José Rosario Araujo

El General Miranda fue hombre de grandes pasiones y una de ellas fueron las exponentes del bello sexo, una gran cantidad de hermosas mujeres poblaron la vida de este insigne luchador por la libertad. Desde muy joven aparecen en sus escritos cartas de amores de sus amantes y para muchos es bien conocida la colección de nuestro paladín de la libertad.

En sus archivos aparecen cartas que van desde 1776 a 1778 en donde el gran Miranda se relaciona con dos damas que son:

"Pepa" Luque que la describe con un trato fresco y agradable, y María Teresa de la cual sólo se conoce el nombre.

En 1783 Miranda conoce a Susan Livingston familia de dos importantes hombres de la política norteamericana como lo fueron el canciller Livingston y Peter Livingston. La historia cuenta que nuestro héroe en su visita a Los Estados Unidos se relaciona con muchas mujeres pero ninguna es tan significativa como "mi querida Susan "como él la llama. Existe un cuadro pintado por Rebeca Martín que retrata al General con la bella norteamericana que se encuentra en el Consulado de Venezuela en Miami. Se comenta que el famoso casanova venezolano parte a Europa sin formalizar una relación con la bella rubia.

Cuatro años después existe una mujer que sería importante en la vida del quijote de la libertad y es la Emperatriz Catalina de Rusia o Catalina II. Cuando se conocen Miranda tiene 38 años y la mujer 58. En ese momento el caraqueño magnético y galante atrapa el gusto de Catalina II convirtiéndose en su favorito a tal grado que le autoriza a vestir un elegante uniforme del ejército ruso.

La benefactora de Miranda escribe a sus embajadores para que protejan a Miranda garantizándole así un acceso al mundo político europeo protegiéndolo del régimen español que lo quiere apresar.

En Francia nuestro Don Juan latino tendrá una relación tormentosa con Helen Marie Williams una intelectual refinada que junto a ella organizará un pequeño círculo literario. También pasará por la vida del General Miranda Delphine Sebrán, Marquesa de Custine, viuda del Conde Philippe. Esta hermosa fémina encanta al veterano militar con su piel de porcelana rosada, ojos azules y cabellera dorada, enciende su virilidad con la paz y la dulzura de una mujer complaciente. Pero con el tiempo Miranda tendrá un enemigo muy peligroso como lo fue José Fouche, ministro policial de la Revolución Francesa y de Napoleón por el amor de Delphine.

La historia narra la presencia en Francia en la vida del héroe de dos mujeres más, pero poco conocemos los entretelones de la relación con ellas, sólo sabemos que se llaman la viuda Phetion y Francisca una ama de llaves que compartió el lecho con Miranda en las pausas de sus trabajos domésticos.

Llega el año de 1800 y el infatigable Miranda logra formar familia con Sara Andrews con la cual tiene dos hijos, Francisco y Leandro, vive en la casa de Grafton Street en Londres. Sara es la protectora del hogar del General y gestora de muchas de las diligencias de su esposo.

Nueve años después ya casi sesentón Miranda conoce a Lady Stanhope, la Miranda femenina sobrina de Pitt, ella era una viajera incansable, llena de deseos de aventuras con un hermoso cuerpo que nada tenía que envidiarle a la Afrodita de la mitología, había viajado por toda Europa y planeaba hacer un viaje por los desiertos de los árabes, quería conocer las pirámides. Además impresionó al caraqueño al comulgar con la idea de la liberación de la América española.

Francisco de Miranda no solamente fue el quijote sin locura como lo denominó Napoleón Bonaparte sino que fue un don Juan caraqueño que no pudo vivir su vida sin la presencia de una hermosa mujer que le sirvió de descanso al guerrero que vivió consagrado a la búsqueda de una quimera llamada Libertad.

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