La situación de Honduras atrae la atención de buena parte del mundo: la OEA, el Grupo de Rio, la ALBA, todos se pronuncian. Los gringos intervienen con descaro. Todos analizan las circunstancias, los pronunciamientos abundan. Sin duda Honduras es una importante cátedra para los pueblos del mundo. Veamos.
Los hechos: Una madrugada el Presidente electo de esa nación es sacado en pijama de su casa, llevado a una base militar gringa y de allí en avión al extranjero. Se rompía así la legalidad, se dio un golpe de Estado.
Inmediatamente el pueblo hondureño se movilizó, salió a la calle a protestar y a retar a las fuerzas golpistas.
Hubo pronunciamientos de los organismos internacionales, intentos de Zelaya de volver a su país. Hasta el día de hoy que el depuesto Presidente se encuentra en la Embajada de Brasil, desde allí negocia con los golpistas, en un tira y encoge absurdo.
Más allá de la anécdota, de Honduras podemos sacar varias enseñanzas.
La primera enseñanza es que la legalidad oligarca sirve sólo para sustentar a un sistema oligarca, es legalidad para mantener a la sociedad dentro del sistema oligarca. Al menor asomo de independencia, cuando el gobierno se sale del cauce oligarca, nacional o internacional, entonces los mismos oligarcas rompen esa legalidad. A Zelaya lo tumban por no apoyar el cerco contra Chávez y la ALBA.
La segunda enseñanza es que cuando esa legalidad se rompe y el pueblo sale a la calle, es hora de instaurar otra legalidad, ahora revolucionaria, a partir de ese momento las masas actuantes sustituyen a las pasivas masas votantes.
La tercera gran enseñanza es que un pueblo en la calle necesita de organización y líderes dispuestos a dar el salto, a fundar una nueva legalidad. El pueblo solo, sin dirección, se desgasta, difumina sus esfuerzos, es atrapado nuevamente por la legalidad, la lógica de la oligarquía.
En resumen, un hecho revolucionario es una ruptura profunda con la legalidad, la cultura, la psiquis, y esa ruptura deben guiarlas los dirigentes. Cuando los dirigentes se quedan luchando dentro de la lógica y la cultura oligarca, nunca pueden producir los cambios que las sociedades reclaman.
Pase lo que pase de aquí en adelante, Zelaya quedó atrapado dentro de la lógica oligarca, y reafirmó el hecho histórico de que los dirigentes, cuando teniendo oportunidad para cambiar a su sociedad, cuando son llamados para lo grande, pero no dan el salto, no corren riesgos, ni se despeinan, entonces pasan a los olvidos de la historia sin pena ni gloria.
Otra gran enseñanza de Zelaya es que un líder, si pretende ser revolucionario, no puede actuar con el frío cálculo egoísta, pidiendo red de seguridad, tiene que restearse. La historia es benévola con los líderes que asumen riesgo, y no perdona, condena, a los que caminan con el salvavidas debajo del brazo.
Nuestra historia, desde Bolívar hasta Chávez, está llena de líderes que corrieron riesgos, y también poblada de la melancolía de los que no se atrevieron.
¡Chávez es Socialismo!


Fuente http://www.ungranodemaiz.blogspot.com/

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