Colombia dos siglos después: Protectorado de Estados Unidos y capitalismo gangsteril

Renán Vega Cantor
“Cualquier persona medianamente informada comprende… que el edulcorado "Acuerdo… entre los gobiernos de Colombia y Estados Unidos", … equivale a la anexión de Colombia a Estados Unidos. (…) No es honesto guardar silencio ahora y hablar después sobre soberanía, democracia, derechos humanos, libertad de opinión y otras delicias, cuando un país es devorado por el imperio con la misma facilidad con que un lagarto captura una mosca. Se trata del pueblo colombiano, abnegado, trabajador y luchador”.
Fidel Castro, “La anexión de Colombia a Estados Unidos”, en La Jornada, noviembre 7 de 2009.

El 20 de julio de 1810 comenzó la lucha por la independencia en el actual territorio colombiano, que finalmente se materializó en la ruptura con el poder colonial español en 1819. Doscientos años después resulta casi cínico hablar de independencia, en medio de la postración y dependencia por parte de las clases dominantes de este país con respecto a los Estados Unidos y a las empresas multinacionales. En Colombia no hay nada que celebrar en términos de independencia en la época actual, porque este país marcha en contravía histórica con relación a los procesos nacionalistas que cobran fuerza en otros países del continente, como intentamos mostrarlo en esta ponencia. Esto no significa desconocer el significado descolonizador de las luchas emancipadoras de hace dos siglos, con todo y lo limitadas que hubieran sido para los indígenas, negros y mestizos. De eso no vamos a hablar, sino de lo que en estos momentos acontece en Colombia, como la muestra más extrema de sumisión, en nuestra América, ante el poder imperialista de los Estados Unidos.

1. Entrega de la soberanía colombiana y postración ante los Estados Unidos

El 30 de octubre de 2009 el régimen uribista firmó un ignominioso “acuerdo” con los Estados Unidos, por medio del cual se le conceden a ese país siete bases, distribuidas a lo largo y ancho de la geografía de Colombia, junto con otras prerrogativas que nos convierten en un protectorado yanqui. En la práctica, hemos regresado a formas de sujeción cuasi coloniales, propias de un distante pasado, tan lejano como el que se quiso superar con las guerras de la independencia hace dos siglos. Aunque en teoría ese acuerdo haya sido declarado inconstitucional, en la práctica sigue en marcha de manera disfrazada.

Este tema de la presencia militar estadounidense en Colombia debe mencionarse porque no se trata de un asunto de política interna del país, sino de una estrategia para asegurar el control regional. Hoy, como hace doscientos años el territorio colombiano es esencial para lograr el control militar del norte de Suramérica y del Caribe, si recordamos, por ejemplo, que la reconquista española liderada por Pablo Morillo se inició por Cartagena aunque su objetivo final era doblegar el foco independentista radical de Venezuela. Hoy en día, los acuerdos militares entre Colombia y los Estados Unidos se explican por tres razones principales: el interés de Estados Unidos en apoderarse del petróleo de Venezuela y de los recursos naturales de la región Andina-Amazónica; la pretensión de sabotear los intentos de unidad de América Latina, en especial el ALBA; e impedir la consolidación de procesos nacionalistas y revolucionarios en ciertos países de la región. Estos hechos no pueden verse de manera separada, puesto que los Estados Unidos para conseguir uno de ellos precisan de la consecución de los otros dos. Así, por ejemplo, para que Estados Unidos pueda controlar el petróleo de Venezuela requiere revertir la revolución bolivariana y de allí se desprende la liquidación del ALBA.
Con relación a los aspectos señalados, un documento de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos enfatiza la importancia de la base de Palanquero, en el centro de Colombia, al recalcar que “nos da una oportunidad única para las operaciones de espectro completo en una subregión crítica en nuestro hemisferio, donde la seguridad y estabilidad están bajo amenaza constante por las insurgencias terroristas financiadas con el narcotráfico, los gobiernos antiestadounidenses, la pobreza endémica y los frecuentes desastres naturales”.

La postración del régimen colombiano ante los Estados Unidos dista de ser un hecho puramente coyuntural y episódico. Si se analiza el asunto en el mediano y largo plazo, algo indispensable para entender los procesos históricos, se puede confirmar cómo las clases dominantes de Colombia han hecho gala de una abyección estructural con relación a los Estados Unidos y se han convertido en numerosas ocasiones en una quinta columna incondicional, usada por esa potencia para agredir a otros países de nuestra América y del mundo, como sucedió en la Guerra de Corea, en tiempos de la expulsión de Cuba de la OEA y en la guerra de las Malvinas, entre otros muchas actuaciones serviles.

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http://lahistoriadeldia.wordpress.com/2011/03/01/colombia-dos-siglo...

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Etiquetas: Colombia, historia, narcoparapolítica, política, reflexiones

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