Caracas, Especial de Tribuna Popular TP/Por: Carlos Tablada.- Como homenaje en el 42º Aniversario de la caída del Che y sus compañeros en Bolivia, en 1967, Tribuna Popular reproduce, por su gran vigencia, fragmentos del Capítulo sobre Política de Cuadros del libro «El pensamiento económico de Ernesto Che Guevara» (Carlos Tablada, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2001).

¿Cuál era el panorama en los primeros años de la revolución en cuanto a cuadros se refiere?

“Innecesario sería insistir en las características de nuestra revolución, en la forma original, con algunos rasgos de espontaneidad, con que se produjo el tránsito de una revolución nacional libertadora, a una revolución socialista y en el cúmulo de etapas vividas a toda prisa en el curso de este desarrollo, que fue dirigido por los mismos actores de la epopeya inicial del Moncada, pasando por el Granma y terminado en la declaración del carácter socialista de la revolución cubana: nuevos simpatizantes, cuadros, organizaciones, se fueron sumando a la endeble estructura orgánica del movimiento inicial, hasta constituir el aluvión de pueblo que caracteriza nuestra revolución”.

“Cuando se hizo patente que en Cuba una nueva clase social tomaba definitivamente el mando, se vieron también las grandes limitaciones que tendría en el ejercicio del poder estatal a causa de las condiciones en que encontráramos el Estado, sin cuadros para desarrollar el cúmulo enorme de tareas que debían cumplirse en el aparato estatal, en la organización política y en todo el frente económico…”. “Pero, con el aceleramiento del proceso, ocurrido a partir de la nacionalización de las empresas norteamericanas y, posteriormente, de las grandes empresas cubanas, se produce una verdadera hambre de técnicos administrativos. Se siente por otro lado, una necesidad angustiosa de técnicos en la producción, debido al éxodo de muchos de ellos, atraídos por mejores posiciones ofrecidas por las compañías imperialistas en otras partes de América o en los mismos Estados Unidos, y el aparato político debe someterse a un intenso esfuerzo, en medio de las tareas de estructuración, para dar atención ideológica a una masa que entra en contacto con la revolución, plena de ansias de aprender”. (Guevara, “El cuadro, columna vertebral de la Revolución”, en el número 13 de Cuba Socialista, septiembre de 1962. También se encuentra en Escritos y discursos, tomo 6, págs. 239-40). En estas líneas Che pone de manifiesto la angustiosa situación entonces existente: cuadros forjados en la lucha sin los conocimientos necesarios para administrar; aceleración del enfrentamiento con los yanquis y sus secuelas;éxodo hacia los Estados Unidos o la América Latina de los cuadros intermedios que poseían la teoría y la práctica del management; asunción por el pueblo de responsabilidades que hasta ese instante le estuvieron vedadas. No existía una cultura de la administración al margen de los intereses
imperialistas. De este modo, la necesidad de cuadros se convirtió para la revolución en uno de sus problemas más grandes y más difíciles de resolver. Surgió la necesidad simultánea de cuatro tipos de cuadros: el cuadro político, el cuadro militar, el cuadro económico y el cuadro administrativo. Como
un subsistema del Sistema Presupuestario de Financiamiento, está el de la política de cuadros, basado en las ideas del Che sobre lo que debe ser un cuadro revolucionario. Esta es una idea fundamental por sus múltiples y raras conexiones con todo el mecanismo interno que hace posible el desarrollo y avance de la revolución. Esbozaremos a continuación algunas de las cualidades que para Che debía tener, cultivar y desarrollar el cuadro para dirigir en la revolución cubana.

A. El valor del ejemplo

“Esta cualidad es sumamente importante para Che. En la entrega de Certificados de Trabajo Comunista a los obreros destacados que cumplieron con su compromisomoral lo destacaba: Por eso nosotros lo defendemos con tanto ahínco, por eso nosotros tratamos de ser fieles al principio de que los dirigentes deben ser el ejemplo que ha planteado Fidel en reiteradas oportunidades”. “Y hemos venido a este acto también, con el compañero (Orlando) Borrego, (Orlando Borrego Díaz fue el primer viceministro del Ministerio de Industrias bajo la dirección de Che) a recibir nuestros diplomas. No es un acto pueril y no es un acto de demagogia, es simplemente la demostración necesaria de que nosotros –los que hablamos constantemente de la necesidad imperiosa de crear una nueva conciencia para desarrollar el país y para que se pueda defender frente a las enormes dificultades que tiene y a los grandes peligros que lo amenazan- podamos mostrar nuestro certificado de que estamos siendo conscientes y consecuentes con lo que decimos, y que, por lo tanto, tenemos derecho a pedir algo más de nuestro pueblo”. (Guevara, “El trabajo voluntario, escuela de conciencia comunista”, en El socialismo y el hombre en Cuba, pág. 116)

B. El dirigente debe sentir el trabajo como una necesidad natural

“El dirigente que vaya al trabajo a ver cómo puede trabajar ocho horas y si puede dentro de las ocho robarse una y estar pensando en el horario de salida, pues no es dirigente, no sirve, no tiene cualidades, no sirve para el momento ni para el futuro tampoco. En el futuro esa clase de hombre tiene que ir desapareciendo porque evidentemente en el comunismo los controles de este tipo desaparecen, tienen que desaparecer. No puede existir el control para que el hombre trabaje o no, el trabajo debe ser una necesidad natural”. (Guevara, “Reuniones bimestrales, 22 de febrero de 1964”, en El Che en la revolución cubana, tomo VI, págs. 453-54)

C. El espíritu de sacrificio

Homenaje en el 42º Aniversario de la caída del Che y sus compañeros en Bolivia, en 1967“Porque eso de creer que el socialismo se va a hacer sin el sacrificio de nadie, en medio de la reacción capitalista, eso es un cuento; eso es imposible, porque alguien se tiene que sacrificar, y todo el mundo tiene que sacrificarse algo de lo que eventualmente podría tener para poder irse desarrollando. Ahora los hombres de vanguardia, en todos los momentos deben ir sacrificándose, hasta que de pronto el sacrificio se transforma en un modo de ser. Porque evidentemente le digo, ya aunque sea un poquito fatuo, poner un ejemplo personal, uno está constantemente metido en el trabajo y ha hecho del trabajo una cosa única.” “Es decir, el hecho de no salir en verano a bañarse en una piscina, al cine incluso, pues realmente cuando a uno el trabajo le interesa, está metido en el trabajo, y está viendo que todo ese esquema responde a una tarea muchísimo más interesante que una distracción de un momento dado; es en verdad elegir entre dos distracciones, entre dos lugares o dos formas de interpretar la vida y realmente en un momento dado ya no cuenta, ya es simplemente un modo de ser”. “Entonces, no se tiene que llegar al extremo de decir que aquí tenemos que convertirnos todos en gente que no va a ningún lado, y que se transformen en lectores de papeles y en ratones de oficina, pero sí toda esta acción de los hombres de vanguardia tiene que traducirse al principio fuerte, después tiene que traducirse en una cosa natural y se va haciendo el hábito hacia el trabajo, es decir, el momento ese que el trabajo no sea una obligación penosa sino que sea realmente un acto creativo”. (Guevara, “Reuniones bimestrales, 22 de febrero de 1964”, en El Che en la revolución cubana, tomo VI, pág. 453)

D. La austeridad

“Claro que hay peligros presentes en las actuales circunstancias. No sólo el del dogmatismo, no sólo el de congelar las relaciones con las masas en medio de la gran tarea; también existe el peligro de las debilidades en que se puede caer. Si un hombre piensa que, para dedicar su vida entera a la revolución, no puede distraer su mente por la preocupación de que a un hijo le falte determinado producto, que los zapatos de los niños estén rotos, que su familia carezca de determinado bien necesario, bajo este razonamiento deja infiltrarse los gérmenes de la futura corrupción”.

“En nuestro caso, hemos mantenido que nuestros hijos deben tener y carecer de lo que tienen y de lo que carecen los hijos del hombre común; y nuestra familia debe comprenderlo y luchar por ello. La revolución se hace a través del hombre, pero el hombre tiene que forjar día a día su espíritu revolucionario”. (Guevara, “El socialismo y el hombre en Cuba”, en el libro del mismo nombre, págs. 69-70)

E. La sensibilidad humana

“Porque yo digo una cosa, sistemáticamente yo voy a una fábrica y encuentro una cantidad grande de críticas de todo tipo, críticas que algunas de las cuales realmente indican que hay algo en todo este aparato que hay que arreglar. En una visita a una unidad de calzado en Matanzas, un obrero me dice, ‘mire como
estoy del polvo aquí, he pedido un ciclón, alguna forma de resolver este problema o que me cambien de trabajo. Mire cómo estoy, que el asma me va a matar’”. “Entonces hablo con el jefe de la fábrica y le digo: ‘Oye, mira este pobre hombre. El asma tiene estas cosas. El asma, donde hay polvo de este tipo, un hombre no puede estar, no se puede hacer esa barbaridad’”. - “’Pero es que no se puede cambiar’”. -“’Bueno, pues hay que cambiarlo o si no conseguirle un ciclón’”. -“’Bueno es que en realidad el hombre no tiene asma, lo que tiene es tuberculosis’”. “Entonces, ¿qué es lo que pasa? Hay una falta de sensibilidad en estos aspectos”.
(Guevara, “Reuniones bimestrales, 22 de febrero de 1964”, en El Che en la revolución cubana, tomo VI, pág. 443)

F. El estar en continuo y permanente contacto con la masa

“Pero, al mismo tiempo, estar en continuo y permanente contacto con la masa y, además de eso, compañeros, practicar también el trabajo físico que es muy bueno, y que hace estar en mayor contacto con la masa e impide esa tendencia un poco natural que hay del hombre que se sienta aquí en esta sillita y que,
además, si heredó una oficina de un antiguo gran industrial tiene aire acondicionado y a lo mejor tiene un termo con café caliente y otro con agua fría, y entonces tiene cierta tendencia a dejar cerrada la puerta del despacho para que el aire caliente no lo moleste. Ese tipo de dirigente sí no sirve para nada, hay que desterrarlo”
. (Guevara, “En el programa de televisión ‘Información pública’“, 25 de febrero de 1964, en El Che en la revolución cubana, tomo V, pág. 45)

G. El capacitarse constantemente

“Ahora, eso es fundamental, elemental: capacitación a todos los niveles, tarea esencial del país… Tenemos que plantearnos –claro que esto no va a ser para hoy- un analfabeto de la era de la técnica (es el) sexto grado. Ahora un administrador analfabeto de esta misma era, lo mínimo el bachillerato completo, lo mínimo.
(Gracias a una campaña sistemática de educación para adultos, Cuba se fijó la meta de elevar el nivel educativo de la población general. En 1973 este esfuerzo se concretizó con la Batalla por el Sexto Grado, que logró este objetivo aún antes de su meta de 1980. Entonces Cuba lanzó la Batalla por el Noveno Grado)” “Además, a todos los administradores que están escuchándome o que tengan la desgracia de
leer o de enterarse mañana vamos a seguir haciéndoles estudiar de todas maneras, y van a seguir estudiando mientras sean administradores”.
(Guevara, “En el programa de televisión ‘Información
pública’“, en El Che en la revolución cubana, tomo V, págs. 41-42)

H. La discusión colectiva y la responsabilidad de la decisión única

“Hace un tiempo se escribió un artículo sobre las tareas del Administrador Revolucionario, todos los conceptos más o menos son conocidos por ustedes y no quiero insistir sobre ellos, pero sí hay uno que es muy importante, que es el concepto de la discusión colectiva, este en que hemos insistido y de la responsabilidad de la decisión y de la responsabilidad única, es decir, que ustedes deben acordarse siempre que son, en el momento de tomar las decisiones de acuerdo con las indicaciones y la línea general del ministerio o de la empresa a que pertenezcan, los capitanes del barco que en ese momento están conduciendo”. “Sepan individualizar estas dos funciones, compañeros, sepan que se debe discutir y se
debe aprender de la discusión y saber discutir inteligentemente, para encontrar todos los conceptos necesarios para tomar la decisión, pero esa decisión, va a ser responsabilidad de ustedes, de lo bueno o de lo malo que hagan, que se haga en todo el centro de trabajo, serán ustedes los responsables en definitiva, de modo que hay que aprender a trabajar colectivamente, pero con un concepto de dirección”.
(Guevara, “Graduación del Curso de Administradores del Ministerio de Industrias”, 21 de diciembre de 1961, en El Che en la revolución cubana, tomo III, pág. 554)

I. El administrador, un cuadro político: necesidad permanente de superarse ideológica y políticamente

“Hace bastante tiempo, una vez que tuve que hacer una rectificación pública (aunque la gente no se acuerde mucho de lo que uno dice, por cierto). En un congreso de la Central de Trabajadores de Cuba dije una cosa que hoy digo que es totalmente absurda y es que ‘El administrador no debe ser, no es un
dirigente político como ustedes, es un dirigente administrativo’”. “Y esa afirmación no solamente es absurda, sino que además está contra los principios que nosotros defendemos en el Sistema Presupuestario. Nosotros tenemos que convertir al administrador en un cuadro político-administrativo de calidad de dirigente”.
(Guevara, “Reuniones bimestrales, 5 de diciembre de 1964”, en El Che en la revolución cubana, tomo VI, págs. 551-52) Otra serie de cualidades que aparecen señaladas a lo largo de los discursos y escritos de Fidel, Raúl Castro, Che y demás dirigentes de la revolución son, a saber, que dirigir es conducir y educar, poseer y cultivar la modestia, la sencillez, el valor, la firmeza y la honestidad; ser disciplinado y a la vez combativo; saber tener una actitud correcta ante el señalamiento de errores. La revolución abrió diversas escuelas de administradores para preparar cultural y técnicamente cuadros para la dirección de las empresas capitalistas nacionalizadas. Para suplir la falta de experiencia y los escasos conocimientos de los administradores, Che ordenó emitir un manual de hojas intercambiables para administradores de fábricas y talleres. Personalmente participó en su confección y siguió muy de cerca que se renovaran periódicamente las hojas obsoletas.

Como se puede apreciar, en su estructura y en su contenido, este manual, de por sí, suministraba al administrador los conocimientos necesarios para su labor. Su lectura nos da la naturaleza y profundidad del pensamiento de Che y su forma insuperable de unir la teoría a la práctica, el modo de poner la teoría en función de la práctica, y el genuino estilo leninista y fidelista como forma de enriquecer la teoría y desarrollarla.Fuente: El pensamiento económico de Ernesto Che Guevara»(Carlos Tablada, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2001).

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