¿La antesala de la revolución social pan-arábiga?

Roberto Herrera Pienso que para analizar objetivamente los acontecimientos que se han desarrollado en los países del Magreb, es necesario definir primeramente el término revolución.  ¿Se puede considerar como un acto revolucionario un cambio cualquiera en la sociedad, por radical que este sea? Sí, en dependencia del carácter y contenido del cambio.

Fidel Castro Ruz definió el primero de mayo del  2000 en la Plaza de la Revolución, lo que él entiende por REVOLUCIÓN: “…es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los demás como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del ámbito social y nacional; es defender valores en los que se cree al precio de cualquier sacrificio; …. Revolución es unidad, es independencia…”

Fidel está definiendo aquí, a mi entender, un proceso dialéctico de cambio radical que se lleva a cabo en la dimensión tiempo-espacio y que abarca todas las esferas de la sociedad. La revolución es, pues,  el camino largo y sinuoso que tiene como fin  la construcción de un nuevo orden social, así como la transformación dialéctica de la ideología heredada  del pasado. A mi juicio, este es el único camino revolucionario que conduce a la verdadera emancipación e independencia de los pueblos.

Más allá de las diferencias culturales y religiosas, que diferencian al universo árabe de otros pueblos, la realidad es que ninguno de los países pertenecientes a este conjunto se escapa a las leyes generales de desarrollo capitalista y a la contradicción fundamental de las relaciones capitalistas de producción: capital-trabajo

Con esta reflexión no niego la importancia, la necesidad y el valor histórico que tienen estos movimientos populares, los que probablemente seguirán brotando en un mediato futuro en el norte de África, no solamente por los efectos de la reacción en cadena provocada en los últimos meses, sino  fundamentalmente porque las masas populares han dicho basta. La versión árabe del capitalismo, tampoco resuelve los males endémicos que azotan esos países. Todo lo contrario, recrudece la expoliación y coarta las libertades más fundamentales. Una  consecuencia directa de esta crisis político-económica-social, es  la migración ilegal y masiva al continente europeo.  Entonces, ¿qué vía de desarrollo tomará el movimiento popular  tunecino y egipcio? Todo parece indicar, que lo primordial en esta primera etapa es restablecer el orden democrático-parlamentario y lograr un consenso entre las fuerzas políticas. Pero hay que estar conscientes, que mientras el poder militar esté en manos de las estructuras militares tradicionales, el régimen democrático  que resulte de las futuras elecciones, será un gobierno tutelado y en dependencia de la profundidad o superficialidad de las reformas constitucionales, así será el carácter y contenido del programa de gobierno. ¿Cambiará el futuro gobierno egipcio su política en relación al conflicto palestino-israelí?  

Los alzamientos de las masas populares, tanto en la República Tunecina  como en Egipto, podrían considerarse como etapas preliminares de un proceso revolucionario con carácter democrático pluralista. ¿Es posible que esta chispa iniciadora alcance otros pueblos árabes? Sí, es posible. No obstante, es demasiado temprano para creer que nos encontramos en la antesala  de la revolución social pan-arábiga.

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