CARRITOS, MALAS PINTAS, GARBANZOS Y RT’S

CARRITOS, MALAS PINTAS, GARBANZOS Y RT’S


Joaquin Strummer / expresiondirecta.net

Hemos vuelto a dejar pasar una nueva oportunidad. Y es que, independientemente de que tengo claro que no hay que endiosar a Sánchez Gordillo (una persona de carne y hueso con sus virtudes, sus defectos y sus contradicciones, como todo el mundo), me resulta inevitable no sentirme decepcionado y asqueado al ver las reacciones de un determinado sector de la sociedad española ante la polémica surgida a raíz de la mediática acción del SAT (Sindicato Andaluz de Trabajadores). Si bien dicha actuación (consistente en robar alimentos de primera necesidad en unos grandes supermercados con el fin de donarlos a un Banco de Alimentos) puede ser analizada bajo infinidad de matices críticos, resulta frustrante comprobar cómo se está linchando al alcalde de Marinaleda, siendo criminalizado de una forma absolutamente desproporcionada y descaradamente sesgada. La acción del SAT puede tener lagunas. Si nos ponemos exquisitos también se puede criticar a Gordillo por su exceso de protagonismo, cuando él no fue el que más riesgos tomó.

Acepto incluso que se pueda decir que se encuentra en una situación privilegiada si se compara con la de otros compañeros suyos que han sido detenidos. Es cierto. Pero no es menos cierto que es su figura la que se está llevando todos los palos mediáticos. Puede que Gordillo no sea un iluminado que está por encima del bien y del mal. Pero también es cierto que la mayoría de las críticas que ha recibido (muchas de ellas elaboradas por periodistas y tertulianos que, pese a cobrar por ello, son incapaces de contrastar mínimamente las informaciones) provocaban vergüenza ajena: que si lleva un reloj de miles de euros, que si el jefe de policía de Marinaleda cobra más que Rajoy (cuando en Marinaleda no hay policía, le pese a quien le pese), que si viaja a Venezuela en primera clase en lugar de ir nadando con unos manguitos y una vez allí hospedarse debajo de un puente, que si cobra un dineral (cuando ha dicho por activa y por pasiva que de su sueldo, que ronda los 3000 euros, sólo se queda con poco más de 1000, cobrando lo mismo que un trabajador de su municipio). Sobre el ridículo que hizo el irresponsable de Toni Cantó al poner en su Twitter un fotomontaje para intentar desprestigiar la protesta no diré nada. Toni ya no me sorprende. Y a los que utilizan el argumento (por decir algo) de sus malas pintas para desprestigiarlo no les daré más protagonismo.

Más allá de todo esto, me duele enormemente que hayamos desaprovechado una ocasión inmejorable para poder sacar conclusiones que no se queden estancadas en las aguas de lo obvio. Porque no hace falta ser muy listo para saber que, ciñéndonos a la legalidad, la actuación del SAT es incorrecta. Pero sinceramente, creo que hay veces en las que la coyuntura es lo suficientemente compleja como para que la analicemos desde una perspectiva un poco más amplia que la que nos ofrece la aséptica Justicia (tan tardona e impuntual en otros casos, por cierto); es decir, intentando ir más allá del “robar está mal, y punto”. YNo sólo no condeno la acción del SAT y de Gordillo, sino que la aplaudo rotundamente. Al igual que desprecio con idéntica rotundidad que haya gente cuya única preocupación sea que Mercadona, sin comerlo ni beberlo (bueno, eso es discutible, pero es otro tema) ha perdido dinero con todo esto. Invito a esa gente a que, en cuanto se sequen sus forzadas lágrimas, hagan cálculos para averiguar cuánto dinero ha perdido el señor Roig (según sus fans, una especie de bondadoso Schindler valenciano dispuesto a ofrecerle un puesto de trabajo a los licenciados en apuros y, además, tener el detalle de ofrecerles vacaciones) con esta acción. Seguramente se sentirían ridículos al conocer el monto final de dicha pérdida (lo de pérdida es un decir). También los emplazo a que elijan mejor hacia quién proyectar su generosa empatía, pero eso ya es cuestión de principios. Si ese argumento se lo escuchara a Carmen Lomana, no me preocuparía. El problema es que se lo he escuchado a gente que no vive precisamente en una burbuja de lujo. ¿Alguien se cree de verdad que se trataba de un ataque diseñado para perjudicar al reponedor/cajero del Mercadona?

No menos repelente resulta escuchar a políticos del PP y del PSOE llenándose la boca con el manido comodín de “el fin no justifica los medios”. Es una pena que, cuando el fin es conseguir según qué réditos políticos, no son tan escrupulosos a la hora de utilizar medios turbios (estafar descaradamente con una campaña electoral de ciencia ficción, modificar de forma express y según conviene la hasta ahora intocable Constitución o explicar con eufemismos cómo nos van a dar por culo). Es curioso que los mismos que se jactan de que los políticos han de ser ejemplares, son los mismos que pertenecen a partidos cuyos miembros se comportan en el Congreso como si estuvieran de tapas o en el fútbol o que conducen a toda velocidad en carreteras cubanas sin puntos en el carné. Siempre digo que la demagogia (palabra recurrente cuando no se está de acuerdo con lo que dice otro) no está reñida con la verdad. Y estos días he visto cómo continuamente la gente mostraba (con razón) su enfado debido a que se estaba criminalizando excesivamente la acción del SAT, y más teniendo en cuenta un innegable agravante: en España se premian (a través de indultos, vistas gordas y trampas burocráticas) ROBOS que van más allá del simbolismo y de cifras irrisorias. ¿Cómo es posible que un hecho así provoque tanta indignación y escándalo? El hecho de que los artículos robados fueran de primera necesidad (es decir, no eran ni Ipod’s, ni Blackberry’s, ni pulpo), de que los negocios escogidos fueran grandes supermercados (es decir, no robaron en una tienda familiar de barrio cuyos dueños agonizan económicamente)  y de que fueran entregados a personas que están pasando hambre de verdad, debería aportarle a todo este asunto un matiz lo suficientemente significativo como para que se analice de una forma particular, distanciándolo de cualquier otro tipo de delito.

¿Cuál es el principal motivo por el que aplaudo esta iniciativa? Se ha lanzado un claro mensaje: hay gente que se está cansando y cuya paciencia se está agotando. ¿Qué se supone que había que hacer? ¿Organizar una batucada en las puertas del Mercadona? ¿Esperar cuatro años más para volver a jugar un ratito al juego de la democracia votando a la opción menos vomitiva? Esta gente ha tenido cojones (sí, aunque la gente se piense que sólo se demuestran emulando a Panenka en una Eurocopa). En este país se es muy injusto con quien se la juega de verdad. Exigimos que haya un cambio social, pero criminalizamos a los que se mojan y, al menos, intentan cambiar las cosas. Exigimos que a los madrileños no nos tomen el pelo con la subida de precio del Metro, pero criminalizamos a los que se la juegan y organizan un sabotaje porque por su culpa llegamos tarde a la uni. ¿Conclusión? Soy plenamente consciente de que la solución a todo esto no pasa por robar en el supermercado. Pero también soy consciente de que con este acto se consigue lanzar un mensaje a los de arriba: la paciencia tiene un límite y hay gente dispuesta a ir más allá. A Gordillo y compañía se los tachará de comunistas trasnochados, ingenuos y utópicos. Pero con esos carros de la compra lograron sacar algo tangible de esos supermercados, cosa que otros no hemos logrado con nuestros métodos. Aunque, visto lo visto, habrían sido más respetados si en lugar de sacar garbanzos hubiesen sacado retweets y estados de Facebook, que por desgracia están mejor valorados que la acción directa…

http://www.larepublica.es/2012/08/carritos-malas-pintas-garbanzos-y...

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