Haití: los hechos sí denuncian lo que es.

Norelys Morales Aguilera. Publicado en Cubahora.cu


Estamos en presencia de una guerra en Haití en nombre de la asistencia humanitaria. Si se hubieran visto a los primeros siete mil soldados norteamericanos y el contingente de las Naciones Unidas cargando a los muertos, removiendo escombros o alimentando a los haitianos, debíamos de agradecer, suponer que las personas pueden ponerse de acuerdo, solidarizarse, construir…

Si viéramos a los médicos de los ejércitos curar a los damnificados como si lo hicieran con sus heridos en guerra o que los buques llevaran maquinaria de construcción por algún puerto, entonces para algo bueno habría servido el entrenamiento militar.

Pero, los soldados están con armas y apuntando. Gases lacrimógenos y golpes para los nacionales de la Isla que piden trabajo en el aeropuerto Toussaint Louverture.

El presidente Barack Obama anunció ayuda "humanitaria" rodeado por su gabinete de guerra y los jefes de las incursiones en los Balcanes e Irak, B. Clinton y G. Bush, presiden la coordinación. El segundo es el chiste macabro al universo: aquel incapaz de socorrer a sus propios ciudadanos en Nueva Orleans y otros estados del Sur durante el huracán Katrina.

¿De los 100 millones anunciados cuánto invertirán en cada soldado por día y cuántos días van a estar? Imaginar solo un dólar cada botella de agua que consuman.

Los principales actores de la "operación humanitaria" de EEUU son el Departamento de Estado, el Departamento de Defensa y la Agencia de EEUU para el Desarrollo Internacional (USAID). Pero, no son las agencias gubernamentales civiles, como FEMA o USAID quienes están dirigiendo la operación anunciada "piadosa y compasiva", sino el Pentágono. Y la decisión de llevarla a cabo ha recaído en el Comando Sur.

Por su parte, citado por Global Research, un informe de la Fundación Heritage, (academia del neoconservadurismo), resume el contenido de la misión de Estados Unidos en Haití: " Para EEUU, el terremoto tiene implicaciones tanto humanitarias como de seguridad nacional, lo que requiere una respuesta rápida que no sólo tiene que ser audaz sino también decisiva, movilizando las capacidades civiles, del ejército y del gobierno tanto para el rescate a corto plazo y los esfuerzos de socorrer a las víctimas como para un programa de recuperación y reformas a largo plazo en Haití".

De modo que lo que solo debiera ser humanitario, los halcones de Washington lo han convertido en asunto de "seguridad nacional". Nadie debe ignorar lo que dicho concepto significa en términos de agresividad para América Latina: Cuarta Flota, Bases Militares, amenazas a Venezuela… y sobrevuelos por Cuba ¿por qué no?

Los hechos también indican que el caso haitiano ha generado un movimiento de solidaridad y comprensión hacia la pequeña nación del Caribe. Desde incontables estados y organizaciones sociales se ha desplegado la ayuda, ayuda que no está llegando cómo debe llegar a quienes la necesitan por el caos instalado y el colapso institucional.

La solidaridad debiera implicar también ayudar en la organización. Disposición existe, comenzando por su vecino más cercano que es República Dominicana seguidos de Venezuela y Cuba, de los primeros en llegar. Los 400 médicos y paramédicos cubanos que se encontraban en casi todas las regiones de la Isla fueron capaces de instalar hospitales de campaña con lo que había en ese instante, y en algunos, como el llamado Anexo, junto a los de otros países como España, México y Chile, entre otros y monjas han logrado la asistencia coordinada.

Las personas son capaces de interactuar y colaborar. Los haitianos no son la excepción. Pero, resulta que no es lo que está sucediendo.

Indigna observar a los soldados norteamericanos ocupando el Palacio Presidencial y a los pobladores implorando por agua.

Indigna ver la histeria de caos en los medios que conviene a una intervención. Habría que ver a los flemáticos de otras latitudes cuando la ayuda llega para los otros y no para los nativos. No son soldados lo que necesita Haití. Los soldados en son de guerra se justifican con la violencia.

Y, como cuentan Los Evangelios, además, los mercaderes están en el Templo.

Se ha difundido que en España los bancos están practicando la usura, cobrando comisiones que llegan en algunos casos al 70% por cada donativo que se ingresa en la cuenta solidaria creada para la ayuda a Haití. Si alguien dona 10 euros, algunos están cobrando hasta 7 por la operación.

Hay que denunciar ante un pronóstico apocalíptico porque sería el único modo de tomar el látigo, como hizo Jesús.

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