Frente al cambio climático, ni caos ni desesperanza

Para cualquier ser humano sensible es angustioso ver cómo zona polares se deshielan, desplomarse ante sus ojos edificios por movimientos telúricos, al mar barrer con sus pertenencias,
agrietarse la tierra por la sequía, salinizarse los suelos y que los espacios
cultivables se transformen en infértiles.


Nadie puede negar que el panorama anterior está regido –de un modo u otro—por los efectos de los cambios climáticos, hoy por hoy una de las mayores preocupaciones que vive la
humanidad.


Hay fenómenos asociadas a variables climáticas que son irreconciliables, sin embargo, no todo está perdido. Si los habitantes del planeta, pero con los países ricos como Estados
Unidos a la cabeza, se disponen a dejar de agredir a la naturaleza con las
excesivas e intolerables cargas contaminantes, las perspectivas son otras.


Los pueblos y los gobernantes tienen, en primerísimo lugar, que ganar conciencia de lo ocurrido en Copenhague y la farsa montada por Estados Unidos y sus aliados, posiciones
irreconciliables con la verdadera vocación para frenar los cambios climáticos.


La amenaza de la elevación de los niveles del mar y de las temperaturas no resultan tesis engañosas. La humanidad comienza a percibir esos cambios que pone con los pelos de punta a
las personas más incólumes.


Cuba tiene una posición diáfana con respecto a cómo palear las consecuencias del cambio climático y no espera que se agraven los problemas para trabajar en ese sentido, aunque el
esfuerzo y las líneas de acción tienen un carácter globalizador.


Con tareas aisladas no podrán restablecerse los daños causados durante años por el hombre con su desmedida irracionalidad y las guerras que exacerban la agresividad al medio
ambiente.


Es un dilema de vida o muerte que no parece angustiar a los polos de poder en el mundo, pero a las consecuencias del cambio climático nadie escapa.


La Conferencia Mundial de los Pueblos sobre Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra que, después de dos días de sesiones de trabajo concluye hoy jueves en Cochabamba,
Bolivia, es una magnífica oportunidad para sensibilizar sobre la necesidad de
atajar a tiempo que desaparezcamos de la faz de la tierra.


Los movimientos y organizaciones sociales indígenas, científicas y de los pueblos tienen ante si un reto, de que los ricos y el resto del mundo reaccione urgentemente; quizás
mañana sea demasiado tarde.


Por los impactos negativos del medio ambiente, alrededor de 50 millones de personas emigran hacia sitios donde pueden vivir un poco mejor. De mantenerse la desenfrenada agresión a la
naturaleza los cálculos son escalofriantes hacia el 2050. Dentro de 40 años el
número habrá crecido en cuatro veces.


Con independencia de las apreciaciones de científicos y expertos que en el mundo siguen de cerca el fenómeno del cambio climático, al acceso de las personalidades políticas y de
aquellas que ejercen como centro de poder están las reflexiones del Líder
Histórico de la Revolución Fidel Castro, fuente inagotable de enseñanza en este
campo del saber.


La iniciativa de Bolivia de celebrar el 12 de octubre próximo un referendo mundial sobre medio ambiente y constituir un tribunal internacional que juzgue a los gobiernos y empresas que
atentan contra la vida en el planeta, constituyen fórmulas que pueden
condicionar el reforzamiento de la conciencia de la posibilidad real de evitar
la destrucción del planeta y convertirlo en un espacio de paz y armonía entre
los pueblos.


En esencia resultan las ideas esbozadas por el vicepresidente cubano Estaban Lazo, titular de la delegación a la conferencia con sede en
Bolivia. La línea de pensamiento suya es comprometer a los gobiernos del mundo
para que las negociaciones futuras ayuden a transitar hacia un modelo económico
sostenible.

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