El poder en Cuba es democrático y participativo

Los enemigos de la Revolución sienten un profundo placer en decir que el sistema de gobierno en Cuba no es democrático ni participativo.
Valdría la pena que siguieran con atención -entre 20 y el 24 de abril- los más
de 5 000 mítines en centros laborales de esta provincia de Camagüey, donde el punto
esencial estará relacionado con las elecciones parciales del próximo día 25.


Ese día en primera vuelta serán elegidos los delegados de las circunscripciones, quienes conformarán las asambleas municipales del Poder Popular, previstas a renovar cada dos años y
medio de acuerdo con la legislación vigente en el país y de la que se nutren
los órganos provinciales de Gobierno y el Parlamento en escrutinios generales,
convocados cada cinco años.


Los encuentros obreros, incluidos en el plan de actividades por el Primero de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores, tendrán en la agenda una
valoración sobre la conclusión el pasado 24 de marzo del proceso de nominación
de candidatos en las reuniones de vecinos, y explicaciones acerca de
particularidades del sistema político cubano y de cómo ejercer el voto,
caracterizado después de 1959 por una límpida transparencia, alejada de fraudes
y politiquería.


Los miles de electores que concurrirán a las urnas tendrán presente el lema central: ¡Unidos en el deber!. Tanto una como la otra fecha son escenarios ideales para ratificarle al mundo
la adhesión al Partido, a Fidel y a Raúl
Castro.


Los detractores del proyecto social socialista cubano tienen que acabar de darse cuenta de que la unidad popular en torno a la Revolución posee un sustento
real, de que la democracia aquí no se limita al derecho ciudadano de depositar
una boleta en la urna, abarca la participación en las decisiones de la vida del
país y en la igualdad de derechos, sin distinción ni discriminación, aspectos
refrendados en la constitución de la República.


En los comicios que se efectúan en los sistemas de democracia representativa el don dinero es el incentivo de los candidatos para explotar a los votantes, mientras entre los cubanos la vocación de los nominados es otra: servirle al pueblo
y recibir en pago el reconocimiento por su abnegada y desinteresada labor.


El 24 de febrero de 1993 bajo el nuevo sistema electoral, aprobado el año anterior, asistieron a las urnas para las elecciones generales de diputaos el 99,57% de los electores registrados, escrutándose 7 millones 300
mil 629 boletas válidas, representativas del 92,97%, mientras el 3,04 fueron en
blanco y 3,99 anuladas.


Los estudiosos de la situación cubana recordarán que 1993 resultó el año clímax de las adversas limitaciones económicas y sociales a la que se enfrentó el país tras la caída del campo
socialista, sin embargo, el apoyo popular al sistema político fue mayoritario
con la singularidad de ser ciento por ciento democrático y participativo.

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