por  Yuris Nórido

Imagen de la V Jornada Nacional contra la Homofobia


No debe asumirse como justificación o atenuante, pero lo cierto es que las manifestaciones de la homofobia en Cuba nunca han sido extremas. No conocemos aquí, por ejemplo, crímenes por ese móvil, una situación que no es extraña en muchos países de la región. El cubano heterosexual homófobo nunca ha trascendido la agresión meramente psicológica, pocas veces con serios problemas para la integridad del agredido. La mayoría, de hecho, se regodea en la burla, una variante de ese choteo que de alguna forma marca la identidad nacional.

No es un atenuante, reiteramos, sin embargo no se puede negar que en otras regiones es mucho más difícil ser homosexual y asumirlo. En Cuba, de hecho, muchos homosexuales viven en pareja sin grandes complicaciones. Buena parte de sus vecinos los asumen con naturalidad e incluso con respeto y cariño.

Desde el punto de vista familiar, sobre todo en los últimos años, es evidente una tendencia a la tolerancia a la homosexualidad. No siempre lograda, de acuerdo, desde el primer momento, pero conseguida muchas veces con el transcurso del tiempo. Tener un hijo homosexual ha dejado de ser, sobre todo en núcleos urbanos, motivo señalado de vergüenza. Y muchas familias aceptan sin problemas la homosexualidad de sus hijos.

Otras personas, sin comprender o aceptar el fenómeno, se muestran cautas, respetuosas o indiferentes. En el peor de los casos manifiestan una homofobia pasiva. Pero el criterio más generalizado es aquel que reza que "no lo acepto, pero que cada cual haga lo que quiera con su vida".

Para algunos esa última posición es insuficiente, y lo es, de hecho. Pero a la larga hace menos daño que una homofobia militante, esa que afortunadamente ha perdido espacios en el ámbito más público. En Cuba, en este principio de siglo, no es "políticamente correcto" ser homófobo. O al menos hacerlo ver.

Tampoco es suficiente: se sabe que la hipocresía y el sentido de la conveniencia pueden ser camuflaje efectivo de actitudes francamente reaccionarias o prejuiciadas. Mas es evidente que si se asume que no es apropiada determinada actitud, aunque estemos dispuestos a ellas, algo hemos comprendido: al menos sabremos que el contexto ha cambiado.

Y es algo que será difícil abatir. Los que esperaban un pronunciamiento político en ese sentido, lo tuvieron en la reciente conferencia del Partido Comunista de Cuba. Para la organización, el hecho de ser homosexual no implica imposibilidad para formar parte de sus filas. De hecho, se ha marcado una oposición explícita a cualquier tipo de prejuicio en ese sentido en la sociedad cubana. Quizás no sea el primer paso en la lucha contra la homofobia desde el punto de vista institucional, pero para nadie escapa que es sumamente importante.

No podía ser de otra manera. Está claro que el tema sigue siendo polémico, incluso en el seno del Partido. Pero la evidencia científica acumulada y el carácter emancipador que se espera de una organización de vanguardia marcaron la decisión.

Nadie podrá ofrecer argumentos sólidos e irrefutables que justifiquen la homofobia: solo el temor a la diferencia, los prejuicios tradicionales, los acercamientos pseudocientíficos. Incluso, desde el punto de vista religioso cristiano, la posición más habitual -y oficial- no es agredir o desconocer al homosexual, sino pedirle que se abstenga de vivir su sexualidad.

(Algunos, dentro y fuera de las diferentes iglesias, consideran que esta es una actitud homófoba en esencia, y puede que tengan razón. Pero a nadie obligan a formar parte de una iglesia, y de todas maneras, la iglesia ha dejado de ser hace mucho tiempo rectora de la sociedad. Es parte, tiene voz, pero no puede imponer sus dogmas. Dejemos que esas diferencias las resuelvan ellos mismos al interno).

Cuba está ahora más preparada que nunca para tomar decisiones en pos de una sociedad sin prejuicios sobre la sexualidad. Y más allá del debate debe prevalecer el derecho.

Algunos consideran que todavía hay que hacer mucho en el ámbito de la educación. Otros creen, además, que debe hacerse con cautela y poco a poco, para no levantar ronchas. Lo primero es cierto. Lo segundo es más discutible.

Pero ninguna de las dos posiciones puede esgrimirse ante la responsabilidad mayor de una sociedad socialista: luchar contra cualquier tipo de discriminación. Primero hay que garantizar los derechos de los ciudadanos, incluso aunque esos derechos no sean comprendidos por la totalidad de la sociedad. Mientras y después, hay que trabajar en la educación y la promoción de esos derechos.

Los homosexuales tienen derecho a que el estado reconozca su unión, a contar con un respaldo legal en ese sentido. El nombre y el alcance de esa unión será con seguridad sometido a debate (yo, particularmente, me inclino por el matrimonio, lo que no significa que crea en él; creo, eso sí, en el derecho a la igualdad de derechos), urge al menos llevar el tema a las instancias.

El Centro Nacional de Educación Sexual, la Federación de Mujeres Cubanas, y otras instituciones científicas y sociales, han presentado un nuevo proyecto de Código de Familia -el que está vigente fue en su momento uno de los más avanzados de América Latina, pero ya precisa actualizaciones-. El Parlamento deberá analizarlo y pronunciarse.

Lo cierto es que el momento es propicio. Y los que piensan que Cuba tiene por delante cuestiones y retos mucho más importantes que atender las reivindicaciones de los que luchan por la igualdad de derechos de las "minorías sexuales", puede que tengan razón: no le demos al tema la extraordinaria relevancia que no tiene: resolvámoslo ya, y ocupémonos de a lleno a garantizar la supervivencia económica de nuestro proyecto. Esa es ahora mismo la prioridad.

Este 17 de mayo, Día contra la homofobia, centenares de cubanos marcharon apoyando todas las acciones a favor de la lucha contra la discriminación. Para algunos, la marcha es una provocación. Como lo es toda la jornada que organiza el Centro de Educación Sexual. Allá ellos, afortunadamente son cada vez menos.

El país ha abierto el debate sobre el tema, y al mismo tiempo realiza labores de promoción de una sexualidad plena, responsable. La Revolución socialista es inclusiva y se opone por principio a cualquier tipo de discriminación. Han quedado atrás, afortunadamente, los años de incomprensiones y errores.

Quedan rezagos; deberán ser resueltos con paciencia y pragmatismo. En momentos en que varios países de América Latina reconocen ya los derechos de los homosexuales, Cuba, que fue pionera en hacer realizada reivindicaciones sociales, no debe quedar a la zaga.

Tomado de Cuba Sí

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Etiquetas: Cuba, LGTB, derechos, homofobia, leyes

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