Por Luis F. Abreu Elías

El arma más poderosa que sonó en el barrio Plan Bonito de Hormigueros, Puerto Rico, el 23 de septiembre de 2005, cuando un contingente militar del FBI, que incluía los especialistas matones, francotiradores, llamado Hostage Rescue Team y el SWAT, asesinó a nuestro Comandante Filiberto Ojeda Ríos, no fueron las balas (al menos 107) del FBI; fue la trompeta de Filiberto. No importa si tocó, justo antes de morir, la Suite de Las Américas de Pérez Prado, o Te doy una canción, de Silvio Rodríguez; el mensaje es el mismo; y resonará para siempre.
El designado para asesinarlo, se ha conocido fuera del FBI sólo por el seudónimo “Brian”.

Ese agente francotirador, como todos los francotiradores del FBI, están altamente entrenados para matar, sin fallar un solo disparo; que siempre debe ir dirigido a la cabeza de quien va a morir, pues la lesión que produce el mismo, incapacita totalmente a la persona de inmediato. Estos agentes sólo fallan tiros cuando no están viendo a la persona al momento de dispararle, o cuando sólo lo ubican en forma general, en un área, de donde salga sonido de su voz o de algún instrumento que toquen, o de una conversación que estén teniendo en ese momento.

Este Brian intentó matar a Filiberto mediante acciones afirmativas, al disparar, en al menos dos instantes distintos, un total de 6 balas. Una de esas ocasiones, es cuando dispara tres tiros desde abajo en el patio hacia la puerta de entrada al frente de la casa. Sobre esos disparos hasta el FBI reconoce que la vida de ningún agente corría peligro, y que los mismos eran ilegales. La OIG del FBI lo regaña por eso, que constituía dos delitos de tentativa de asesinato; y de haber muerto Filiberto y/o su esposa hubiese constituido asesinato en primer grado. Las balas pasaron a menos de 12 pulgadas de las cabezas de Filiberto y de Beatriz. Brian falló esos tiros porque no los veía; pues de verlos no hubiese fallado uno.

Esas balas iban dirigidas, a través de la puerta, hacia arriba, pensando en dos personas de pie de frente a la puerta para que las balas le dieran en la cabeza.

De acuerdo a versiones de dos policías estatales, adscritos entonces al grupo de matones del FBI, versión dada al jefe de los investigadores forenses del ELA, que investigaron el asesinato, al día siguiente de los hechos y en el mismo lugar, Filiberto tocaba la trompeta al momento en que le disparó Brian; en dirección hacia donde se oía la melodía que se tocaba. Las tres balas traspasan la nevera; y una de las balas se incrusta en el libro Las mil y una noches, la otra en una mesa, y la tercera se encontrará entre la espalda de Filiberto y el chaleco a prueba de balas que usaba.

El testimonio de estos dos policías es prueba suficiente para encausar por asesinato en primer grado a Brian y a sus coautores. Sume a eso el hecho de que un radio aficionado oyó cuando el FBI transmitió “No video, no pictures, Filiberto is dead.” Esto lo escucha a eso de las 7 de la noche. “No pictures, no video” quiere decir una de dos cosas; ‘lo matamos sin que se grabara video o se tomara fotos para que no haya prueba’, o era una orden de Washington para que se le matara sin grabarlo y sin tomar fotos; también para no dejar evidencia. (Salvando la abismal diferencia entre Filiberto y Bin Laden, cuando mataron a este último, la prensa americana reseñó, “No photos, no video, Bin Laden is dead”. Esta terminología es usual en el FBI).

La prueba del radio aficionado establece que el FBI sabía cuando Filiberto fue muerto, y ya sabían, desde que lo hirieron, que estaba herido e incapacitado, y es de gran valor en un juicio.
Este evento se dirigía desde Washington y se transmitía todo en tiempo real.

Me han preguntado por qué Filiberto tocaba la trompeta y qué melodía tocaba. Creo saber las respuestas a ambas interrogantes.

Por más de media hora, Filiberto, había conversado con el FBI (él desde dentro de su casa y ellos fuera) en lo que él creía que era una negociación, (luego el FBI aclaró que nunca fue su intención negociar) para entregarse frente al reportero Jesús Dávila, quien sería su testigo, de que se entregó desarmado y sano.

En una pausa después de esa conversación, cuando no están ocurriendo disparos, es que Filiberto, conocedor de los mensajes revolucionarios y de su importancia para la historia, y pensando quizás, que durante esa tregua no le dispararían, o si le disparaban y lo mataban, su trompeta sería la prueba de que en ese momento estaba desarmado, y que fue asesinado, empezó a tocar la misma.

Tocando la trompeta era además el mecanismo mediante el cual, como buen revolucionario, le diría a su gente y al mundo, que no le temía a la muerte y mucho menos al FBI que tanto le temía a él. Y eso, en un momento en que el balance de fuerza era inmenso en su contra. Además, su mensaje era “estoy tranquilo, seguiré tocando, me paseo entre las sombras de la muerte sin temor”.

A fin de cuentas, Filiberto conocía muy bien la canción de Silvio Rodríguez, Te doy una canción, la cual había tocado muchas veces en Plan Bonito, y que quizás tocó el fatídico día 23 de septiembre de 2005. Desde allí, aún hoy, escucho la Trompeta entonar:

“Si miro un poco afuera me detengo
La ciudad se derrumba y yo cantando,
la gente que me odia y que me quiere
no me va a perdonar que me distraiga.
Creen que lo digo todo
Que me juego la vida
Porque no te (léase en su caso: me) conocen
Ni te (me) sienten.

Te doy una canción
Y hago un discurso
Sobre mi derecho a hablar.
Te doy una canción
con mis dos manos
con las mismas de matar.
Te doy una canción,
Y digo PATRIA.
Y sigo hablando para ti,
Te doy una canción
como un disparo, como un libro
una palabra, una guerrilla,
Como doy el amor.

Filiberto, oigo aún tu trompeta, que repite tu canción, que quizás anunció entonces, tu inminente muerte física, pero que también expresa como dabas tu inmenso amor por Puerto Rico, y por su gente. Filiberto, oigo tu trompeta que defendió el derecho de Puerto Rico a hablar, sin que el Congreso de Estados Unidos, su Presidente y su gobierno, nos dijeran qué podemos hablar, qué podemos decir.

Filiberto, tu trompeta sonó y con ella sonó, y seguirá sonando nuestra PATRIA y tu canción será como un disparo, como un libro, una palabra, una guerrilla; en fin como dabas el amor. Y fue tu trompeta el más importante disparo que resonó en Plan Bonito.

Filiberto, nos regalaste una canción, la de tu vida, y ésta sigue y seguirá sonando, porque ya no podrán matarte, ni silenciarte jamás. En fin, nos queda tu canción.

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Etiquetas: ''filiberto, ''puerto, asesinato, fbi, macheteros, ojeda, rico'', ríos'', trompeta

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