México frente a la Escoria Ladrona – Dignidad o capitulación frente al secuestro de México por las mafias político-empresariales (Descargar Libro)

 

Álvaro de Regil Castilla

Introducción:
El presente trabajo es la valoración de la realidad actual de México y constituye la secuencia de “El Asalto NeoCapitalista en México”, publicado en 2004.1 Es la extensión de una entre miles de contribuciones, desde todos los rincones del mundo, a la denuncia del más salvaje darwinismo social a nivel planetario, en este caso ejercido por los grandes centros de poder del capitalismo mundial en connivencia con las mafias oligárquicas mexicanas. Por desgracia, en el contexto global, los peores presagios de aquel ensayo se han cumplido con creces pues ahora vivimos en una verdadera barbarie en todo el orbe. El mercado ha sido impuesto por las buenas o las malas como una nueva religión y llevado hasta sus últimas consecuencias. Esto ha conducido al sistema-mundo-capitalista –evocando a Wallerstein– a una verdadera implosión que apenas comienza a mostrar su verdadero rostro depredador de la especie humana y del planeta.

Es dentro de este entorno que se visita de nuevo la situación de México para encontrar que aquí también los peores augurios se han cumplido. En el estudio anterior argumentaba que a menos que la muy atomizada sociedad civil arribase a la conclusión de que es preferible unir esfuerzos que mantener las enormes diferencias culturales, antagonismos y odios, la situación social llegaría a niveles de anomia difícilmente controlables. Esto traería costos muy considerables para todos los actores. Argumentaba que era imprescindible que las grandes mayorías –las clases proletarias, la población que todavía subsiste en el campo, las decenas de millones de hacinados urbanos abiertamente excluidos– así como también la cada vez más pequeña clase media, guardasen sus diferencias en favor de establecer un pacto social de salvación nacional para convocar a una verdadera y profunda reforma del Estado. Afirmaba que de no hacerlo el país estaría destinado a vivir bajo un intenso entorno de violencia y caos. Argüía, evocando el adagio de De Maistre que “cada país tiene el gobierno que se merece”. Consideraba que a no ser que la ciudadanía detuviese el presente asalto, México decantaría plenamente en un estado de postración social con una muy baja autoestima. Se esperaba, no obstante, que el adagio se cumpliese en sentido opuesto, con una ciudadanía en pleno movimiento que se cohesionase para ejercer su derecho a remover a quienes tienen al Estado secuestrado, para luego convocar a un nuevo pacto.

Hoy no hay duda de que en la sociedad mexicana nos encontramos en un estado de gran postración. Los gobiernos del mundo no son más que un reflejo de la dignidad, autoestima, y nivel de desarrollo político de su sociedad; y a pesar de la muy visible y creciente inquietud social, la apatía y el conformismo todavía dominan el espectro social mexicano, generando en consecuencia un pobrísimo nivel de gobierno y una nefasta convivencia.

Una sociedad no es digna de valorarse civilizada si no considera a todos sus miembros como iguales y exige los mismos derechos y responsabilidades para todos. En estricto sentido, partiendo de este postulado, actualmente no hay sociedad alguna en el mundo que sea plenamente civilizada. La cultura del darwinismo social, impuesta por el capitalismo más salvaje de la historia, reina en los cánones sociales de todo el sistemamundo- capitalista. A pesar de nuestra arrogancia, la realidad humana demuestra que la plena civilidad de las sociedades del mundo nunca ha existido a lo largo de la historia, porque nos encontramos siempre mucho más cerca de la barbarie que de la convivencia pacífica y armoniosa. Esta barbarie muestra su más descarnada materialización en las interminables guerras. Hoy sobran ejemplos que al intentar escudarse tras innumerables subterfugios intelectualmente insostenibles exhiben a la barbarie humana con creces. Huelga decir que esto es particularmente evidente en el caso de todas las naciones invasoras y agresoras que se encuentran involucradas en los varios conflictos de Oriente Próximo y Asia Central.

La realidad es que la tónica general desde la caída del muro de Berlín a los albores del Siglo XXI ha sido de creciente deterioro en los niveles de convivencia, justicia y civilidad en todo el mundo, sean economías desarrolladas o supuestamente en desarrollo. No en balde Fukuyama tuvo que retractarse2 de su muy arrogante e ingenuo calificativo de “Fin de la Historia”3 que le adjudicó al fin de siglo. Fukuyama había augurado el fin de las luchas ideológicas porque, según él, el neoliberalismo había “triunfado” como  pensamiento único, materializado emblemáticamente en la cultura estadounidense.

Para no desentonar, la realidad mexicana muestra un nivel de deterioro y retroceso deplorable en la convivencia social no visto desde la revolución de 1910. Desde el fin de la guerra civil de 1910-1917 hasta el tercer cuarto del siglo XX, México alcanzó sus mejores niveles de desarrollo social, soberanía –particularmente con relación a su inevitable vecindad con el hiperagresivo imperio estadounidense– y convivencia, y un liderazgo en el contexto Iberoamericano. En dramático contraste, en la actualidad México se sitúa a la zaga de Iberoamérica y continúa en franco retroceso. La anomia ha asentado sus reales con ferocidad en el territorio mexicano por la violenta y premeditada participación en primera línea del Estado mexicano en la actual debacle. Al desaparecer el bien público más elemental en el contrato social de toda sociedad que se precie de ser democrática: la garantía de un entorno de seguridad pública que proteja la integridad física de los ciudadanos, el Estado rompe el vínculo central de la convivencia social. Esto ha provocado un entorno de caos y violencia en el que el supuesto Estado es a su vez juez y parte, ya que mucha de la violencia imperante es desatada directamente por éste o provocada por sus políticas. El Estado de derecho ha quedado gravemente reducido a un nivel ínfimo como consecuencia directa de las acciones de gobierno, violadoras consuetudinarias del marco legal que debería regir las normas de convivencia, degradándolas y generando, en contraposición al Estado de derecho, un Estado de anomia. Así las cosas, al desdibujarse México entre el caos, con la pérdida virtual de su soberanía, sometido a los designios del imperio –por obra premeditada y perversa de los grupos oligárquicos que se han apoderado del Estado y que detentan el poder real en México– el país pierde virtualmente toda posibilidad de ser una nación viable, soberana y con futuro. El país se convierte así en un proyecto fallido cuyo futuro es ahora fácil presa de ominosos intereses extranjeros que gozan de la entusiasta connivencia de quienes lo han secuestrado.

Debe enfatizarse, no obstante, que el desesperanzado escenario no es sólo consecuencia directa de quienes se han apoderado del país, sino también producto directo de la falta de la reacción social necesaria para detener el saqueo y la entrega de esta nación. Parafraseando de nuevo a De Maistre, los gobiernos del mundo, democráticos o impuestos, no surgen por generación espontánea, sino como producto de la sociedad que representan, con todas sus aristas, complejidades, virtudes y defectos. Las reivindicaciones sociales ganadas por cada nación son producto de la lucha y el esfuerzo de muchos sectores, a menudo a través de muchas generaciones. El desarrollo real, el Estado de derecho, el respeto a los derechos humanos y a la Madre Tierra; la solidaridad social, el acceso al bienestar, materializado en una calidad de vida digna para todos, nunca se logra como acto magnánimo y altruista de un estadista convencido de salvar a su pueblo de las garras de los más bajos instintos de la humanidad. Se gana como consecuencia de las luchas sociales, de la autoestima y dignidad de un cuerpo social que se cohesiona, uniendo afinidades y eliminando diferencias con ánimo solidario, para construir un porvenir que genere el mayor grado posible de convivencia en paz y con bienestar.

En suma, se gana cuando se unen esfuerzos y se guardan diferencias para construir un entorno que genere el mayor grado de felicidad posible. Ante una situación de suyo extrema se esperaría una vasta oposición social de suficiente envergadura. Cabría esperar que cuando menos los excluidos de siempre –la mayor parte de la población, todos virtualmente despojados en las tres últimas décadas de sus de suyo magros haberes, tomaran la iniciativa rebasando a las mafias políticas, para detener el asalto al país, por mero instinto de supervivencia y de dignidad. Cabría esperar que tanta desigualdad y pavorosa injusticia provocase una reacción social sin precedente que movilizase a suficientes sectores sociales para despojar del poder por medios pacíficos y legítimos a las mafias secuestradoras, en pleno uso del derecho soberano del pueblo. Mas por desgracia esto no ha sucedido todavía.

Lo que provoca que la posibilidad de remoción se vuelva cada vez más compleja y peligrosa, conforme pasan los días, ante la previsible represión social de los poderes fácticos.

Durante el gobierno de Fox muy pronto se hizo evidente que México estaba destinado a derrumbarse como proyecto de país viable y próspero a menos que los grupos oligárquicos fuesen derrotados en el proceso electoral de 2006. Se requería que el nuevo gobierno cortara de tajo con las políticas de las últimas tres décadas y estableciera un nuevo paradigma de real democracia –con la sociedad como actor y creador de iniciativas en primera fila, centrado exclusivamente en la procuración del bienestar de la gente y el planeta.

Ahora sabemos que la masiva movilización social que emergió para remover del poder a esta oligarquía por la vía electoral no fue suficiente. Los poderes fácticos estaban preparados para mantenerse en el poder a toda costa, por los medios que fuera, incluyendo el fraude y la violación del proceso de manera por demás burda.

Así las cosas, México es ahora un país secuestrado por verdaderas mafias compuestas por un amplio espectro.

Éste va desde las tradicionales oligarquías político-empresariales –con los concesionarios de los medios masivos de comunicación y la mayor parte de la prensa enquistada en el núcleo de los poderes fácticos– hasta nuevos grupos de poder donde se conjuntan las tradicionales mafias de la política con “empresarios” del narcotráfico. Todos convergiendo en una simbiosis de intereses comunes que tienen al país secuestrado. El quehacer de estos grupos –a quienes denomino eufemísticamente la escoria ladrona en alusión a los “barones ladrones” de la edad dorada estadounidense de fines del siglo XIX– ha rebasado todos los límites conocidos de corrupción, de traición al país, de depredación y entrega de todos los recursos naturales y humanos, con tal de llevarse una tajada en la orgía explotadora del sistema–mundo–capitalista.

Falta ver si las grandes mayorías de ciudadanos mexicanos desposeídos y la individualista y siempre menguante clase media desactivan sus diferencias y se deciden, por  mero instinto de supervivencia, a tomar la iniciativa y detener el asalto de la escoria ladrona. El tiempo restante antes de que el país capitule es ya muy limitado. Es tal la emergencia –que adelante abordo en abundancia– que sólo una reacción que termine con el secuestro del país convocando a un paro nacional podrá impedir la capitulación de México como país viable. En efecto, la ciudadanía, sólo convocando al paro, en pleno uso de su prerrogativa –como único cuerpo soberano de la nación, para exigir la renuncia de los tres poderes de la unión y convocar a un proceso inédito de refundación republicana, podrá aspirar realmente a ser miembro de una nueva nación próspera, soberana, con clara identidad y digna ante el mundo entero.

El presente estudio valora el proceso de postración nacional abordando sus raíces exógenas y endógenas en un contexto global. Dicha valoración da sustento a la conclusión de la necesidad de un cambio radical que parta de la ciudadanía –el demos (el pueblo) – en contraposición a las mafias políticas. En la primera parte se realiza un recorrido histórico del capitalismo moderno –antecedente imprescindible para explicar la realidad actual– y se describe el entorno global que ha llevado a la implosión del sistema-mundo-capitalista, poniendo de relieve el contexto en que se ubica y toma lugar la actual crisis mexicana. En la segunda parte se describe la etapa de desarrollo oligárquico que antecede a la imposición del neoliberalismo así como el asalto neocapitalista que lo impuso en México. La tercera parte describe las acciones de mayor relevancia de las mafias oligárquicas que han decantado en el secuestro de una comunidad nacional de más de cien millones de seres humanos y en la virtual cancelación de México como proyecto de país. Debo enfatizar que esta valoración no pretende en absoluto hacer un análisis y recuento pormenorizado del impacto de las acciones de la escoria en cada uno de los ámbitos de la vida pública. No obstante, aunque se seleccionaron sólo algunos de los ámbitos de mayor relevancia e impacto en el porvenir de México, no debe quedar duda de que el accionar de las mafias oligárquicas sí ha impactado y está impactando de manera muy negativa todo el espectro de la cosa pública de este país. La última parte explora las luchas libertarias y las limitadas opciones que hoy tiene la sociedad para romper las cadenas que la tienen sometida a fungir como idílico centro operativo de explotación de los recursos humanos y naturales dentro del barbárico sistema-mundo-capitalista.

Descargar libro:

http://lahistoriadeldia.wordpress.com/2011/03/05/mexico-frente-a-la...

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Etiquetas: Historia, Latinoamérica, México, Política, Reflexiones

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