A lo largo de la historia los cubanos hemos albergado muchas razones para asumir el marxismo. Cuba es una nación con una historia muy rica, pletórica de hermosas tradiciones patrióticas e ideológicas, cuna de muchos hijos nobles que fueron capaces de asumir las luchas necesarias por su emancipación, con una continuidad histórica envidiable, los cuales nos legaron una ética inigualable.

 Desde los inicios del siglo pasado los revolucionarios encontramos en Martí la fuente originaria de formación ideológica. Desde el estudio de su obra hallamos el camino a las ideas de Marx, Engels y Lenin. Gracias a los puntos de articulación entre el Ideario Martiano y el Marxismo, logramos hacer realidad el Proyecto Nacional Liberador y Antimperialista y Cuba por primera vez fue libre, soberana y comenzó a edificar, por voluntad propia, una sociedad Socialista.

 Como parte de las campañas de descrédito del Socialismo y para escamotear la trascendencia de las posiciones socialistas actuales, mucho ha insistido el Imperio en tergiversar la figura y la obra de Martí, en relación a este tema, presentando argumentos inconsistentes, tomados de apreciaciones dudosas de hechos o frases aisladas y fuera de contextos.

 Es como si los señores imperialistas no supieran que para analizar con profundidad un momento de la historia, con el objetivo de derivar del mismo algunas experiencias para aplicar en el presente, es necesario que los hechos históricos y sus protagonistas sean estudiados teniendo en cuenta las condiciones de lugar y tiempo en que acaecieron o actuaron. En el caso de nuestro José Martí el tema se torna todavía más complejo, pues si alguien pretende utilizar una de sus citas y comete el error de no ubicarla en su tiempo y sus contextos, entonces deja de considerar el carácter evolutivo de su pensamiento.

 Martí fue un hombre de su tiempo y en eso radica su grandeza. En su época no solo fue guía de su pueblo, sino que fue capaz de anticipar el futuro del mismo, este que hoy vivimos.

 Si queremos hablar de él con respecto al Socialismo, lo primero que deberíamos hacer es preguntarnos: ¿Qué socialismo fue el que conoció?

 La revolución de 1868 incrementó las comunidades de emigrados cubanos, debido a las persecuciones del colonialismo español; esta circunstancia facilitó que decenas de intelectuales cubanos accedieran a un conocimiento más universal de las ideologías en debate. Hubo algunos que hasta disertaron sobre el Socialismo, que en aquella época ya se veía como una vía solución a los diversos problemas sociales.

 Las doctrinas en aquel entonces llamadas “Socialistas” defendían, como aspiraciones, ideales como la igualdad civil, la igualdad política y la igualdad económica, aunque es conocido que entre ellas existían corrientes anarquistas (Partidarios de la violencia y enemigos del estado), socialistas utópicas, científicas y socialdemocráticas. ¿Se imaginan todo eso dentro del mismo saco como conceptos comunes? Con razón el propio Martí advirtió andar con precauciones. Sabemos que a su paso por Madrid [1873-1875], y México [1875-1876] pudo escuchar a algunos propagandistas de este Socialismo.

 Martí estuvo siguiendo el tema Socialismo por artículos de los periódicos, leyó el libro: “El socialismo contemporáneo” del inglés John Rae y participó en un debate de las doctrinas anarquistas y socialistas.

 Refiere la historia que Martí pronunció un discurso el 15 de enero de 1893 en el Hardmann Hall de Nueva York donde tocó el tema del Socialismo en Cuba. Desafortunadamente no se conservó este discurso, pero lo que aparece en los apuntes del mismo dice que el héroe afirmó que el Socialismo era un factor de la independencia de Cuba.

 Los estudiosos del tema interpretan la aseveración como una imprescindible bienvenida a la lucha para todos los cubanos y una confirmación más de que la independencia nacional es una condición previa a la instauración de un Sistema Socialista.

 Martí en “La América”, de Nueva York, abril de 1884, refutó los furiosos ataques antisocialistas que el filósofo y sociólogo reaccionario Hebert Spencer publicara en el tratado: “La futura esclavitud”.Dice en su comentario el maestro que Spencer ve la futura esclavitud en el Socialismo, a manera de ciudadano griego que contaba poco con la gente baja. Seguidamente le acusa: “Quien no comulga en el altar de los hombres, es justamente desconocido por ellos”.

 Martí considera un absurdo la aseveración de Spencer sobre un estado que pudiera, por su acción dominante, imponer graves cargas a la masa trabajadora en provecho de los desocupados. Admite el daño que causaría que los pobres no tuvieran necesidad de trabajar para vivir por un exceso de benevolencia estatal, consciente de que no es posible la vida de la sociedad sin el trabajo, y apunta “que a eso jamás se podrá llegar”.

En aquel tratado Spencer continúa describiendo un cuadro tétrico de lo que sería el Estado Socialista y comienza a hablar de una casta de funcionarios omnímodos y parásitos. Es aquí donde plantea que los hombres pasarían de ser siervos de sí mismos a ser siervo del estado, como si estuviera muy abrumado por los pobres de la tierra. Estas son las palabras que los enemigos de la Revolución han estado poniendo siempre en boca de José Martí, cuando en realidad fueron dichas por el reaccionario inglés.

Sobre lo escrito en el párrafo anterior Martí arremete contra Spencer y dice: “Pero no señala con igual energía, al echar en cara a los páuperos su abandono e ignominia, los modos naturales de equilibrar la riqueza pública dividida con tal inhumanidad en Inglaterra, que ha de mantener en ira, desconsuelo y desesperación a seres humanos que se roen los puños de hambre en las mismas calles por donde pasan hoscos y erguidos otros seres humanos que con las rentas de un año de sus propiedades pueden cubrir toda Inglaterra de guineas (moneda inglesa)”, en justa respuesta ante los intentos del inglés de justificar las desigualdades sociales en este tratado y en su teoría del equilibrio.

 En estos comentarios de Martí, sobre este tratado de Spencer, es interesante también como el maestro, desde aquel entonces, fustiga ya “los juegos corruptores de la bolsa”, altar mayor del capitalismo. De manera clara, en este escrito, Martí opuso el cuadro real de las profundas diferencias de clases existentes, al falso cuadro del Estado Socialista que presentó Spencer.

 En un intercambio que tuvo con su amigo Fermín Valdés Domínguez, sobre las discusiones de las ideas Socialistas entre los independentistas radicados en Cayo Hueso, Martí alerta sobre los dos grandes peligros que él le ve a la idea Socialista: “el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas”, “y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombres en que alzarse, frenéticos y defensores de los desamparados”. Armando Hart sintetiza: “En la incultura y en la maldad humana estaban para el Apóstol los peligros que tenía la idea socialista…”.

 En cuanto al proyecto liberador Martiano debemos decir que era netamente popular, pues la revolución no podía concebirse por entonces bajo la dirección del proletariado, por el grado de desarrollo que este había alcanzado en Cuba. Su tarea era la de alcanzar la independencia. Es bueno recordar que no fue hasta 1905 que Lenin, luego de la experiencia Rusa, pudo plantear la hegemonía del proletariado en una Revolución Democrático-Burguesa.

 Aunque a Martí no le fue posible por tiempo, desentrañar la esencia última de un fenómeno que apenas se iniciaba, sí pudo alertar a los pueblos latinoamericanos del peligro imperial que sobre ellos se cernía, y lo hizo 22 años antes que Lenin.

 En medio de la Guerra Cultural Mundial, el inconfundible propósito imperial de hacer aparecer al marxismo como corriente destructora de nuestras tradiciones nacionales, adquiere nuevos matices en la medida que pretenden influir negativamente en el ser del cubano y propiciar la pérdida de su carácter nacional.

 Los revolucionarios de hoy tenemos el deber moral de continuar aprovechando la herencia del rico arsenal ideológico de las tradiciones progresistas nacionales en la elevación de la cultura del pueblo, para fortalecer el pensamiento social cubano y mantener los valores que hemos ido formando a lo largo de un siglo de luchas y victorias.

 

M.Sc. Jorge Morales Rodríguez

 

Fuentes de consulta:

  • Internet
  • Miranda Olivia: El marxismo en el ideal emancipador cubano durante la República neocolonial.
  • Cairo Ana: Un réquiem marxista para la revolución del 30. Álgebra y Política Pablo de la Torriente Brau.
  • Hart Armando: Hacia el socialismo del siglo XXI.
  •  Estrade Paul: Martí y el Socialismo Masónico.
  • Orta Ruiz Jesús: Objeciones de José Martí al antisocialismo de Heber Spencer.
  • Valdés Vivó Raúl: Martí es nuestro. Crisis sin salida del capitalismo.


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Etiquetas: Martí, Política, Socialismo

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