Cuando el Rey dice de él que “Fue una persona fundamental para la transición”; cuando Rajoy recuerda del mismo sujeto que “El destacado papel que desempeñó durante la Transición y su contribución al orden constitucional, al nuevo marco de convivencia y a un futuro común sin abandonar sus profundas convicciones, perdurarán como referente para la política española”; cuando Rubalcaba lo evoca con frases como “Carrillo está entre esos españoles clave para entender la transición”, cuando Felipe González lo solemniza así: "Fue uno de los hombres que facilitó el consenso de todas las fuerzas políticas en la Transición a la democracia, renunciando a posiciones maximalistas y propiciando el diálogo con todos" y cuando Cayo Lara lo despide destacando “su papel importantísimo en todo el proceso de transición democrática hasta llegar al periodo democrático" es indudable que ha muerto un traidor de la clase obrera que asesinó al movimiento comunista y obrero español.
Los herederos del fascismo y los demócratas burgueses, desde el PP hasta IU pasando por el PSOE, tienen sobradas razones para homenajear en su muerte a Carrillo, pues el presente periodo de represión laboral, sindical y de dominio del gran capital es una consecuencia de la Transición, en la que según afirman sus amigos, fue un protagonista destacado, pero los comunistas de verdad y el pueblo trabajador saben de la falsedad de esta afirmación.
Sin embargo, en algo llevan razón pues Carrillo, con su PCE, contribuyó de la manera más deshonrosa y criminal en atomizar y amansar al movimiento comunista y sindical para que hoy “gocemos” de una Constitución que consagra la Economía de Mercado (capitalismo), de que sigan presentes en la vida española, además de los herederos franquistas con calidad de impunes por sus crimines, la bandera, y el himno bajo cuyo amparo y sones murieron fusilados y asesinados centenares de miles de trabajadores y un ejército que, junto con la jerarquía eclesiástica, ni siquiera han tenido el talante de pedir perdón por su cruel comportamiento durante el periodo fascista.
A Carrillo se le debe la mayor felonía que se ha cometido en la historia moderna contra el proletariado de este país: la aniquilación del Partido Comunista, lo que Franco con su represión jamás pudo conseguir. Carrillo hizo de la persecución de los camaradas más combativos y honrados un arte, que perdura hasta hoy, tanto en el mismo partido como en CCOO. Es el momento de recordar y reivindicar nombres como el de Joan Comorera, Julián Grimau y tantos otros camaradas que heroicamente entregaron su vida por la causa del comunismo, todos ellos traicionados por Carrillo. Hacemos nuestras las palabras de Carmen Grimau, hija de Julián, “pero yo, hoy, en el día de la muerte de Santiago Carrillo, sólo veo el siluetado de los clandestinos que no pudieron regresar (…) y el rostro entumecido y los ojos negros de mi padre, Julián Grimau, esperando el tercer tiro de gracia que acabara con su vida. Porque hicieron falta tres tiros de gracia para matarle. Diferencia.”, y las hacemos nuestras porque ilustran con meridiana claridad el cómo los explotadores -enemigos del Proletariado- actúan contra los comunistas como Julián Grimau; todo lo contrario de lo que hacen con los oportunistas que traicionan a la clase obrera como Santiago Carrillo.
Y por si fuera poco, Carrillo lideró la avanzadilla más traidora que ha existido en el Movimiento Comunista Internacional, acaudillando la escisión y el debilitamiento de los revolucionarios.
Por todas estas razones, los antifascistas, los trabajadores y luchadores por una sociedad libre de explotación, no tenemos nada que celebrar con la muerte de Carrillo, salvo su desaparición de la palestra política. Ha muerto un traidor.
PARTIDO COMUNISTA OBRERO ESPAÑOL (PCOE)

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