En las elecciones legislativas realizadas ayer en Grecia se impuso como primera minoría (con casi 30 por ciento de los votos) el partido tradicional Nueva Democracia (derecha), el cual se inclina por mantener la aplicación de los draconianos planes de ajuste impuestos por la Unión Europea (UE) como condición para que ese país mediterráneo preserve su pertenencia a la zona euro. Se da por hecho que la formación triunfante y el Partido Socialista Panhelénico (Pasok), también promotor de la austeridad a rajatabla, unirán fuerzas en el parlamento (128 asientos del primero y 33 del segundo) para hacer valer el acuerdo firmado con la UE y el Fondo Monetario Internacional (FMI), que estipula la adopción de nuevos recortes al gasto social y sacrificios adicionales para la población en general.

Los sectores sociales que resistían las medidas económicas de choque vieron frustrada la esperanza de que Atenas renegociara los acuerdos referidos y adoptara una política económica heterodoxa para salir de la grave crisis en que se encuentra. La formación de izquierda Syriza, que ofrecía transitar por esta segunda vía, quedó en segundo lugar en los comicios, con poco más de 27 por ciento, y con ello pierde cualquier posibilidad de conformar un gobierno de corte soberanista y popular capaz de resistir las exigencias europeas y de los organismos financieros internacionales.

Para los grandes intereses políticos y corporativos mundiales, el resultado electoral griego es una buena noticia, en la medida en que constituyen un espaldarazo a las estrategias económicas que preconizan la liquidación del Estado de bienestar, transfieren los costos de la crisis a las poblaciones y concentran los esfuerzos multinacionales y nacionales en el rescate de las principales concentraciones de capital, como se ha visto con el paquete de protección recientemente adoptado por la Europa comunitaria para los bancos privados españoles. Las cifras de los comicios representaron un motivo de alivio, y hasta de júbilo, en la reunión del Grupo de los 20, en Los Cabos, Baja California Sur.

En cambio, para las mayorías europeas, la imposibilidad de Syriza de obtener una ventaja electoral que le permitiera intentar la formación de un gobierno constituye una señal de desesperanza, por cuanto perdieron la posibilidad política de rechazar el draconiano plan de austeridad prescrito por la UE para Grecia. Adicionalmente, el resultado deja al nuevo presidente francés, François Hollande –el único mandatario europeo que ha planteado la necesidad de enfrentar la recesión no sólo mediante recortes al gasto social, sino también por medio de la reactivación del mercado–, en una circunstancia de aislamiento en el contexto europeo.

No debe soslayarse el papel desempeñado en la elección de ayer en Grecia por el insistente mensaje –convertido en propaganda– acerca de una inminente catástrofe en caso de que Syriza obtuviera un caudal de sufragios que le permitiese formar gobierno y enfrentar las medidas recesivas impuestas a la nación helénica. Las apocalípticas amenazas formuladas por la Unión Europea al electorado griego constituyeron una suerte de chantaje y ayudaron a configurar un inequívoco voto del miedo.

En su mayor parte, la clase político-empresarial de la UE cree que los resultados comiciales en la nación helénica constituyen un factor de estabilidad económica y financiera para el viejo continente. Poco parece importarles que las medidas de devastación social –cuya aplicación parece ahora asegurada– terminarán por generar, más temprano que tarde, una severa inestabilidad social y política en un entorno continental de por sí inflamable.

http://www.jornada.unam.mx/2012/06/18/edito

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