“Fidel no es el ´santo de nuestra devoción´, pero…”

Para las clases dominantes y para el imperialismo mundial Fidel Castro fue, es y será una piedra en sus zapatos, como lo han sido decenas de hombres y mujeres que han entregado sus vidas por la causa de los pobres, en todo el mundo. Tanto lo mataron a Fidel que se volvió eterno.

 

Escribe:

Cristóbal Rodríguez Guerra

Cristobalrodriguez1@hotmail.com

 

Quito, 19 de octubre de 2012.- “¡Asaltaron el Cuartel Moncada!, ¡Asaltaron el Cuartel Moncada!, ¡Asaltaron el Cuartel Moncada!...”, se escuchaba decir por parte de los locutores de las radio asentadas en la “isla que endulza al mundo”: Cuba. Y, lo imposible se hacía realidad, un pueblo en armas salido de las montañas, de Sierra Maestra,  venidos de todas partes, barbudos, “contados con los dedos de una mano”, con una mochila que destilaba hambre de justicia, con unas mentes lúcidas producto de sus ideales revolucionarios y de amor a su patria, convertida hasta ese 31 de diciembre de 1959, en un cabaret de los Estados Unidos de Norteamérica, insurgían en la parte trasera del “mundo civilizado”.

“La tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa. Y sin embargo, queda mucho por hacer todavía. No nos engañamos creyendo que en lo adelante todo será fácil; quizás en lo adelante todo sea más difícil. Decir la verdad es el primer deber de todo revolucionario. Engañar al pueblo, despertarle engañosas ilusiones, siempre traería las peores consecuencias, y estimo que al pueblo hay que alertarlo contra el exceso de optimismo”, fueron las primeras declaraciones de Fidel Castro Ruz, tras tomar el control de Cuba, por medio de las armas y luego de varios intentos fallidos.

Hoy, luego de medio siglo de haber evadido decenas de informaciones asegurando que Fidel a muerto y  de 638 intentos de asesinato por parte del imperialismo norteamericano y sus lacayos, entre ellos los conocidos “gusanos” cubanos que residen en Miami y que prefirieron quedarse en su condición de serviles antes que cultivar la dignidad en libertad consciente, como lo viene haciendo la mayoría del pueblo cubano, héroe universal, Fidel, al perecer, se encuentra librando una nueva batalla, batalla que por su avanzada edad y sus múltiples complicaciones a su salud, sólo esperaríamos que sus días finales sean llenos de reconocimientos, gratitud y muestras de cariño.

Fidel ha ganado todas las batallas, principalmente aquella que fue dada con el ejemplo de revolucionario incólume, incondicional a favor del pueblo de la isla caribeña y de todo el mundo, porque su lucha allende de sus fronteras.

Independientemente de que hayamos estado o no de acuerdo con su política guerrillerista, en este mundo donde, al parece, la historia de la humanidad es la historia de las guerras, Fidel junto al Che Guevara fueron los hombres más destacado en esta “aventura” por conseguir el poder a través de la lucha armada, una de las pocas que ha tenido éxito, como la revolución sandinista de Nicaragua, pero que fuera perdida a través del juego democrático burgués.

Hoy los sandinistas han retomado el poder por la misma vía democrática burguesa, esperando que su proceso siga radicalizándose como lo viene haciendo Venezuela con el comandante Hugo Chávez, seguido muy de cerca por Evo Morales, Rafael Correa, José Mujica, Cristina Fernández, presidentes de Bolivia, Ecuador, Uruguay y Argentina respectivamente, amén de otros países como Brasil que esperamos sigan rumbos socialistas.

Fidel no es el “santo de nuestra devoción”, porque jamás estaremos de acuerdo con la lucha armada como el proceso único para la conquista del poder. “Gracias” a este método guerrillero miles de jóvenes sucumbieron en el intento, entregaron su vida con valor, con heroísmo, sin un ápice de cobardía; pero, creemos que vivos habría sido mucho más útiles en esta guerra de clases que vive el planeta; vivos como Daniel Ortega, como José Mujica, como Dilma Rouseff, como muchos guerrilleros que, en buena hora, las circunstancias de la vida no les dio tiempo a ofrendar sus vidas.

No es el santo de nuestra devoción, pero, respetando sus métodos, cuanto bien ha hecho al pueblo cubano, al pueblo latinoamericano, a los pueblos pobres del mundo entero que vieron a Cuba como un referente a seguir, porque su dignidad no tiene precio y los 53 años de bloqueo económico no le ha servido al imperio para doblegarles.

Fidel Castro ya está en la palestra de los grades hombres y mujeres, por nombrar algunos: Carlos Marx (Alemania), Federico Engels (Alemán), Vladímir Ilich Lenin (Rusia: en ruso: Владимир Ильич Ленин), León Trotsky (Rusia), Eloy Alfaro (Ecuador), Farabundo Martí (El Salvador), Tupac Amarú (Perú), Simón Bolívar (Venezuela), Manuela Sáez (Ecuador), Emiliano Zapata (México), Augusto Cesar Sandíno (Nicaragua), Carlos Fonseca (Nicaragua), José Martí (Cuba), Ernesto Ché Guevara (Argentina), Pancho Villa (México), Cacique Diriangén (Nicaragua), Salvador Allende (Chile), Manuel Marulanda Vélez (Colombia), Subcomandante Marcos (México).

Fidel, como el Che y otros insignes revolucionarios jamás morirán, porque como bien se preguntaría Eduardo Galeano ¿Por qué será que el Che tiene esta peligrosa costumbre de seguir naciendo? Y, nada raro en Fidel, quien los medios de comunicación mercantilistas lo han venido matando por decenas de ocasiones. Tanto lo mataron a Fidel que se volvió eterno.

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