
Una de las cosas más difíciles que me ha tocado hacer en la vida, creo que es, escribir estas letras para preguntarme, si Colombia es un país verdaderamente democrático y pacífico, o más bien, es un país que hace apología al terrorismo.
Mirando el croquis de América Latina, nos encontramos con que Colombia, bueno, por lo menos eso creo, es un país cuyos nacionales parecieran vivir en un roll diferente a los habitantes de los otros pueblos latinoamericanos.
El concepto de las mayorías nacionales, siempre por lo general van en contravía al pensamiento común de la gran mayoría de quienes habitan el cono sur del continente americano.
El pensamiento anti – usa que afloró hasta muy avanzada la década de los 80s, hoy se amamanta con gran fuerza en cada rincón de la Geografía Nacional. Sin duda alguna, la influencia de la prensa amarillista y oligarquizada en Colombia, encuentra mucha debilidad cerebral en una gran parte de la población del país en que nací, y por ende, es un país fácilmente manejado por los poderes del Estado, cuyos resultados se reflejan, en un amplio respaldo al Mandatario que más ha pisoteado los derechos humanos en Colombia en los últimos años, que además, ha violado ostensiblemente la soberanía de otras naciones como Ecuador y Venezuela.
Es irónico, que mientras en Colombia rechazan a Hugo Chávez Frías por darse la mano en algún momento con un guerrillero de las FARC por ser estos considerados terroristas, al mismo tiempo aplauden a nuestro presidente cada vez que se abraza con George Bush, el genocida más sobresaliente de los últimos tiempos.
Aquí surge una pregunta. ¿En cuántas masacres ha participado el mandatario venezolano? La historia tendrá que señalar que en ninguna. Pero sin embargo, es satanizado por querer mediar por la resolución de un conflicto en el que han perdido libertad y vidas, varias decenas de cientos de colombianos y extranjeros.
Los mandatarios norteamericanos, han causado las más grandes barbaries de la humanidad en cada país donde su bota militar ha pisado; pero el pueblo colombiano se amnesia para poder seguir respaldando a nuestro presidente, que es uno de esos tantos privilegiados con licencia para estrecharse las manos con terroristas, como por ejemplo, George W Bush.
Es tal el cinismo que se encausó en Colombia, que nos ha tocado ver llorar a una madre repudiando la vida de un guerrillero, porque “Ese infame” le asesinó en combate a su hijo, que era soldado profesional. Y enseguida viene la arremetida mediática repudiando el hecho, y sumando miles de voces ignorantes, validando las licencias para matar.
Yo creo que una madre sensata, antes de llorar a su hijo militar asesinado por las balas de la guerrilla en Colombia, lo primero que debe hacer es quitarle la idea a su hijo de ponerse un uniforme y unas botas para colocarse al servicio de la oligarquía, o en el peor de los casos, quitarse esa errónea idea, de que su hijo por ser su hijo, si tiene derecho de asesinar en nombre de las leyes, al hijo de madre ajena, porque es obvio, que ese guerrillero no nació por la manga de la camisa, y que la misma equivocación que él tuvo de alzarse en armas, es la misma que tuvo su hijo para volverse militar y defender nuestro mal llamado Estado de Derecho.
Para nadie es un secreto, que Colombia es uno de los dos países aún diferentes en América Latina. Colombia tiene una amplia población que a pesar de estar hundida en la pobreza, es pro gobiernista y derechista. El colombiano en general no cree en sus propias debilidades económicas, por eso se regocija con un gobierno que usa la forma más cruel de asesinar, que es el hambre.
Si América Latina tiene la brecha social más amplia del Planeta, seguramente esa gran diferencia la suma Colombia, de ahí, que el colombiano en su mayoría con tal de acomodarse, no le importa regar la sangre inocente de su propio hermano, a cambio de unos pesos ganados como paramilitares, al servicio y defensa de una oligarquía representada hoy, por Álvaro Uribe Vélez, presidente de la República de Colombia.
Aquí la mejor forma de sobrevivir, es ponerse al lado de la corrupción, al lado de la extrema derecha, esa derecha que está muy fortalecida en Colombia, esa derecha que no respeta fronteras, esa derecha que se retroalimenta en el terror, que se inventa falsos positivos en combate ante la indiferencia de la mayoría de sus habitantes, esa derecha que apoya golpes de Estado, esa derecha que sigue golpeando la voz de los pueblos, que es la misma que hoy me obliga a preguntarme de la misma forma que inicié: “¿Es Colombia un país de terroristas?
Por: Golpeando la voz de los pueblos/ Nelson Armesto Echavez
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