“Esperamos un indulto de Obama” Por: Alberto López Girondo

Tiempo Argentino

Su esposo todavía tiene para dos años y medio más de libertad vigilada en los Estados Unidos, pero otros cuatro cubanos todavía permanecen entre rejas en Miami acusados de espionaje. Olga Salanueva sostiene que no pueden ser acusados de espías, porque en realidad se inflitraron en organizaciones terroristas de cubanos exiliados que cometieron atentados criminales contra Cuba. Y que su gobierno había elevado esos informes al FBI.

              

Olga Salanueva es la esposa de René González Sehwerert, uno de los cinco cubanos detenidos en los Estados Unidos desde 1998, acusados de espionaje en un proceso que pasó por casi todas las instancias de apelaciones y provocó denuncias incluso de la organización Amnesty Internacional. De paso por Buenos Aires, y a poco de haber podido reencontrarse con su marido –que recibió un permiso especial para visitar a un hermano gravemente enfermo en La Habana–, la mujer, ingeniera industrial, contó a Tiempo Argentino cómo es vivir a 90 millas del padre de sus hijas y que ninguno pueda visitarlo por tener la entrada prohibida.
“La más chica de nuestras hijas tenía cuatro meses cuando lo vio por última vez y no tiene recuerdos de familia”, dice Salanueva. González cumplió una condena de 13 años de prisión y, por su nacionalidad estadounidense, tiene otros tres años de libertad vigilada antes de que pueda volver a vivir en la isla, como es su deseo. En esos 15 días que estuvieron juntos en marzo, recuerda Salanueva, “tuvimos oportunidad de hacer lo que hace una familia todos los días, lo cotidiano que parece tan insignificante. Y él pudo compartir con su hermano, que en ese momento tuvo una crisis de su enfermedad terminal, sin saber si podrán volver a verse. También estuvo con sus padres, el resto de la familia, con amigos.”

–¿Qué razón invocan para no darle la libertad completa, aparte de la formalidad legal?
–Ellos insisten en que es peligroso para la sociedad, pero es una cosa contradictoria porque si fuera así deberían expulsarlo. Además, René no es peligroso, y lo ha demostrado ahora que fue capaz de visitar Cuba y volver a ese país a respetar la ley, incluso la ley que ha sido violada por ellos mismos en el juicio. 

Aquí conviene recordar algo de la historia de los cinco cubanos y en especial de René, que era hijo de trabajadores cubanos que se habían exiliado antes de la revolución, en busca de mejores horizontes. Pero que retornaron a su patria en 1961, con el pequeño René. Que en la isla estudia, ingresa a la Escuela de Aviación y luego comienza a trabajar en la Dirección de Inteligencia. En 1990 se instala con su familia en los Estados Unidos y traba relación con los grupos de anticastristas más radicalizados, y con sus compañeros investigan una red de terrorismo que desde Miami atentaba contra objetivos cubanos. La Habana entrega un dossier muy documentado con el resultado al FBI, pero los cinco agentes cubanos terminan presos bajo decenas de cargos que a alguno de ellos lo dejarán de por vida entre rejas.

–¿René hizo un trabajo de espionaje, como dice el tribunal estadounidense?  
–El término “espionaje” en la voz popular está equivocado. Como cargo penal debe probarse que estaba tomando información secreta que perjudica la seguridad de algún país, y ese no es el caso de René. Él estaba monitoreando a estas organizaciones terroristas que cometieron delitos en suelo cubano desde allí.
–¿El argumento es que estaba metiéndose en una organización de cubanos y que en cierto modo estaba protegiendo la seguridad de los EE UU?
–Claro, porque un atentado no tiene nombre. Cuando ponés una bomba muere gente que está ahí. Y eso está más que comprobado, porque en una ola de atentados en los hoteles (a principios de los ’90) murió un italiano, que nada tenía que ver con el gobierno de Cuba.
–¿La organización en la que él se introdujo planificó esto? ¿Tenía relación con el terrorista y agente de la CIA Luis Posada Carriles?
–Son los mismos. Son los mismos que siempre han estado en estas organizaciones, o algunas más específicas, como Manos al Rescate, que tiene aviones, o el Movimiento Democracia, que tiene una parte naval y otra aérea, donde él se inserta como piloto. Esas organizaciones entraron durante más de una década en nuestro territorio. Hay 25 notas del gobierno de Cuba advirtiendo que se estaba violando el espacio aéreo cubano, por el riesgo de provocar accidentes con la aeronáutica civil o militar, además de las acciones violentas y fechorías habidas y por haber. Y el gobierno de Cuba entregó una información detallada, con nombre y apellido, de las actividades de esas organizaciones, las ya realizadas, los saldos, todo. Pero a la cárcel fueron ellos.

Lo que siguió fue un juicio, donde no todas las garantías de los acusados fueron respetadas. Cierto que tuvieron abogados de oficio que, dice Salanueva, hicieron un buen trabajo. El problema fueron los jurados. “Es imposible en una ciudad como Miami hacer un juicio a cubanos y ser imparcial, en primer lugar porque el periodismo local se dedicó a satanizarlos desde el primer día, con titulares de ‘siniestros espías, criminales’, con cargos que ni siquiera existían: ‘que son fieles de Castro, que vienen a dañar a la comunidad, que son enemigos nuestros’. Y publicaron las fotos de cuando vinieron a detenerlos, sacados de la cama, sin afeitar, despeinados.”
 
–Pero la sentencia fue apelada.
–Sí, pero ha sido un proceso lento. Fueron presos desde el ’98, condenados en 2001. En 2005 fue la primera apelación, dada por tres jueces del circuito de Atlanta que le dio la razón a ellos, diciendo que no debió hacerse el juicio en ese lugar. “Que conserven los cargos, echar todo atrás,  pero juzgarlos ante otro tribunal”, dijeron. Cuando es una decisión unánime, como esa, generalmente no se acepta apelación alguna, pero en este caso la fiscalía apeló al fiscal general de la Nación pidiendo que eso se revocara. Y él la aceptó.

El resultado fue que en 2008 se hace no un nuevo juicio, sino una nueva sentencia. Hubo leves bajas en la condena, pero siguieron encarcelados. Mientras tanto, organizaciones de Derechos Humanos de todo el mundo no dejan de reclamar por un caso que, entienden, viola elementales garantías constitucionales.

–¿Tienen todavía alguna posibilidad de revisar el caso?
–A esta altura ya no tenemos ni confianza ni esperanza en las cortes. Nuestra única esperanza es la solidaridad, la presión  internacional. Tenemos que ir directamente al presidente (Barack) Obama.  p>



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