La crisis cubana de los misiles: el dilema

La crisis cubana de los misiles: De cómo EE.UU. jugó a la ruleta rusa con la guerra nuclear (Segunda Parte)

Por Noam Chomsky

Tomado de Guardian.co.uk

 

 

Kennedy y Jrushov llegaron a un acuerdo al que Fidel Castro se opuso y los EEUU no pudieron inspeccionar en tierra cubana el desmantelamiento de las bases

 

Un grave dilema

Los dirigentes se enfrentaron a un grave dilema: tenían en sus manos dos propuestas de Kruschev algo diferentes para terminar con la amenaza de una guerra catastrófica, y ambas serían recibidas por cualquier "hombre racional" como justas. ¿Cómo reaccionar entonces?

Una posibilidad podría haber sido la de suspirar aliviados porque la civilización sobreviviría, aceptar con entusiasmo ambas ofertas y anunciar que EE.UU. respetaría las leyes internacionales y eliminaría toda amenaza de invadir Cuba, así como retirar los misiles obsoletos de Turquía, procediendo tal como lo tenían planeado para llevar la amenaza contra la Unión Soviética a un grado superior, por supuesto, tan solo una parte del cerco global a Rusia. Pero eso era impensable.

La razón básica por la que no podría considerarse esa postura fue explicada por McGeorge Bundy, asesor de Seguridad Nacional, ex decano de Harvard, y reconocido como la estrella más brillante del firmamento de Camelot. El mundo debe comprender que "la amenaza actual contra la paz no está en Turquía, sino en Cuba", donde los misiles están apuntados contra nosotros. Una fuerza estadounidense de misiles, muy poderosa y apuntando a su enemigo soviético, más débil y vulnerable, no puede ser considerada de ninguna manera como una amenaza contra la paz, porque nosotros somos Buenos, como pueden dar testimonio mucha gente del hemisferio occidental y de más allá –entre muchos otros, las víctimas de la guerra terrorista que EE.UU. llevaba a cabo entonces contra Cuba, o aquellos afectados por la "campaña de odio" en el mundo árabe, que tanto desconcertó a Eisenhower (no así al Consejo de Seguridad Nacional, que lo explicaba claramente).

Y, por supuesto, la idea de que EE.UU. debía ser restringido por el derecho internacional era demasiado ridícula para ser considerada. Como lo explicó recientemente el respetado comentarista liberal Matthew Yglesias, "una de las muchas funciones del orden institucional internacional es precisamente el de legitimar el uso de la fuerza militar letal por las potencias occidentales" –es decir, EE.UU.–, de manera que sea "sorprendentemente ingenuo", y más aún, "tonto", sugerir que EE.UU. deba respetar el derecho internacional u otras condiciones que imponemos a los que carecen de poder: una declaración franca de presupuestos operacionales, dada por sobreentendida por el equipo de EXCOMM.

En una conversación subsiguiente, el presidente subrayó que estaríamos “en una posición desventajosa" si eligiéramos desencadenar una conflagración internacional al rechazar propuestas que los sobrevivientes considerarían razonables, si es que a alguien le hubiera importado. Esta postura "pragmática" representaba el nivel máximo en cuanto a consideraciones morales. En un análisis de documentos recientemente hecho públicos sobre la era del terror de Kennedy, Jorge Domínguez, un experto en América Latina de la Universidad de Harvard hizo notar lo siguiente:

"En solo una ocasión, en casi mil páginas de documentos, un funcionario de EE.UU. hizo una observación que se aproxime a una débil objeción moral con respecto al terrorismo patrocinado por el gobierno de EE.UU."

Un miembro del personal del Consejo de Seguridad Nacional sugirió que incursiones que son "incoherentes y matan a inocentes... pueden ocasionar reportes de prensa desfavorables en algunos países amigos". Las mismas actitudes predominan durante las discusiones internas cuando la crisis de los misiles, como cuando Robert Kennedy alertó que una invasión de gran escala en Cuba podría "matar a una gran cantidad de gente, y vamos a tener que responder a una gran reacción en contra". Y esto prevalece hasta el presente, con solo raras excepciones, como lo prueban documentos.

Sin el conocimiento público...

Podríamos haber estado "incluso en una peor situación" si el mundo hubiera sabido más acerca de las acciones de EE.UU. por entonces. Solo recientemente supimos que, seis meses antes de la crisis, EE.UU. había desplegado secretamente misiles en Okinawa, casi idénticos a los que Rusia envió posteriormente a Cuba. Los misiles seguramente apuntaban a China, en un momento en el que se habían incrementado las tensiones en la región. Okinawa sigue siendo una importante base militar ofensiva de EE.UU. a pesar del enconado desacuerdo de sus habitantes, que en este momento miran con preocupación las maniobras de los helicópteros V-22 Osprey, propensos a accidentes, en la base militar Fukenma, ubicada en el corazón de un área urbana densamente poblada.

En las deliberaciones posteriores, EE.UU. se comprometió a retirar los misiles obsoletos de Turquía, pero no lo declaró por escrito ni públicamente: era importante que pareciera que Kruschev había capitulado. Se dio una razón interesante, y fue aceptada como razonable por académicos y comentaristas. En palabras de Dobbs:

"Si hubiera parecido que EE.UU. estaba desmantelando sus bases unilateralmente, bajo presión de la Unión Soviética, la alianza (OTAN) podría haberse resquebrajado."

O, para decirlo de manera más precisa, si EE.UU. reemplazaba misiles inservibles con armas mucho más letales, como lo tenía planeado, en un intercambio con Rusia que cualquier "hombre racional" hubiera considerado justo, esto habría causado el resquebrajamiento de la OTAN. Lo que queda claro es que, cuando Rusia retiró el único obstáculo que protegía a Cuba de un ataque de EE.UU. en medio de la amenaza de invasión directa y se retiró de la escena, los cubanos se enfurecieron –como puede comprenderse. Pero esta es una comparación inaceptable por las razones normales: somos seres humanos realmente importantes, mientras que ellos son "no-gentes", usando la frase de Orwell.

Kennedy también hizo una promesa informal de no invadir Cuba, pero con condiciones: no solamente el retiro de los misiles sino también la terminación o, al menos, una “gran disminución” de cualquier presencia militar rusa. (A diferencia de Turquía, en la frontera con Rusia, donde ninguna medida de este tipo podía ser considerada.) Cuando Cuba deje de ser un "campo armado", entonces "probablemente no invadiremos", fueron las palabras del presidente. Agregó también que si Cuba esperaba librarse de una amenaza de invasión de EE.UU., debería terminar su "subversión política" (la frase pertenece a Stern) en América Latina.

La subversión política había sido un tema reiterado durante años invocado, por ejemplo, cuando Eisenhower derrocó al gobierno parlamentario de Guatemala y hundió al torturado país en un abismo en el que aún se encuentra. Y el tema siguió vigente durante las crueles guerras terroristas de Reagan en América Central en la década de 1980. La "subversión política" consistió en apoyar a los que se resisten a los ataques asesinos de EE.UU. y sus regímenes clientes, y a veces –horror de los horrores– hasta incluso proveer de armas a las víctimas.

Nota de Progreso Semanal: Para leer la primera parte de este artículo, ya publicado, pinche aquí.

http://progreso-semanal.com/ini/index.php/cuba/6124-la-crisis-cuban...

Vistas: 35

Comentario

¡Tienes que ser miembro de Blogueros y Corresponsales de la Revolución para agregar comentarios!

Únete a Blogueros y Corresponsales de la Revolución