José Rosario Araujo

 

La América es sacudida por vientos de cambio, nuestro continente en estos últimos 10 años ha cambiado de una manera definitiva enrumbándose a un futuro en donde por fin el pueblo será protagonista de su propio destino. Venezuela, Ecuador Bolivia, Brasil, Argentina, Paraguay se unen a la Cuba Revolucionaria en la búsqueda de una gobierno interesado en la felicidad de las mayorías y no de una elite como por siglos se vivió.

Grandes hombre poblaron esa América irreverente, Guaicaipuro, Tamanaco, Tupac Amaru,  Bolívar, Sucre, San Martin, Zamora, Zapata, José Martí, Sandino,  Villa, el Che, Camilo, Allende y mucho más que con su sacrificio, con sus vidas trataron de cambiar a nuestro continente asolado por el imperialismo.

Farabundo Martí es ejemplo de lucha y de sacrificio, de entrega de su vida con gran desprendimiento. Nacido en Teotepeque, en el Salvador este revolucionario perteneciente a una familia de clase media conoció el dolor de los más desposeídos. Tuvo una educación importante pudiéndose graduar de Bachiller en Ciencias y en Letras en el Colegio Salesiano, entro a la Universidad Nacional a cursar estudios de Jurisprudencia y Ciencias Sociales.

En ese recinto se consagro a las luchas revolucionarias estudiantiles, pero sus aspiraciones de convertirse en un luchador social lo hacen apartarse de sus estudios y es encarcelado varias veces para acallar su voz  rebelde. En apoyo a un grupo de estudiantes de Guatemala que demandaban el fin de la dictadura de Estrada Cabrera es detenido y expulsado del país. La policía no había podido aguantar más las críticas que desde un discurso valiente y revolucionario dirigía Farabundo en contra de la dinastía de los Melendez Quiñones que llevaban en el poder en el Salvador por más de 14 años, se dirige a Guatemala en donde conoce el sufrimiento de la clase obrera trabajando en las azucareras y como albañil. Comparte con los indígenas en una población donde la mayoría de sus habitantes son de raza Quiche.

Farabundo no solo era un hombre de acción sino como intelectual se dedicaba a enseñarle marxismo a  los trabajadores. Es denunciado por los dueños de las plantaciones y decide viajar a México donde se convierte en un estudioso de la Revolución agrarista de 1910.

Es invitado a Guatemala por los jóvenes del Partido Comunista Centro americano teniendo el cargo de Secretario del Exterior   y desde ahí propone la creación de la idea de la Unión de Centro América que reunirá extensos sectores tanto de Guatemala como de los países del Istmo. Contando con un número de más de 30000 personas  el día 4 de marzo de 1920.

El 9 de abril la Asamblea decide suspender al tirano Manuel Estrada Cabrera que hace una resistencia armada. Martí colabora fusil en mano en el derrocamiento de dictador que es sucedido por el diputado Carlos Herrera y luego por el General José María Orellana que ordena la detención  de los extranjeros residentes, el revolucionario salvadoreño es expulsado al Salvador y de ahí a Nicaragua hasta que regresa clandestinamente a su país.

El Salvador estaba pasando una temporada de tensión política, en ese tiempo se produce la matanza de un grupo de mujeres que estaban a favor del doctor Miguel Tomás Molina conteniente del doctor Alfonso Quiñonez Molina, vinculado al nepotismo por fuertes lazos políticos y a la oligarquía por su matrimonio con una hermana de los dos ex-presidentes Meléndez, quienes se habían venido turnando en el poder.

Gana Quiñones las elecciones y el comunista Martí se encuentra en Nicaragua desde donde se traslada hacia su tierra natal desde donde organiza a la Federación Regional de Trabajadores del Salvador desde el año de 1925 hasta 1928.

Ese año toma contacto en Nueva York con la Línea Antiimperialista de las Américas que le indica ponerse en contacto en Nicaragua con Sandino y junto a cinco obreros;  José Adán González, Luis Mariona y Guillermo Ajuria y otros dos compañeros; se une a la lucha del prócer nicaragüense en contra de los yanquis invasores. Marti fue miembro del Estado Mayor Internacional de Sandino y su  Secretario Privado, obteniendo igualmente el grado de Coronel. El salvadoreño era un gran conocedor  de la problemática centroamericana y eso ayudaría al movimiento de Sandino logrando además de que se conociera internacionalmente. Los 12 mil marines con sus aviones y bombas no pudieron vencer a Sandino y sus hombres que combatían una larga lucha de guerrillas, junto a los nicaragüenses combatieron la  Brigada Internacional, en la cual sobresalieron: Farabundo Martí (salvadoreño), Esteban Pavletich (peruano), Carlos Aponte (venezolano), Gregorio Urbano Gilbert (dominicano) y el general José María Jirón Ruano (guatemalteco).

Farabundo Martí compartió la lucha con sus compañeros nicaragüenses y tuvo que soportar los bombardeos yanquis en las húmedas selvas nicaragüenses. Varias veces tuvo que suspender su trabajo como Secretario de Sandino para disparar desde las copas de los arboles a la aviación norteamericana  en la selva de la Segovias.

En el año de 1929 Martí se separa de los guerrilleros nicaragüenses,  para dar a conocer la lucha de Sandino en México y es nombrado Líder Latinoamericano del Socorro Rojo Internacional, que era una organización para enfrentar el fascismo. Ya en el Salvador Farabundo se convierte en corto tiempo en líder en la lucha popular y obrera que era dirigida por el Partido Comunista y la federación regional de Trabajadores del Salvador. Logro incorporar al movimiento elementos de la clase media salvadoreña.

Las protestas aumentaron en el país y la represión creció, el Partido Comunista Salvadoreño se pone al frente de los obreros y de los campesinos, en el año de 1930 Farabundo era conocido internacionalmente como un antiimperialista. A finales de ese año es deportado nuevamente, esta vez  a la Florida pero se negó a desembarcar y es llevado a Nicaragua, en el puerto de Corinto se fuga y regresa al Salvador que se encontraba sumergida en protestas contra la opresión y persecución política, el desempleo, el hambre y la pobreza. Los terratenientes explotaban a los campesinos de una manera abrumadora pagándole con fichas en vez de con dinero. Farabundo y sus hombres en tres meses organizar sindicalmente a 80.000 trabajadores agrícolas.

El descontento en la población salvadoreña es grande y el Partido Comunista acordó el 20 de marzo celebrar el “Día de los Desocupados”, se aprovecharía para pedir al gobierno  pan y trabajo, el seguro social para los desocupados, por cuenta del Estado y de los patronos, comprendiendo una cuota para los sin trabajo y sus familias. La represión no se hizo esperar y otra vez el líder salvadoreño es detenido y acusado de agitador es encarcelado en la Penitenciaría Central donde  comienza una huelga de hambre.

Desde ese momento la población salvadoreña realiza protestas para lograr la liberación de su líder. Marti es expulsado a Guatemala. El régimen salvadoreño se derrumba y a los pocos días el Salvador sufre un golpe de estado dado por oficiales de baja graduación que lo justifican por el derecho a rebelión que aparece en la Constitución. Después del golpe se realizan dos consultas electorales, la elección de Consejos Municipales en todo el país --el día 3 de enero-- y la elección de nuevos diputados a la Asamblea Legislativa --durante los días 10, 11 y 12 de enero. De manera que no resulta difícil presumir que entre otros propósitos inconfesados e inmediatos de los golpistas estaba el de frustrar o impedir cualquier triunfo de las fuerzas de izquierda en las urnas electorales. En los sitios en donde el Partido Comunista participo no se le reconoce el triunfo anulando las elecciones. Eso enardece la población y en las elecciones para diputado se realizan con una gran abstención. El Salvador se encuentra sumergido en una gran crisis.

Campesinos e indígenas se levantan en contra del régimen el 22 de enero de 1932 con armas  fusiles, que de por cierto habían sido donados por simpatizantes del gobierno derrocado, armados con machetes, aperos de labranza y pocas armas de fuego, escopetas en su mayoría se enfrentan al ejercito y obtienen el control de poblaciones como Juayúa, Nahuizalco, Izalco y Tacuba, cuarteles como los de Ahuachapan, Santa Tecla y Sonsonate resisten el ataque.

El gobierno desencadena una persecución contra Farabundo y el escondite desde donde se planeaba la insurrección es detectados y el líder salvadoreños junto a Alfonso Luna y Mario Zapata son capturados encontrándoles armas y proclamas llamando a la insurrección. Los detenidos son condenados a muerte por fusilamiento. El día 1 de febrero los ejecutaran,  Marti pide, a nombre de sus compañeros, que no se les vende los ojos, que les fusilen de frente disparándoles al pecho. Farabundo grita: Viva el Soco..." que así queda, incompleto. Caen abatidos los tres héroes del pueblo salvadoreño. Son las siete y cuarto de la mañana. Al contrario de los demás la muerte llega lentamente para el camarada Zapata...Allí cayeron, bajo las balas asesinas del pelotón de fusilamiento, con la dignidad de los titanes revolucionarios.  

La represión que desencadena el gobierno es impresionante. Los días 24 y 25, los militares entran en Nahuizalco, Juayúa, Ahuachapán y Tacuba. Los norteamericanos e ingleses armaban buques de guerra para prestar apoyo al general Hernández Martínez; planteándole un desembarco de tropas en La Libertad para ayudar en contra de la insurrección. Con soberbia Hernández Martínez, una vez que se atestigua del éxito de las “Operaciones de Pacificación”, envía a los almirantes yanquis e ingleses un telegrama que dice: “En saludo a honorables comandantes declaramos situación absolutamente dominada fuerzas gobierno El Salvador. Garantizadas vidas propiedades ciudadanos extranjeros acogidos y respetuosos leyes de la República. La paz está establecida en El Salvador. Ofensiva comunista desechada sus formidables núcleos dispersos. Hasta hoy cuarto día de operaciones están liquidados cuatro mil ochocientos comunistas”. El saldo de la rebelión de 1932 fue de entre 5.000 a 30.000 muertos con un igual número de desaparecidos.

La represión de las fuerzas oligárquicas siempre se hicieron sentir en contra del los pueblo que pedían sus derechos más esenciales, mares  de sangre se han vertido en nombre de la libertad, en nuestras manos esta poderle legar a nuestros hijos un mundo mejor, pero debemos honrar a los héroes que lograron que estos vientos de cambio sople con fuerza en la América que vivimos.

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