La mañana del 2 de mayo pasado cuando nos  disponíamos  a regresar a Santa Clara con Oscar, Negro Monzón y Aníbal Laggiglia este último repitió que antes de regresar teníamos que ir a la casa de Liborio Noval a entregarle el último libro de Alejandro Wall: ¡Academia carajo!

Para ser sincero no me resultó grato demorar la llegada a mi casa santaclareña, sin embargo, debía aceptar la demora por dos razones se trataba de un encargo de Ale en manos de Aníbal además. Este  llamó y le dijo que iba para allá. Así en singular.

Ya frente al modesto apartamento de Liborio el único que debía bajar era el Pibe Aníbal,  mas yo también bajé e igual hicieron Negro Monzón y Oscar. Aníbal hizo sonar el timbre y salió un hombrón alto, en ropa deportiva que al ver la invasión dijo:

-Pero me dijeron que era uno solo. Yo hice café sólo para uno.

Todos quedamos silenciosos y sin movernos lo escuchamos de nuevo decir con el mismo tono: Pasen no van a estar todo el tiempo ahí. Hago café otra vez. Entonces, mintiendo, lo convencimos de no querer café.

Nos sentamos en torno suyo y cinco minutos después estábamos tan alegres como si nos conociéramos de toda la vida. Era de unos resabios encantadores. Bueno si decir la verdad fuera un resabio.

No puedo precisar cuanto tiempo estuvimos conversando, haciéndole y haciéndonos  fotos con nuestras modestas cámaras, escuchándole hablar de su obra, pasiones, trabajos, planes. Nos detenía a la hora de irnos. Frente a su casa estuvimos tanto tiempo como dentro.

Y ahora me llama martinete desde Buenos Aires y me dice que Liborio ha fallecido. Como escribió Martínez Villena aunque la muerte es algo que diariamente ocurre no nos acostumbramos a ver partir un Hombre de las características de Liborio Noval. Aníbal le entregó el libro de Ale, lo leyó de seguro. En uno de sus mensajes electrónicos posteriores me contó sobre la mezcla de política, historia y fútbol lograda de manera exitosa por el autor.

Liborio ha dejado plasmadas en bellísimas fotos momentos estelares de la historia de este país, es un legado que los cubanos apreciamos mucho. Hasta hace poco estuvo expuesta parte de su obra en el Memorial José Martí de La Habana  de la que supe sólo por la prensa. Vivir en provincias tiene un alto costo en este sentido.

Liborio era un Caballero, aferrado a su Habana la disfrutaba al máximo, ahora la gran ciudad de todos los cubanos sufre una pérdida invaluable: Liborio ha ido a reunirse con su amigo Korda. En un supuesto e hipotético dialogó, bocanada de Habano de por medio Liborio le responderá a Korda: ¿La Habana? Como siempre. Yo sé que no es así. Ya no están ellos dos.

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