Miercoles, 08 August 2012 18:27 Saul Landau

Visité Siria por primera vez en 2002, regresé en 2003 para hacer un filme y  realicé otras visitas en 2004 y 2006. Desde que comenzó el conflicto en el país  el año pasado, he seguido la situación en los medios de EE.UU., pero no he  podido reconocer la realidad de la que fui testigo. Gran parte de las noticias,  apoyadas por pronunciamientos de Washington, sonaban como una campaña de  relaciones públicas a favor de los “rebeldes”, el Ejército Sirio Libre.

Uno puede leer los reportes o ver los noticieros de TV y no tener la menor  idea que bajo los usuales llamados a favor de la democracia en Siria y los  ataques el régimen de Assad, se encuentra la verdad no expresada y estratégica:  Washington, Londres, París y las capitales  menores de Occidente, junto con Arabia Saudí y  Qatar, tienen a Irán en la mira, no al régimen dictatorial de Bashar al Assad.

Irán tiene un  programa nuclear que  podría producir armas con las cuales su voz resonaría más en la región. Uno no  lee que Washington había confiado previamente en Assad para que torturara a  ciertos prisioneros –después de enviar a esos hombres a Siria junto con las  preguntas que quería les hicieran los sacauñas de Assad. Washington también  aceptó la información de la inteligencia siria en relación con varios complots  contra instalaciones de EE.UU. en la región.

Miles han muerto en el conflicto de Siria, pero a Occidente y a sus aliados regionales no les importa eso ni la democracia. Si alguien piensa que Qatar y Arabia Saudí –regímenes que se distinguen por la autocracia y abusos de derechos humanos, mientras que arman y financian a los rebeldes de Siria para que derroquen a la dictadura alawita/chií -Partido Baath de Bashar al-Assad– están tratando de liberar al pueblo sirio, le sugiero que abra los ojos a la realidad.

Washington calla sus críticas de estos estados islamistas de derecha  mientras los califatos saudíes exportan la religión extremista y mantienen a  las mujeres bajo estricto control. En los reinados el poder proviene del  nacimiento, y no de las elecciones –en ese sentido, similar a Siria. Los  saudíes quieren extender su pernicioso veneno de la ideología islamista por  medio de los rebeldes salafi-wahabi en Siria. Debiera recordarse también la  manera en que la realeza saudí apoyó ardientemente al Talibán en la década de  1990.

Los adictos al 11/9 recordarán que 15 de los 19 asesinos del 11 de  septiembre de 2001 provenían de Arabia Saudí. En vez de bombardear  Ryadh bombardeamos Afganistán. Los saudíes  reprimen a su propia minoría chií de la misma manera en que desean ahora  destruir a la minoría alawita-chií de Siria. ¿Cree cualquiera que no esté en  Alicia en el País de las Maravillas que Arabia Saudí desea la democracia para  Siria?

Luego está la parte iraní de la historia de Siria. El partido-milicia chií  de Hezbollah apoya al Irán chií y asiste al régimen de Bashar al-Assad. Durante  30 años Hezbollah ha defendido  a los  oprimidos chiíes del sur del Líbano contra la agresión israelí. Se han  autoproclamado los defensores de los derechos palestinos en la Margen  Occidental y Gaza. Pero enfrentados al lento colapso de su despiadado aliado en  Siria han perdido el habla. No han pronunciado palabra acerca de las  violaciones y los asesinatos en masa de civiles sirios por los soldados de  Bashar y la milicia “Shabiha”.

Y tenemos a los héroes de Estados Unidos –la Clinton, el secretario de  Defensa Leon Panetta y el propio Obama. Clinton emite una “seria advertencia” a  Assad. Panetta –el mismo hombre que repitió a las últimas fuerzas de EE.UU. en  Irak y Afganistán esa vieja mentira del vínculo de Saddam con el 11/9– anuncia  que las cosas “están en una espiral sin control” en Siria. Han estado haciendo  eso al menos durante seis meses. ¿Se acaban de enterar?

Y entonces Obama nos dijo la pasada semana que “dado el arsenal de armas  nucleares del régimen, continuaremos dejando en claro a Assad… que el mundo  está vigilando”. Ahora bien, ¿no fue un periódico del condado Cork (Irlanda)  llamado The Skibbereen Eagle,  temeroso de los designios de Rusia para con China, el que declaró que estaba  “vigilando… al Zar de Rusia”? Ahora es el turno de Obama de enfatizar cuán poco  poder tiene él en los tremendos conflictos del mundo. ¡Cómo debe estar  temblando Bashar!

Y además está Iraq, quien nos debe estar tan agradecido. La semana pasada  sufrió en el mismo día 29 ataques con bombas en 19 ciudades que mataron a 111  civiles e hirieron a otros 235. El mismo día, el baño de sangre en Siria  consumió aproximadamente el mismo número de inocentes. Pero Iraq estaba en lo  “último de la página” alejado de Siria, enterrado “bajo el doblez” como decimos  los periodistas, porque, por supuesto, nosotros dimos a Iraq la libertad, la  democracia jeffersoniana, etc., etc. ¿No fue así? Así que esta carnicería al  este de Siria no tuvo el mismo impacto, ¿no es así? Nada de lo que hicimos en  2003 provocó el sufrimiento de Iraq, ¿no es cierto?

Y claro, estamos nosotros: nosotros mismos, estimados liberales que  acudimos rápidamente a las calles de Londres para protestar por el asesinato  israelí de los palestinos. Con toda razón, por supuesto.  Cuando nuestros líderes políticos condenan  tan alegremente a los árabes por su salvajismo, pero son demasiado tímidos para  pronunciar una palabra de la más suave crítica cuando el ejército israelí  comete crimines contra la humanidad –u observa cómo sus aliados lo hacen en  Líbano– la gente común tiene que recordar al mundo que no es tan tímida como  los políticos. Pero cuando la suma de muertos en Siria llega a 15 000 o 19 000  –quizás 14 veces el número de víctimas de las del salvaje ataque de Israel a  Gaza en 2008-2009– ni un  manifestante, a  no ser los expatriados sirios en el extranjero, sale a la calle a condenar  estos crímenes contra la humanidad. Los crímenes de Israel no han sido a esta  escala desde 1948. Correcta o incorrectamente, el mensaje que se envía es  sencillo: exigimos justicia y el derecho a la vida de los árabes sin son  asesinados por Occidente y sus aliados israelíes,  pero no cuando son asesinados por sus iguales  árabes.
  Y durante todo ese tiempo, nos olvidamos de la “gran” verdad. Que este  es  un intento por aplastar la dictadura  siria no debido a nuestro amor por los sirios o nuestro odio por nuestro  antiguo amigo Bashar al-Assad, ni debido a nuestra indignación por Rusia, cuyo  lugar en el panteón de los hipócritas queda claro cuando vemos su reacción ante  todos los pequeños Stalingrados por toda Siria.   No, todo esto es por Irán y nuestro deseo de aplastar a la República  Islámica y sus infernales planes nucleares –si es que existen– y no tienen nada  que ver con los derechos humanos o el derecho a la vida o a la muerte de los  bebés sirios.

Quelle horreur!

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