puedan darse en el seno mismo del proceso peruano y entre las tendencias en desarrollo. Esta misma forma de análisis, en sentido inverso, permite explicar por qué no se aprecian intentos “nacionalistas” en Brasil, Uruguay o Argentina, y en alguna medida explica el aborto de la pantomima nacionalista boliviana.) En Chile hace por lo menos tres años que las movilizaciones de masas vienen en aumento y la mayoría electoral de Allende se dio justamente sobre la base de las mayores aspiraciones de los trabajadores. El triunfo electoral es para las masas un paso adelante en la defensa de sus intereses, y para ello miran los intereses de las clases dominantes, nacionales y extranjeras, que así, objetivamente, están amenazados. Por encima de los juegos tácticos de la representación política de la burguesía chilena, ésta buscará estrechar sus lazos con el imperialismo y hacer un frente común a las masas en ascenso que están detrás de la UP. No puede esperarse que sectores importantes de la burguesía puedan aliarse con la UP para desarrollar una política antimperialista.
- El Imperialismo y los Gobiernos reformistas en América latina
A pesar de ello el imperialismo se ha visto obligado, a veces, a aceptar gobiernos reformistas, donde a corto plazo no ha podido intervenir, por estar “amarrado” en enfrentamientos de mayor envergadura, como en el caso de México durante el gobierno de Lázaro Cárdenas, que nacionalizó el petróleo. También han logrado mayor duración gobiernos populistas como el de Sukarno en Indonesia y el de Nkrumah en Ghana. Distinto ha sido el caso cuando gobiernos de este corte se han dado en su traspatio colonial y han encontrado al imperialismo con las manos libres para intervenir. Intervino descaradamente en Guatemala en 1954, y lo hizo también para derrocar el gobierno reformista burgués de Goulart en Brasil, diez años después.
Actualmente, la agresividad del imperialismo a plano mundial se expresa en la extensión de la guerra en el sudeste asiático a Camboya y Laos, y en la agudización de la guerra en el Medio Oriente. En ambos frentes, a pesar de estar el imperialismo participando activamente, no se ha “atado de manos”. En el sudeste asiático la extensión de la guerra se hace a base de la “vietnamización”, que consiste en reemplazar a los soldados norteamericanos por tropas nativas a su servicio, y en el Medio Oriente sus intereses están representados por el ejército israelí. En América latina, actualmente el imperialismo también evidencia, de acuerdo con las burguesías nativas, un endurecimiento de su política, como lo demuestran las situaciones de Brasil, Argentina, Uruguay, Guatemala, Bolivia, etc.
A pesar de que los EE. UU. se ven obligados a veces a permitir distensiones locales y temporales en provincias de su imperio, no parece ser ésta, hoy en Chile, la variante más probable, por lo menos a largo plazo Ello no descarta que a poco o mediano plazo pueda darse una tolerancia temporal para un gobierno reformista de izquierda en Chile; es un hecho que desde el 4 de septiembre no se ha evidenciado una descarada intención de intervenir abiertamente, y no puede descartarse que los conflictos del sudeste asiático y del
Medio Oriente, que los problemas de “prestigio” del “decano” del “mundo libre”, y que el movimiento interno contra la guerra del Vietnam, limiten a EE. UU. en su accionar político por un corto período.
Cuestión distinta es confundir estas limitaciones coyunturales de la agresividad imperialista, con una tolerancia estratégica del imperialismo con el reformismo de izquierda en América latina y negar lo que es una evidencia histórica: o se entregan seguridades al capital norteamericano de por lo menos poder desplazar sus inversiones de un sector de la economía a otro, o los intereses norteamericanos son amenazados y a corto o mediano plazo desarrollará una política de intervención. Esto no exige la intervención directa, puede adoptar la forma de una agresión argentina o la de una activación de un enfrentamiento entre las clases dominantes y los trabajadores en Chile. (Son sugestivas las declaraciones de la SIP, el editorial del “New York Times” apoyando un golpe militar en Chile, etc.)
- Las causas del triunfo electoral de la UP
La división en dos candidaturas, no sólo correspondió a un error de cálculo de las clases dominantes sino que, ante el ascenso de las movilizaciones de masas, el crecimiento de la izquierda y el inicio de las acciones de la izquierda revolucionaria en Chile (y las de otros países como Brasil, Argentina, Uruguay y Bolivia), las clases medias se atemorizaron; y si bien en los inicios y hasta el final un sector de ellas buscó protección bajo el alero de los caudillos de la derecha, después un grueso sector de ella, antes que votar por un gobierno de derecha tradicional, que con certeza abriría el camino al desarrollo de una izquierda revolucionaria, prefirió votar por el demagógico populismo tomicista que ofrecía posibilidades de “paz y orden”. Ello permitió la significativa votación de Tomic que terminó favoreciendo a la UP frente al alessandrismo.
La agudización de la lucha de clases del último período también provocó fisuras en las Fuerzas Armadas y relativa pérdida de su tradicional monolitismo, lo que impidió a las clases dominantes utilizarlas para asegurarse el poder antes o inmediatamente después de las elecciones.
La mayoría electoral de la UP es expresión también de la madurez que las masas alcanzaron en sus movilizaciones del último período. Hoy grandes contingentes de masas aspiran al socialismo como sistema y su madurez les permitió resistir la enajenación de la propaganda capitalista, ejercida masivamente durante la campaña. No puede tampoco dejar de apreciarse que en la votación tomicista también hubo sectores de trabajadores que votaron por los aspectos populistas del programa de esa candidatura, lo que permitió a la UP contar desde el 4 de setiembre con un apoyo de sectores de las bases tomicistas.
- El significado histórico del triunfo electoral de la UP
Sostenemos que el triunfo electoral de la izquierda, constituye un inmenso avance en la lucha del pueblo por conquistar el poder y objetivamente favorece el desarrollo de un camino revolucionario en Chile, y por tanto favorece también a la izquierda revolucionaria.
- El alcance del triunfo electoral de la UP
La UP se esfuerza por ser gobierno a partir de la mayoría electoral obtenida. De acuerdo a las circunstancias que hoy prevalecen en Chile, ser gobierno de izquierda constituirá el hecho de ocupar los cargos públicos de Presidente, Ministros, etc., por miembros de la UP. Mientras el aparato del Estado, sus estructuras burocráticas y militares, permanezcan intactas, no podrá pasar de allí; seguirá siendo un instrumento de dominación y seguirá cumpliendo su rol de clase. Como dijera Lenin, quienes realmente gobiernan son la inmensa capa de funcionarios medios, tecnócratas, burócratas y militares de los ministerios, subsecretarías y corporaciones, etc., a los que sólo una revolución puede desplazar.
Que desde un “gobierno de izquierda” se pueda pasar a fases más avanzadas en el camino de la construcción del socialismo, depende de si se destruye o no el aparato del estado capitalista, de la participación efectiva que las masas tengan en el proceso, de la composición revolucionaria de las fuerzas políticas que conducen el proceso y de las medidas que se adopten en el terreno de la lucha contra el imperialismo y frente al capital financiero, industrial y agrario. Todo lo anterior si bien asegura la orientación revolucionaria del proceso, envuelve con certeza un enfrentamiento armado entre las clases dominantes y los trabajadores.
La meta, entonces, es la conquista del poder por los trabajadores, lo que exige la destrucción del Estado como instrumento de dominio de la burguesía, y poner todo el aparato estatal al servicio de los intereses de los trabajadores. Se busca el ejercicio efectivo del poder por los trabajadores mismos, sustentado sobre la base de la posesión de las armas por el pueblo, y por formas de poder local. Todo ello con el fin de que el capital extranjero sea nacionalizado, y para que loi bancos, fundos y fábricas sean de todo el pueblo.
- Las posibilidades del programa de la UP
Afirmamos que las medidas que el programa de la UP se propone no son absorbibles pasivamente por el sistema capitalista en Chile. En el terreno agrario creemos que es posible que sectores de la burguesía industrial coincidan en empujar medidas que impulsen una mayor industrialización de la producción agropecuaria, que por eso permita disminuir el coste de los salarios industriales, y que por otro lado eleve el nivel de vida de la población campesina y así la incorpore al mercado de la producción industrial, hoy estancada por falta de mercado interno. Pero no podrá permitir la expropiación de la mayor parte de las empresas agrícolas, sin recoger una buena indemnización, ya que los empresarios agrícolas son en gran parte los mismos, o pertenecientes a las mismas familias, de los empresarios industriales y los propietarios de los bancos.
La UP se propone nacionalizar el cobre, A raíz de las necesidades de consumo de cobre en el mundo y del alto precio alcanzado por el metal en el mercado mundial, fueron abiertas enormes fuentes de producción de cobre en el resto del mundo; esto sumado a que se asegura a largo plazo la sustitución del cobre por otros metales y la tendencia del capital norteamericano en América latina a desplazarse desde los sectores de inversión tradicional (en Chile fundamentalmente extractivos) hacia el área industrial manufacturera, financiera y comercial, hace que la importancia relativa de las inversiones norteamericanas en la gran minería del cobre chileno disminuya. A la vez no les interesa a los inversionistas norteamericanos perder las ganancias que a corto plazo les está rindiendo el cobre en la medida que el precio del metal siga en los altos niveles en que ha estado recientemente. Así. si se les asegura una “buena” indemnización, un plazo “prudente” y si se les abren las posibilidades de desplazar sus inversiones hacia otras áreas de la economía, como la industria manufacturera, no puede descartarse la posibilidad de que los inversionistas norteamericanos, y por tanto el Departamento de Estado, permitan este específico tipo de “nacionalización”. (Estas fueron las razones que explican la complaciente aceptación que le dieron a la “nacionalización pactada” del gobierno de Frei.)
Es distinto el caso de la llamada industria monopólica, que la UP se propone nacionalizar. En este sector de la economía están los intereses fundamentales del sector más dinámico y más importante de la burguesía chilena. Más aún, es hacia este sector donde se está desplazando la inversión norteamericana y, de acuerdo a las tendencias observadas en Chile y en el resto de América latina, es en este rubro de la economía desde donde la burguesía pretende continuar su desarrollo, asociada con capitales norteamericanos y orientada hacia la búsqueda de mercados externos a través de la formación de “mercados comunes” latinoamericanos o regionales. La aceptación de la nacionalización de este sector de la economía en forma pasiva por parte de las clases dominantes nacionales y extranjeras, cualquiera que sea la forma o el monto de la indemnización, parece más difícil pues cuestiona las bases económicas del capitalismo y del sistema de dominación imperialista.
Los bancos en Chile son propiedad también de los sectores más importantes de la burguesía y del imperialismo; consti tuyen el grado más alto en su desarrollo, la distribución del crédito a su tamaño es función económica que no cederán fácilmente y las ganancias que obtienen por la administración del crédito son de gran envergadura. Si bien puede convenirle a pequeños comerciantes, agricultores e industriales que el Estado administre racionalmente el crédito, la nacionalización de la banca implica herir poderosos intereses y no creemos que sea fácil realizarla con la aceptación pasiva de quienes estarían viendo cuestionadas las bases de sustentación de su poder y riqueza.
Por todo lo anterior creemos que como está formulado el programa de la UP, golpea algunos núcleos vitales del capitalismo como las empresas extranjeras, el capital financiero, el sector monopólico de la gran industria y el lati-fundido. Creemos también que si este programa es llevado a cabo, provocará una contraofensiva imperialista y burguesa que, sumada a las energías y aspiraciones que se librarán a nivel de masas, obligará a una rápida radicalización del proceso. Por ello, si bien el programa de la UP no es idéntico al nuestro, empujaremos y apoyaremos la realización de esas medidas.
Evidentemente, el curso que los acontecimientos tomarán en
relación con la aplicación de estas medidas, dependerá fundamentalmente de la forma que éstas adopten en los distintos rubros (expropiación, simple intervención, asociación estatal, control indirecto, etc.), de la extensión de las medidas (qué porcentaje de los bancos abarque, cuánto de la gran minería, qué se entienda por latifundio, qué se entienda por “monopolio industrial”, etc.), del plazo y de la secuencia en que estas medidas se lleven a cabo, de la forma de pago que se realice (en qué plazo, en dinero, convertible en dinero si es invertido en la industria, forma de avalúo, etc.) y a través de qué método se llevan a cabo (reforma constitucional, proyecto de ley, decreto del Ejecutivo, etc.). Todo esto no ha sido aclarado aún y al parecer es motivo de discusión entre las fuerzas que componen la UP y sus técnicos. Creemos que las anteriores cuestiones se resolverán más o menos radicalmente, según sea la fuerza política, social y militar con que se cuente al momento de asumir el gobierno y después.
- ¿Está cuestionada en lo fundamental la estrategia de la lucha armada?
Más aún, hemos sostenido que la lucha armada adoptará la forma de una guerra revolucionaria prolongada e irregular; y que no podrá tomar la forma de una insurrección popular que en pocas horas entregue el poder en forma definitiva a los trabajadores, pues a pesar de los retrocesos sufridos por el imperialismo en la guerra del Vietnam y de los avances de la Revolución Colonial en todo el mundo, el imperialismo es aún inmensamente poderoso en lo inmediato, como lo son también las clases dominantes nativas en la América latina. Sólo una forma de guerra irregular, que en su desarrollo político y militar vaya debilitando a las clases dominantes y fortaleciendo a los revolucionarios, puede ser exitosa en Chile.
Nada de lo fundamental de estas condiciones ha variado por el triunfo electoral de la UP: el enfrentamiento sólo ha sido postergado, y cuando se lleve a cabo, será más legítimo y tomará un carácter masivo, lo que hace hoy más vigente que nunca la estrategia de la lucha armada. A su vez mientras la correlación mundial de fuerzas no varíe fundamentalmente, la lucha definitiva por el poder habrá de tomar un carácter irregular y prolongado.
Evidentemente lo anterior no invalida el hecho que el triunfo electoral de la UP asegura desde ya modificaciones en la forma de inicio que adopte la lucha por el poder en Chile que puede ir desde un levantamiento popular, una guerra civil, a una guerra revolucionaria que desde el inicio cuente con enorme apoyo popular. Esto es fundamental y nos lleva a necesarias adecuaciones en las formas tácticas de lucha La acción directa (ejemplo caso “HELVETIA”), la movilización de masas por métodos revolucionarios (por ej., 26 de enero) y la lucha callejera no perderán vigencia mientras impere el sistema capitalista, mientras exista explotación y miseria en los campos y ciudades de Chile y mientras se desarrollen movilizaciones antipatronales entre los trabajadores. Es evidente que se harán necesarias adecuaciones de acuerdo al momento político que atraviesa el país, en cuanto a oportunidad, contenido, forma y envergadura de estas formas de lucha. Todas las tareas en este plano actualmente deben orientarse a la defensa del triunfo electoral de la izquierda y a la lucha contra las organizaciones de ultraderecha. Después, en los frentes de masas, la tarea será impulsar la realización del programa.
- ¿Fue errada en lo fundamental nuestra política electoral?
Desarrollamos esta política al repartir dinero expropiado en la Población 26 de Enero, en las acciones directas de “Helvetía” y “el Caucho”, en las movilizaciones de Sigdo-Kopers, Muebles Roma, Carbón y Textiles de Tomé, entre los pobladores en siete tomas de terrenos en Santiago, en las tomas de Concepción, Tomé, Coronel, Chillan y Los Angeles, en las movilizaciones campesinas de Chillan y Colchagua, en las corridas de cerco entre los mapuches de Cautín, entre los estudiantes secundarios y universitarios a lo largo del país. Esta política permitió un enorme desarrollo orgánico, el aumento de nuestra capacidad operativa y una influencia de masas significativa, cooperando también a la unidad política y combativa de los trabajadores.
En mayo también establecimos en general las diferencias que teníamos con el programa de la UP y nuestra crítica a ese frente político por su carácter puramente electoral y por estar allí fuerzas políticas que a nuestro juicio en gran medida representaban intereses de la burguesía.
A pesar de no desarrollar actividad electoral y no tener confianza en ese camino para la conquista efectiva del poder por los trabajadores, en los hechos reconocimos que Allende representaba a los trabajadores en el terreno electoral y que Alessandri y Tomic tenían la representación electoral de las clases dominantes y declaramos nuestro rechazo categórico a las candidaturas de Alessandri y Tomic; por ello no llamamos a la abstención a las masas y pusimos de palabra y de hecho nuestros nacientes aparatos armados al servicio de la lucha por la defensa de un eventual triunfo de izquierda y contra las conspiraciones de derecha, antes y después de la campaña. Seguimos creyendo que fue una política justa. En mayo de este año, sin descartar la posibilidad de un triunfo electoral de la izquierda, creíamos éste enormemente difícil, pues suponíamos que las clases dominantes se verían obligadas a retirar a uno de sus candidatos. En agosto de este año planteamos públicamente la mayor posibilidad de una victoria allendista en un manifiesto. Por todo esto creemos que en lo fundamental nuestra política frente a las elecciones presidenciales fue correcta y que nuestras previsiones frente al resultado electoral fueron bastante aproximadas a lo que ocurrió, dado el estrecho margen de votos.
La mala apreciación consistió en que sobrevaloramos la fortaleza político-táctica con que la derecha enfrentaría un triunfo electoral de la izquierda y subvaloramos la capacidad de maniobra táctica de la UP en caso de triunfar. Ello hizo que desarrolláramos nuestras actividades sobre la base de, o una derrota electoral de la UP, o de un triunfo electoral de la UP seguido a muy breve plazo por un enfrentamiento de clases, y no preveímos en profundidad la posibilidad de que la UP pudiera asumir el gobierno. Esto, que fue insuficiente como previsión, permitió al mismo tiempo desarrollar orgánica y políticamente las tarcas de la defensa de un triunfo electoral, cuestión que ha estado planteada hasta aquí como necesidad en el primer plano de la situación nacional, y que seguirá planteada por todo un período.
- Las limitaciones de un posible gobierno UP
Las posibilidades de la UP de modificar sustancialmente este marco legal limitante (por medio de modificaciones de la Constitución, de plebiscito, de disolución del Parlamento, etc.), son difíciles y están también inmersas en las mismas limitaciones institucionales. Más aún, como veremos más adelante, conscientes de esto es que son justamente estos aspectos limitantes, que definen las condiciones de “poder”, los que la Democracia Cristiana se ha decidido a asegurar en las negociaciones con la UP.
La UP al mismo tiempo obtuvo su mayoría electoral del aumento de las movilizaciones de las masas detrás de sus intereses. Fue en la mayor envergadura, madurez y combatividad de las aspiraciones del pueblo, donde Allende encontró la mayoría que le dio la victoria.
Por tanto, por encima de las limitaciones anteriores, pasada ya la euforia del triunfo, y habiendo asumido el gobierno, la UP tendrá que satisfacer los anhelos de las masas en lo concreto y a corto plazo. Más aún, en un plano más concreto tendrá también que hacerse cargo de una difícil situación económica en la que el endeudamiento externo asciende a más de 2.000 millones de dólares, que en su mayor parte corresponden a Instituciones crediticias norteamericanas, las que difícilmente le ofrecerán las facilidades que le ofrecieron a Frei en 1964. Tendrá que hacerse cargo del país con una baja lasa de crecimiento económico, con una producción agropecuaria e industrial disminuida, con una inflación que con seguridad este año sobrepasará el 40 % y con un apreciable aumento de la desocupación. Con esa situación económica no será fácil resolver los problemas de los trabajadores, no existiendo fuentes de capital de rápido acceso (las nacionalizaciones lo son sólo limitadamente, salvo que sean masivas y sin grandes indemnizaciones) y con las clases dominantes buscando sabotear la producción industrial y agropecuaria.
- La situación política inmediatamente posterior a las elecciones
Las Fuerzas Armadas, tradicional reserva de fuerza utilizada por las clases dominantes como última carta a jugar cuando sus intereses están amenazados, esta vez no estuvieron en condiciones de poder operar con facilidad. El “Tacnazo” cuestionó los mandos, rompió parte de la disciplina militar y en alguna medida politizó a la baja oficialidad, suboficialidad y tropa, las que no estuvieron dispuestas a obedecer ciegamente órdenes que las llevaran a irrumpir en el terreno de las decisiones políticas, sin antes someter aquellas decisiones a su propio juicio. Sin clima político, sin banderas, por lo menos de apariencia legítima, fue y será difícil arrastrar a los militares a un golpe de Estado. La composición de la UP, es causa de fortaleza y de debilidad. De debilidad en la medida en que tiene en su seno partidos que representan diferentes intereses de clase, ya que su base social de apoyo es heterogénea. De fortaleza en la medida en que las fuerzas políticas predominantes son de partidos de izquierda (PS y PC), en que su base social predominante es de obreros, campesinos y pobladores, y que en su seno existen también sectores revolucionarios. Hacia adelante habrá que esperar que los sectores revolucionarios y de izquierda predominen en las decisiones sobre los reformistas. La UP, por las características del proceso que le ofrece el camino al gobierno, basa su fuerza en la legitimidad del peso “de la tradición democrática de Chile”, en el clima político de “fairplay”, en la debilidad táctica de la derecha, en el movimiento de masas organizado y en las escasas movilizaciones de masas que hasta aquí ha impulsado. No tiene de su parte fuerza militar de ningún tipo de peso significativo. Esto hace que la UP, del punto de vista de la fuerza necesaria para imponer su derecho a gobernar, bajo las condiciones que considera necesarias, sea en lo esencial débil (dis tinto fue el caso de la Revolución Cubana, por ejemplo, que tenía el ejército rebelde y a las masas firmemente detrás de ella, y diferente es el caso del gobierno peruano, que contó con el ejército de su parte).
- Fortaleza y estrategia de las clases dominantes
Está intacto el Aparato del Estado, su Aparato militar y su cuerpo burocrático; están intactos todavía sus poderosos intereses económicos; la superestructura legal y jurídica del sistema no sólo está vigente sino que también está siendo aceptada por la UP; el imperialismo no está atado de manos y permanece fuerte y poderoso a la expectativa. No se dan por vencidos, y sus distintos sectores ensayan distintas estrategias que les permitan a corto y mediano plazo mantener su poder y riqueza.
Aún les quedan cartas légalos que jugar: siguen buscando cambiar el resultado en los colegios escrutadores y no abandonan la esperanza de impedir la elección de Allende en el Congreso Pleno. Puede presumirse que por este camino fracasarán, pero es un instrumento de presión útil para quienes negocian sus votos con la UP. La DC busca aceptar que Allende asuma, pero “amarrado” y condicionado; exige la mantención de las actuales Fuerzas Armadas, que no se les conceda derecho a voto, que se asegure el cauce legalista de los planes de la UP y que vigilen el cumplimiento de estos acuerdos las mismas Fuerzas Armadas; sabe que con ello ahoga un gobierno UP en una maraña de legalismos; lo mantiene amenazado con un golpe militar reaccionario y le impide resolver los problemas fundamentales del país y el pueblo. Al mismo tiempo se realizan atentados, se construyen nuevos movimientos políticos de derecha y se levantan nuevos liderazgos que a largo plazo buscan ser la base de apoyo de un golpe militar, a mediano plazo encabezan políticamente las maniobras de sabotaje económico y a corto plazo sirven objetivamente como elemento de presión en las exigencias de la DC a la UP (Patria y Libertad). El Departamento de Estado norteamericano manifiesta cautelosamente su opinión en distintas formas: primero fue la SIP la que alertó al mundo sobre “el peligro del comunismo”, después el “New York Times” pidió golpe militar, etc.; pero al mismo tiempo los norteamericanos afirman el principio de la no intervención en Chile a través de varios de sus periódicos y personeros Al parecer la estrategia predominante de la burguesía y el imperialismo consiste en permitir que Allende asuma, tratar de darle sólo unos meses de gobierno, “amarrarlo” en la maraña de legalismo vigente, vigilar el cumplimiento de esos “amarres” por las Fuerzas Armadas y así tener a la UP bajo la amenaza permanente de un golpe militar reaccionario, buscando así impedirle llevar a cabo sus planes fundamentales y resolver los problemas de las aspiraciones de las masas. Desencadenar al mismo tiempo la baja en la producción industrial, negarle la renegociación de la deuda externa, disminuir la siembra en los campos y de esta manera aumentar la inflación y la cesantía; se intenta desprestigiar así un gobierno UP y entonces, en base a los grupos de derecha creados en el Ínterin, arrastrar a las Fuerzas Armadas a “salvar la Patria”, e impedir “el desorden y el caos”; sólo entonces derribar a Allende, en circunstancias políticas más favorables para ella. Esta estrategia tiene la ventaja que le entrega tiempo a las clases dominantes para reagrupar sus fuerzas, alcanza a crear un clima propicio, y sobre todo, les permite intentar el desprestigio histórico de la salida política de “la izquierda” y el socialismo en Chile y en América latina, por un período significativo. Creemos que éste es el peligro fundamental en este momento, que debe alertarse a toda la izquierda y debe empujarse toda medida, hecho o política que contribuya a impedir el éxito de esta oscura estrategia.
- La situación actual y las perspectivas
Mientras se legitima el derecho de la DC a exigir garantías, mientras todo se haga depender del juego interno del PDC, mientras no se informe y movilice real y efectivamente al pueblo en todo el país a través de concentraciones y movilizaciones en contra de las agresiones del imperialismo y los momios, y lanzando reivindicaciones populares, etc., será difícil resistir presiones DC y momias. Mientras no se desarrolle en los hechos una política que tenga como primer objetivo ganar fuerza, las intenciones de la UP, que nadie pone en duda para ceder lo menos menos posible, la tarea será difícil. Objetivamente no pueden dejar de valorarse las actitudes del Presidente Electo de categórica reafirmación pública del programa, a la prensa y en concentraciones, ni algunos de sus combativos llamados a la movilización por la defensa del Triunfo. Más aún, los sectores revolucionarios que hay en el seno de la UP y las organizaciones de izquierda revolucionaria no pueden asumir el papel de observadores y críticos pasivos del proceso; su papel es emplearse en la movilización de trabajadores y estudiantes y probablemente la escasa movilización de las últimas semanas no sólo es de responsabilidad de la UP.
La composición de la UP, su debilidad relativa y la debilidad de los sectores revolucionarios, imponen al proceso dos posibles salidas: o la aceptación de las presiones democratacristianas y momias y el “amarre” del futuro gobierno; o la movilización efectiva de masas y desde allí la exigencia del derecho a gobernar, imponiendo sus condiciones, pasando o no por un enfrentamiento de clases. La Junta DC y la aceptación de la UP de constituir la Comisión exigida, permite presumir que Allende asumirá sin enfrentamiento previo. A pesar de ello, no puede descartarse que circunstancias difíciles de preveer provoquen un enfrentamiento previo (atentado a Allende, secuencia de atentados de ultraderecha, situación internacional, etc.). Más aún con la UP ya en el gobierno, incluso ya “amarrada”, no puede descartarse que medidas políticas o económicas, que en sí mismas no constituyan medidas radicales, puedan provocar una contraofensiva reaccionaria e imperialista, que sumada a las energías que se liberen a nivel de masas lleven al gobierno de la UP a apoyarse en el movimiento obrero y campesino, y desde allí se radicalice el proceso y se precipite un enfrentamiento históricamente significativo.
- Nuestra política
Actualmente muchas cuestiones fundamentales son aún interrogantes. Habremos de observar objetivamente el proceso, con el socialismo como única meta, entendiendo que nuestras posibilidades de apoyo u oposición a lo que la UP realice, no significarán desviaciones oportunistas nuestras en la medida que tenemos claros nuestros objetivos y nuestro camino. Por incorporarnos al proceso que la UP conduce, corremos el riesgo de ayudar a sepultar en el desprestigio el camino del socialismo en Chile y en América latina, si sus vacilaciones priman sobre sus avances y el proceso se frena. No obstante una oposición “purista” y ciega puede aislarnos de un proceso que, pasando por un enfrentamiento de clases históricamente significativo, pueda ser el inicio del camino al socialismo. En lo inmediato, pues, empujaremos desde ya aquellos aspectos que coincidan con nuestra política. Mantendremos nuestra estructura político-militar mientras impere el sistema capitalista en Chile y mientras el poder no haya sido efectivamente conquistado por los trabajadores, la defensa de cuyos intereses seguirá siendo nuestra única causa de existencia.
Secretariado Nacional Movimiento de Izquierda Revolucionaria (M.I.R.)































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