Roberto Herrera El filósofo austriaco de origen judío, Karl Popper†, fue uno de los más encarnizados e infatigables críticos del marxismo, de los experimentos socialistas del siglo veinte y del tercer Reich Alemán; sociedades que él denominó como cerradas. En sus años mozos, Popper simpatizó con la teoría de Karl Marx  e incluso, fue también “comunista” durante ocho semanas. Le tocó vivir tres acontecimientos históricos que trascendieron las fronteras europeas: la coyuntura político-económica e ideológica europea, que dio origen a la primera guerra mundial, la que a su vez, influyó de manera determinante en el auge del movimiento revolucionario ruso dirigido por Lenin que desembocó en la revolución de octubre en 1917; el auge del nacional socialismo hitleriano en Alemania  y el periodo estalinista de la revolución  de octubre.

Como todos los seres humanos pensantes, Popper tampoco pudo escaparse a las leyes del desarrollo intelectual y emocional del resto de sus congéneres y en este sentido, se puede hablar del filósofo joven y del filósofo viejo. 

En su libro, “Las sociedades abiertas y sus enemigos”, escrito entre 1938 y 1945, Popper salda cuentas filosóficas fundamentalmente con Platón y Hegel, quienes salen bastante mal parados en esta contienda tan desigual, ya que no podían defenderse por sí mismos  de los ataques a quema ropa del austriaco. En el caso de Carlos Marx, Popper es más benevolente, cuando afirma y sostiene que el marxismo tiene un profundo valor humanista  y reconoce el valor histórico de su obra, de la franqueza y la honestidad de sus intenciones.[1]

¿Cuál es la crítica esencial del joven  filósofo Karl Popper a Carlos Marx?

Popper reconoció en un primer momento el carácter científico del marxismo, ya que Marx había pronosticado  que el desarrollo del capitalismo conduciría al crecimiento desproporcional de la pobreza en el mundo y que éste sería sustituido por un nuevo orden social, el socialismo, y que este cambio revolucionario ocurriría en los países tecnológicamente más desarrollados (Francia, Inglaterra y Alemania). Según Popper, al no cumplirse esta  profecía, la teoría marxista perdió su condición de ciencia, al considerar que no había cumplido con los requisitos metodológicos de la falsación[2], ya que la primera revolución social triunfó en un país feudal.

La tesis de Carlos Marx, expuesta en su obra maestra, El Capital, sostenía que el aumento de la productividad implica el aumento y concentración de la riqueza en pocas manos y, como consecuencia directa de este fenómeno inherente al desarrollo del capitalismo, el  crecimiento de la pobreza y la miseria.  A juicio de Popper, estas premisas se cumplieron solamente en los años del capitalismo despiadado en la Inglaterra de finales del siglo XIX.[3]

¿Qué posiciones sostuvo el viejo filósofo Karl Popper en relación al comunismo?

Karl Popper nunca escondió su aversión contra la filosofía marxista. La combatió, en su edad madura, desde la perspectiva del racionalismo crítico, siguiendo una marcada huella científica y racional en su crítica. En 1965 la reina Isabel II de Inglaterra, lo nombra caballero de la corona real. Convertido en un verdadero defensor de la sociedad de mercado y de las sociedades abiertas,  Popper se lanzó de lleno, como buen caballero del imperio, a una cruzada anticomunista y a criticar cualquier tendencia política que cuestionara el sistema económico. Su radicalización y enajenación político-social alcanzó limites extremos, a tal grado, que llegó incluso a considerar al partido político de los Verdes como enemigo de la democracia liberal. Con la caída de la Unión Soviética, Popper dio por confirmados todos sus argumentos en contra del marxismo y el comunismo.  

El 23 de marzo de 1992 el semanario alemán Der Spiegel[4], dos años antes de su muerte, publicó una entrevista con Karl Popper, en la que, a mi modo de ver, quedaron plasmadas las ideas ultraconservadoras que se habían anidado en la mente del filósofo racionalista  Karl Raimundo Popper:

“SPIEGEL: Ahora bien, la izquierda lamentaba, ya desde la época de Lenin, que la ideología de estado que se había impuesto con la dictadura de partido, tenía poco que ver con la teoría original de Carlos Marx, quien había apostado por la revolución proletaria en los países occidentales.”

“POPPER: Hay que decir lo siguiente: La locura comunista se basa fundamentalmente en que se ha demonizado  el llamado mundo capitalista.  Lo que Marx denominó como capitalismo jamás ha existido, tampoco nada parecido“.

“SPIEGEL: Perdón, así que el liberalismo de Manchester con todas sus míseras condiciones laborales no existió”.  

“POPPER: Ciertamente fue un periodo terriblemente duro para los obreros, pero también para otra gente.  Marx solamente se interesó por los trabajadores. Pero: Desde el punto de vista estrictamente histórico, a los trabajadores les va cada vez mejor, mientras que Marx sostuvo que la vida empeoraría y que a los obreros les iría cada vez peor”.  

“SPIEGEL: ¿Usted se refiere a la teoría de la pauperización?”

“POPPER: Si, y como esta teoría no se materializó, entonces se extrapoló a las colonias. Lo que ahora denominan el tercer mundo…”

“SPIEGEL: Entonces, según su convicción, actualmente vivimos en la mejor y más justa sociedad que jamás existió. Sin embargo, para erradicar el hambre en el tercer mundo y para detener la destrucción del medio ambiente la democracia liberar, al parecer, no tiene ninguna solución convincente que ofrecer.”

“POPPER: Nosotros estamos en condiciones de alimentar el mundo. El problema económico está resuelto…”

“SPIEGEL: ¿Pero usted no puede negar, que existe la miseria generalizada en muchas partes del tercer mundo?

“POPPER: No. Pero ese es un problema principalmente de la estupidez de los dirigentes políticos en esas naciones. Nosotros liberamos a esos estados demasiado rápido y de manera rudimentaria. No son estados de derecho. Lo mismo ocurriría si dejáramos un jardín infantil en sus propias manos.”

De aquel filósofo que en su momento sostuvo la validez del reduccionismo científico para encontrar las causas y explicaciones de un fenómeno cualquiera para su mejor comprensión[5], había quedado muy poco, casi nada.  ¿Por qué no aplicó él mismo este método científico para descubrir los orígenes de la hambruna en el tercer mundo?

El racionalismo crítico de antaño se redujo a la glorificación vana de los Estados Unidos, idealizándolo  como la meca de la libertad:”…yo he viajado por el mundo, pero en ningún lugar he respirado el aire más libre que en los Estados Unidos de América…”[6]   

Vale preguntarse: ¿En qué mundo vivió Karl R. Popper los últimos 30 años de su vida?  

El carro de la historia del capitalismo y de las democracias liberales parlamentarias  lo halan bípedos con anteojeras, quienes sujetados con el arnés ideológico desde casi más de 200 años están al servicio del Gran Capital y se han convertido en verdaderos animales de tiro. Los hay poetas, escritores, políticos, curas, guerrilleros arrepentidos, renegados y oportunistas.

Karl R. Popper era de la opinión, que no había que hacer profecías, pues el futuro no se puede predecir; pero al final de sus días, contradiciendo todos los  principios de abstinencia profética, comentó lo siguiente[7]: El marxismo ha muerto de marxismo, ciertamente desde hace muchos años. Sin embargo, me temo, que millones de marxistas en el Oriente y el Occidente se aferraran a él, como siempre lo han hecho.  Y la profecía le resultó cierta, pues a pesar de los errores y horrores cometidos en nombre del marxismo durante el estalinismo, polpotismo y otras desviaciones ideológicas, millones de marxistas seguimos sosteniendo que el capitalismo es el causante de los males que  están viviendo los pueblos  subdesarrollados y los pobres del capitalismo desarrollado. El capitalismo está muy lejos de ser una sociedad verdaderamente justa, en la que el pleno gozo de la libertad de autorealización como ser humano no sea el derecho de unos pocos privilegiados, sino de todos. No hay que ser profeta ni iluminado para darse cuenta que el capitalismo no es la solución. Las masas hambrientas del tercer mundo y el pueblo consciente  no necesitan los consejos de falsos Mesías, mucho menos de filósofos miopes, estén vivos o muertos.  



[1] K. Popper: Las Sociedades abiertas y sus enemigos. Tomo II. Capítulo 13: El determinismo sociológico de Marx.

[2] Karl R. Popper: Libro de lecturas. Teoría del conocimiento. Texto 8: Problemas  de demarcación entre ciencia y                                                                           pseudo-ciencia. Versión alemana.

[3] Las Sociedades abiertas y sus enemigos. Tomo II. Capítulo 20: El capitalismo y su destino.

[5] K.Popper: El Yo y su cerebro. Capitulo P1. 7. No hay nada nuevo bajo el sol. 1997

[6] K.Popper: La responsabilidad de vivir. Contra el cinismo. 1995

[7] K.Popper: La responsabilidad de vivir. El colapso del comunismo.1995

 

 

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