Después  del capitalismo



Por Saul Landau

Al leer el libro de Jerry Mander Documentos  del capitalismo: defectos fatales de un sistema obsoleto (Counterpoint:  Berkeley, 2012), recordé lecciones de mi primera clase de Marxismo en la  universidad. El capitalismo no tiene moral, pero debe crecer constantemente.  Crea la desigualdad, explota a los trabajadores y a la naturaleza, y hace la  guerra. Mander no cree que haya forma de que todas estas cualidades negativas  lleven al mundo a la felicidad o siquiera a la supervivencia. Algunos  observadores acuciosos notaron estas cualidades del capitalismo hace más de 150 años. Pero solo  lo bueno puede salir de reiterar verdades básicas y Mander ha escrito una  crítica amena y vivaz del sistema económico y político que gobierna nuestra  vida, y ofrece buenas razones para deshacerse de él y encontrar una manera más  sana y no utópica de vivir juntos bajo un sistema económico y político  diferente.

El capitalismo ha producido un mundo de cosas, pero al hacerlo ha destruido  grandes zonas del entorno y ha desordenado las relaciones humanas. Karl Marx se  dio cuenta de esto en el siglo 19. Mander en el 21.

Para hacer más dramáticas las lecciones que quiere dar, Mander ofrece  historias divertidas de su vida anterior como ejecutivo de publicidad y  promotor del capitalismo. Después de eso dirigió Public Media Center, una agencia  publicitaria de servicio público.

El libro guía a los lectores en un viaje perspicaz por las enfermedades del  sistema. A la altura del cuarto capítulo me preguntaba cómo alguien con dos  dedos de frente no se rebelaba contra las condiciones de pesadilla de nuestro  sistema.

Para responder a esa pregunta, Mander ofrece un capítulo de cómo el  capitalismo ha privatizado “nuestra conciencia”. “La imagen  televisiva”, escribe, “llega al cerebro como  un vasto popurrí de formas mezcladas de imágenes que no se experimentan en la  vida. Docenas de categorías de información se encadenan unas a otras como si  todas estuvieran en el mismo dominio de la realidad”. Durante décadas la TV, el  medio dominante, no solo ha tomado la cultura, sino que se ha convertido en su  centro. Para cuando los niños se han hecho adolescentes, han visto en TV más de  200 000 asesinatos. Pero la TV no ha capturado más allá de toda esperanza a  todos los ciudadanos y los ha convertido en ávidos creyentes –consumidores. La  TV ha mixtificado nuestra visión del mundo, pero todavía sabemos cuándo se debe  pagar el alquiler y cuando suben los precios en el supermercado y que, por  experiencia, comprar productos anunciados en TV no provoca felicidad y gozo  instantáneos.

La realidad contradice el mundo de fantasía de la TV. Así que el  capitalismo no puede privatizar nuestra conciencia porque no nos puede dar la  felicidad que promete.

Al exigir que la gente despierte y comprenda que vive en un sistema  pernicioso, el libro de Mander ayuda a los ciudadanos a abrir los ojos ante las  posibilidades de realizar acciones que transformarían su vida.  Mander quiere que se unan a otros con  inclinaciones similares.

Mander destruye el mito de que tener éxito en los negocios cura todos los  males. (La mayor parte de la gente no tiene capital para invertir en un  negocio.) Lanza rayos de claridad al sistema  y acerca de la gente atrapada en la esperanza ilusorio que los que están a  cargo arreglarán lo que esté mal.

En el último capítulo del libro, “¿Cómo salimos?”, argumenta a favor de una  economía que ponga en primer lugar a la Naturaleza (¿no son los humanos parte  de la Naturaleza?) mientras nuestro sistema se dirige con  rapidez hacia la decadencia. Esto no debe  sorprender a nadie después de que el científico de la NASA James Hansen dijera  que el calentamiento solar había avanzado con mayor rapidez de lo que él  pensaba y que debíamos actuar con velocidad. Hasta el momento, ningún líder  mundial ha dado pasos significativos para detener las emisiones de gases con efecto  invernadero. Mander está a favor de una economía basada en sistemas naturales.  ¡Oigan, los humanos también son parte de la Naturaleza!

Él también quiere reducir la escala de los controles económicos. Como la  democracia comienza localmente, también debiera hacerlo la economía. Restaurar  los pastizales comunes. La tercera idea implica la reforma de las  corporaciones, retrotrayéndolas a esa entidad creada por el estado hace dos  siglos para lograr ciertas tareas necesarias y con supervisión democrática. La  nueva corporación debe ser transparente y debe responder a la comunidad de la  cual surgió.

En la nueva economía, Mander quiere la complejidad que conforma la sociedad  para organizar con el fin de satisfacer las necesidades comunes. Por ejemplo,  amigos y vecinos de un lugar. Una forma de empresa económica que pudiera  funcionar, pero que sería inapropiada en el contexto comunal mayor, y otra  forma adicional que pudiera tener más sentido para el comercio global, ya que  este no desaparecerá, aunque pudiera ser limitado. El asunto es flexibilidad,  no un dogma con respecto a la forma, siempre y cuando esté controlada de manera  popular.

La idea de Mander de vivir mejor no presupone una economía de crecimiento  permanente. Por el contrario, el se imagina la cordialidad, la creatividad y la  cooperación como rasgos integrales de la buena vida si cambiamos nuestro  sistema.

Aunque algunas de sus ideas tienen un tufo a verde y a prosa New Age, Mander también dice que no  podemos soñar con idílicas aldeas sostenibles mientras que la pesadilla de  armas de destrucción masiva domine la economía norteamericana.

Mander piensa que el capitalismo ya es obsoleto, pero esto idealiza su  pasado. A principios del siglo 19 Ned Ludd, un joven obrero, supuestamente  destrozó dos máquinas de una fábrica. Los que destruyeron máquinas fabriles  como respuesta a las condiciones impuestas por el capitalismo inicial eran  conocidos como “luditas”. El historiador Eric Hobsbawm calificó al ludismo de  “negociación colectiva por motín”.

Ludd se convirtió en un héroe, un Robin Hood urbano que incluso se dice que  vivía en el bosque de Sherwood. Los luditas, obreros textiles ingleses, no  podían convocar fácilmente a una huelga eficaz, ya que las fábricas estaban  diseminadas por áreas distintas. Así que a menudo destruían los nuevos telares  mecanizados para protestar en contra del desastroso impacto de la revolución  industrial en la vida humana de Inglaterra.

El subtítulo de Mander –defectos  fatales de un sistema obsoleto– supone un capitalismo que no existía en el  siglo 18. La historia muestra que los terratenientes y mercaderes de esa época  cercaron los comunes y obligaron a los trabajadores a ingresar a sus fábricas  de tortura. ¿Fue esto mejor de alguna manera?

Es más, el capitalismo se hizo depredador y corrosivo de los valores  comunes desde su inicio. Recuerden las monstruosas compañías mercantiles en  Inglaterra  y Holanda. Sin embargo, al  escalar se ha hecho peor. El libro ofrece buenos detalles, un argumento  coherente y una inspiración para aquellos al borde de la acción para que  levanten el trasero y desempeñen un papel en la transformación del drama social  de nuestros tiempos.

El filme de  Saul Landau, Por favor, que el  verdadero terrorista se ponga de pie, está  disponible en DVD por medio de cinemalibrestore.com.

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