Aniversario 110 del nacimiento de Nicolás Guillén. Por Julio Martínez Molina

Aniversario 110 del nacimiento de Nicolás Guillén, Poeta Nacional

Cuba en el verso y en la idea

JULIO MARTÍNEZ MOLINA

Nicolás Guillén, quien naciera un día como hoy hace 110 años, constituye figura angular de la poesía continental del siglo XX; crea un estilo, ejerce una influencia, hace añicos las barreras entre lo llamado culto y popular, e inaugura etapas dentro del género en Cuba.

A lo poético lleva, con inusual desborde, todo un rosario de facetas sociales abordadas con anterioridad. De esta guisa, o de emparentadas inquietudes, son obras clásicas de la etapa prerrevolucionaria como Elegía a Jesús Menéndez o La paloma de vuelo popular, escrita en 1958, un año antes del acontecimiento social tan aguardado por sí.

El camagüeyano franquea un nuevo periodo de la poesía insular en 1930, mediante Motivos de Son. Un año después, ya está escrito su Sóngoro Cosongo, donde concentra y da dimensión universal a figuras populares a la manera de Papá Montero, la mujer de Antonio o Quirino.

Posteriormente aparecerían títulos harto trascendentes dentro de su currículo del cariz de Tengo, El gran zoo, El diario que a diario, La rueda dentada o Prosa de prisa. Durante el batistato marcha al exilio, hasta que definitivamente ve el colofón de una idea y un anhelo vitales a través del proceso revolucionario.

Su ejecutoria es vasta, diversa y de múltiples resonancias. Denotadora de su madeja de raigalidades, amores, ilusiones y los numerosos afluentes de su caudal intelectual.

Conceptuarlo entonces solamente como "poeta social" no pasaría de una adscripción confesa a una limitada perspectiva de su obra poética. ¿Dónde colocar, pues, su formidable lírica amorosa o sus indagaciones sobre el folclor, las señas y la naturaleza de una cubanía bruñida como el sable cuidado por su abuelo blanco o el machete guardado por su abuelo negro?

No en balde, como sostiene Armando Hart en un valioso ensayo sobre el Poeta Nacional, "él mismo en su persona era una síntesis de la cubanía, de ese cruce maravilloso que se dio no solo en nuestra Patria, sino en lo que culturalmente llamamos Caribe".

Acerca de la persona, dicen los que lo conocieron que era tímido, pero que tenía una especial facilidad para disimularlo tras una imagen a veces temeraria. Todos sus biógrafos coinciden en señalar que nunca, bajo ninguna circunstancia, dejó de escribir. Las ráfagas de tareas y misiones desprendidas de su fuerte compromiso político con la causa de la Revolución no entorpecieron nunca su consorcio con la mesa y la hoja en blanco.

Presidió Nicolás la Unión de Artistas y Escritores de Cuba, fue miembro del Comité Central del Partido, diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular y gran amigo del Comandante en Jefe.

Habitante sin marcha del séptimo mes, julio no solo lo vio llegar al mundo —un 10 de 1902—, sino también despedirse, un 17, en 1989.

Convendría sobremanera que las jóvenes generaciones de cubanos lo conocieran mejor. Leerlo, saborear su pensamiento no sería solamente antídoto apropiado contra los productos seudoculturales, sino la manera de indagar en los resortes activadores de nuestra identidad, descifrar mejor el santo y seña de cuánto somos.

 

Fuente: http://www.granma.cubaweb.cu/2012/07/10/cultura/artic01.html

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