colombia:Radiografía del trajín que sufren vendedores ambulantes en los buses

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"Para más de 1.000 personas el futuro es incierto con la llegada del Sistema Integrado de Transporte".

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Suben a buses y busetas unas 30 o 40 veces cada día, de domingo a domingo. Generalmente por la mañana, de 7 a 4 ó 5 de la tarde. "Es que por la tarde la gente ya está estresada y no lo recibe bien a uno", cuenta Miguel Ángel Rivera, uno de ellos. Sin embargo, algunos trabajan después de mediodía, pues -dicen- hay menos competencia.
Ellos decidieron no ser ladrones. Lo repiten todos los días. Prefieren vender dulces, maní, esferos, incienso, pulseras, pequeños libros o cantar por unas monedas en los buses de Bogotá. Son 1.340 personas, según un censo de la Secretaría de Movilidad (SM).
"Para mí, todo el que se la rebusca honradamente es un guerrero", dice Edward Elíecer, un 'rapero' que, por supervivencia, se sube a los buses de lunes a viernes, por la Séptima. Baila los fines de semana en discotecas de la Primero de Mayo.
La 'guerra' se libra en medio del ruido y del humo de las avenidas más transitadas de Bogotá: la carrera 68, la calle 100, la avenida Primero de Mayo, las carreras Séptima y Décima y las carreras 11, 13 y 15.
Los vendedores esperan en los andenes, en los semáforos en rojo. Caminan al acecho, con un ojo mirando hacia adelante y otro hacia la calle. Buscan un bus con la puerta abierta que no esté ni muy lleno ni muy vacío. Cuando lo encuentran, se ponen en marcha. Se suben de un solo salto, como leones dando un zarpazo. Son más rápidos que el conductor, que casi nunca logra cerrarles la puerta en la cara. Con la misma agilidad se saltan la registradora del vehículo, con la que el conductor cuenta cuántos pasajeros se subieron cada día. Si no lo hicieran, les tocaría pagar.
Saludan en voz alta. Casi siempre logran ser escuchados, pese al ruido de la ciudad y al reguetón o al vallenato que suenan por el radio del vehículo. "Buenas tardes damas y caballeros. Discúlpenme si se encontraban conversando o meditando". El discurso sigue, en muchos casos, con la versión de un minuto del drama de su vida. Todos los relatos se parecen: "Tengo bocas que alimentar", "me ha sido imposible conseguir un trabajo", "este medio de transporte me ha dado la oportunidad de llevarles el pan a mis hijos".
Caminan por el pasillo del bus en movimiento. No importa si el vehículo marcha a toda velocidad o hace un frenazo, por la práctica mantienen el equilibrio. Mientras lo hacen, pasan sus productos de puesto en puesto. Insisten en que están bien empacados, en que son de buena calidad, de marca reconocida. Algunos pasajeros los reciben por cortesía y los devuelven. Otros ni siquiera los aceptan. Otros más les compran. "Recuerden no botar el papelito dentro del vehículo", recomiendan.
Según la Secretaría de Movilidad, el 90 por ciento gana hasta 25.000 pesos diarios.Sin embargo, la cifra parece depender del lugar donde se pregunte. En la calle, casi siempre dicen que ganan menos de eso. Pero si se les indaga en un lugar en el que estén más tranquilos, se confiesan. "Yo me hago 40.000 diarios", afirma uno de ellos.
Ninguno se sube a los buses por vocación; lo hacen porque necesitan el dinero. A Miguel Ángel la plata le gustaba más que los libros. Se escapaba de la escuela para cantar en los buses. "Una vez mi mamá me pilló y me pegó", cuenta. Pero él es afortunado. A una niña de 14 años que se dedica a esto sí le gustaría estudiar, pero este año no pudo hacerlo. Se sube a los buses "por necesidad, para ayudar en la casa".
Carlos Pinzón, otro vendedor con 35 años en el oficio, se metió porque "era lo más fácil que se podía hacer en ese tiempo para ganar plata". Es que, como dice Miguel Ángel, "haciendo esto uno nunca se va a ver 'pelao'".
 La lucha diaria
No son guerreros solitarios. Por el contrario, son como soldados de un mismo ejército. Se acompañan y se apoyan, se pasan información y se enseñan las mañas del oficio. Se reúnen alrededor de pequeños quioscos ubicados sobre las avenidas en las que trabajan. Allí comen, toman tinto, hablan con los otros vendedores y recargan baterías para el trajín diario.
Las batallas son constantes, su objetivo es lograr subirse a los buses. Los choferes hacen todo lo posible para que no lo consigan. O al menos, para que los aborden muy de vez en cuando y lo hagan para vender, no para robar. "Los vendedores a veces son muy cansones, a veces voltean los espejos o rompen los vidrios", afirma Didier Laverde, un conductor de bus.
En ocasiones los problemas se arreglan a puño limpio. En su mano derecha, Miguel Ángel aún tiene las cicatrices de su pelea más reciente. "Yo me subí, el conductor cerró las dos puertas y me sacó una varilla. Yo me defendí, nos 'prendimos' a golpes dentro del bus. Yo le rompí un vidrio para salir del carro", cuenta.
Pero ni conductores ni vendedores son de piedra. Didier les reconoce el rostro a algunos y los deja subirse. "Uno entiende que ellos también tienen hambre", dice. A otros les pide que les muestren las manos antes de entrar. "Si están 'gaminosos' y tienen los dedos quemados, no los dejo subir. Cuando alguien tiene los dedos quemados, explica Didier, es porque consume bazuco o marihuana".
Los vendedores, por su parte, son conscientes de que son molestos. A Miguel Ángel no le gusta saltar la registradora; dice que esa es "la peor parte" de su trabajo. "Pero toca", añade. Si no pagan el pasaje es porque las ganancias no lo permiten. A José Luis García, otro vendedor, no le gusta que lo traten mal: "A mí me gusta pedir permiso", cuenta.
Los conductores no son el único problema de los vendedores. A veces, los ladrones se camuflan entre ellos. "A más de uno le ha tocado enfrentarlos. 'Pelao' que robe, 'paila', lo atacamos", cuenta Edward. Carlos es más explícito: "Toca 'cascarles'". Lo que buscan es evitar que, para la gente, vendedores y ladrones sean la misma cosa.
Pero el peor riesgo que se corre al subirse 'a las malas' a un bus es perder la propia vida. Un intento fallido de subirse puede dejar a un vendedor tirado en medio de una calle y a merced de los reflejos de los conductores. "He visto a compañeros morir debajo de las llantas de los carros", dice Carlos. "Unas cuatro o cinco veces desde que yo estoy en esto. Es esporádico -aclara-, pero ha sucedido".
Los sitios donde los vendedores se surten de mercancía se parecen a los bares. No porque allí vendan alcohol o pongan música, sino porque en ellos se encuentran, se desahogan y cuentan sus cuitas. La 'barwoman' sería Marcela Ovalle, quien luego de 10 años al otro lado del mostrador se sabe sus nombres, bromea con ellos y escucha sus historias. "Me he vuelto la confesora de los vendedores", dice.
Incluso es cómplice de algunos de sus trucos. En el mostrador tiene un rociador con un líquido amarillo con olor a chicle. Los vendedores compran los lápices que venderán y luego les ponen un poco de ese perfume. "Eso dispara la venta", cuenta uno de ellos.
Marcela es la dueña de una pequeña editorial que elabora los libros que se venden en los buses. Los vendedores llegan a estos sitios por el 'voz a voz', unos les cuentan a otros dónde conseguir la mercancía.
El producto más vendido son las 'minisopas'. Son pequeños libros de sopas de letras que se imprimen y se encuadernan en el mismo local, en el occidente de Bogotá. Cada uno tiene 14 páginas y está elaborado en papel periódico. Marcela vende 2.500 de ellos todos los días, a $100 cada uno. Algunos vendedores los venden a $200, otros "a la moneda". Es decir, a lo que les den.
También venden dulces. Nancy Zapata tiene un local en el occidente de Bogotá. Según ella, 100 personas diariamente vienen a comprarle dulces, casi todas vendedores en el transporte urbano.
Ella también les surte los empaques en los que los vendedores ponen las "promociones", que son 'combos' de varios productos que a menudo incluyen una esquela para -como dicen- "regalarle a un ser querido". Nancy y Marcela atienden de domingo a domingo.
Tal como ocurre con el comercio formal, en las temporadas altas mejoran mucho las ventas. "En Navidad, Amor y Amistad, en el Día del Padre o de la Madre uno consigue mejor mercancía para vender y gana más plata", dice Carlos.
 El pasado y el futuro
Para ellos, muchas cosas han cambiado en estos 35 años. "Ya no somos tan unidos entre nosotros", cuenta Carlos, quien fue uno de los primeros que se dedicó a esto. En ese entonces, dice, "uno se podía subir a los buses sin tanto estrés como ahora, los conductores le daban permiso a uno". Había más rutas, menos vendedores y más dinero. "Hace 15 años yo me ganaba $100.000 diarios", afirma. Incluso llegó a tener un carro y a pagar su propia casa.
Pero su futuro es una incógnita. Con la puesta en marcha del Sistema Integrado de Transporte Público (SITP) en la ciudad, a todos ellos les asalta la misma duda: ¿Qué va a pasar con nosotros?
Juan Carlos Tarquino, director de Estudios Sectoriales de la SM, responde que "la administración está trabajando, pero en este momento no podemos ofrecerles tal o cual alternativa".
Todos ellos sueñan con dejar de vender en los buses. Algunos quisieran un sueldo que llegue cada 15 días o montar su propio negocito, para salirse un poco de esta batalla diaria callejera.
 En todas partes
Bogotá no es la única ciudad
Según testimonios de los mismos vendedores, también hay trabajadores como ellos en Medellín, Cali, Manizales y Villavicencio. Algunos han trabajado en Quito (Ecuador)
Miguel Ángel cuenta que en Medellín una vez le tocó ver un robo con revólver dentro de un bus. Carlos aprendió en Quito a hacer las artesanías que hoy vende en los buses. Llegó allí por "cosas de la vida", tras una pelea con su esposa. Duró tres años. "Allá las vías son más complicadas, pero no hay que pedirles permiso a los conductores", dice.
 Distrito prepara salida de buses
Cuando el Sistema Integrado de Transporte Público (SITP) entre a funcionar este año, como está previsto, los vendedores no podrán trabajar en él. Actualmente, la Secretaría de Movilidad está diseñando un plan piloto con otras entidades del Distrito para mitigar el impacto que tendrá para ellos la entrada del SITP. Se espera que este plan, que se prevé estará listo en el último trimestre del 2011, sirva para darles opciones laborales a muchos de los hoy vendedores.
Por otra parte, los contratos de los concesionarios del SITP tienen una cláusula que los obliga a presentar un plan para asistir a la población que deriva su sustento diario del transporte urbano. Según Juan Carlos Tarquino, Director de Estudios Sectoriales de la Secretaría de Movilidad, gracias a esas condiciones "los concesionarios muy probablemente mirarán cómo les ofrecen empleo a algunas de estas personas.
"El objetivo es conocer de qué programas sociales del Distrito podrían ser objeto estas personas cuando salgan del transporte público", afirma Tarquino.
Después del censo, se socializarán los resultados con otras instituciones para decidir cuál es el siguiente paso.
JOSÉ LUIS PEÑARREDONDA
REDACTOR DE INFOGRAFÍA

datos anexos: nivel de escolaridad entre los vendedores:
primaria incompleta: 3.96%
primaria completa: 37.84%
bachillerato: incompleto 10.75%
bachillerato completo 38.43%
nivel tecnico 0.15%
nivel profesional 2.54%

el 53.3% de los vendedores son hombres
el 40.7% de los vendedores son mujeres
 solo el 5% de los vendedores posee vivienda propia
los grupos familiares estan compuestos de la sigueinte manera:
personas a cargo: ninguna 24.94%
                               una       7.09%
                               dos       11.95%
                               tres       18.22%
                               cuatro   21.21%
                                cinco     16.64%




foto:sinrabodepaja.blogspot.com

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Etiquetas: vendedores-ambulantes-colombia-economia-rebusque

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