Ahora sí ha empezado la verdadera guerra en Libia

Por Carlos Maldonado*


Las últimas noticias recibidas desde Libia -por parte de las agencias noticiosas, que ahora sí acompañan a los “rebeldes” en su entrada triunfal en Trípoli, las mismas que nunca estuvieron en el teatro de operaciones, por tanto sin la objetividad mínima, sino al contrario fueron parte del montaje de desacreditación contra Muammar Al Gaddafi con visos de allanar el camino para su posterior ataque, es que, por supuesto, luego de un gigantesco bombardeo para quebrar la defensa de la ciudad y allanar el camino a ese “ejército” de pacotilla que sin la ayuda de la aviación supermoderna de la OTAN, jamás hubieran conseguido el objetivo- son que “el régimen está desmoronándose”.

A pesar de la ola triunfalista que se dispersa entre los mercenarios y las notas de la plana mediática imperial que se repite y masculla sin mucha información veraz, la verdadera guerra en Libia apenas ha comenzado. El teatro de operaciones se traslada automáticamente a otros escenarios, donde la guerra terrestre será la parte fundamental ahora. De esa cuenta, las operaciones serán llevadas a cabo en un gran porcentaje por las tropas “rebeldes” aconsejados, obvio, por asesores militares de las potencias pues sabiendo plenamente que el ejército nacional se ha entrenado en “guerra de guerrillas”, las tropas propias de la potencias no querrán entrar en ese terreno para empantanarse en otra guerra. Si fracasan será atribuido a “errores” de esos insurgentes, si triunfan, serán hechos a un lado para tomar posesión de las riquezas libias. Ese Consejo Nacional de Transición -caterva de traidores y entreguistas- ha abierto la puerta a un conflicto más largo que, al igual que en Irak y Afganistán, será una sangría constante a su propio pueblo, pero donde no tendrán tranquilidad los imperialistas de tomar posesión inmediata de los recursos que tanto añoran y urgen por la crisis de manutención de un sistema que se ha erigido sobre la abundancia y el derroche, el expolio y la miseria de otras naciones.

El tiempo es más desfavorable hoy para Estados Unidos y sus secuaces europeos que cuando invadieron Irak y Afganistán. Ahora están atravesando la mayor crisis económica, por lo que la operación debiera, para sus intereses, ser rápida y sin mayor destrucción de infraestructura productiva para tomar en sus manos la mayor parte de su riqueza intacta. Sin embargo, deben estar conscientes que el pueblo libio acudirá a la variante de la guerra. La más larga y penosa.

Los acontecimientos irán escribiendo la historia de una nueva agresión de las potencias imperialistas cuya dinámica fuerte fue marcada por la aceptación de su moneda la cual, no obstante, los pueblos están sumamente preocupados por su debilidad pensando en trasladarse a otras monedas fuerte como el Yuan, por ejemplo y regresar al patrón oro.  Antes que eso suceda a los agresores europeos les urge asegurar las riquezas libias para paliar sus crisis internas.

Ahora empieza la verdadera guerra en Libia. Esperamos que sea un nuevo pantano donde las tropas invasoras y los traidores se atasquen y hundan. Será, claro está, una nueva hemorragia para un pueblo inocente, pero también una fuga importante para los ciudadanos norteamericanos que verán cómo sus recursos menguados hoy por la ambición de sus dirigentes, serán recortados aún más para pagar las aventuras bélicas y ominosas de su gobierno. Quizá esto levante conciencia en Estados Unidos donde se requiere una revolución en las propias entrañas del monstruo.

(II)

La guerra por Libia apenas ha comenzado

Libia está bajo un ataque furioso y sistemático de parte de las potencias imperialistas. Pero más que eso, está bajo un ataque mediático cuya misión es la de propalar mentiras a través de las planas noticiosas de los principales medios a nivel internacional. Lo que se construye y estructura en el comando central de la propaganda es lo que se repite metódicamente en esa plana desinformativa formada por pasquines locales.

Desde el inició de la agresión contra ese país norafricano, la mentira ha sido la columna vertebral de sus informes. De tal manera que la que moldeó a la opinión pública mundial antes de lanzar las bombas fue la que estableció que Muammar Gaddafi estaba masacrando a su propio pueblo y por ello, esas potencias militaristas, preocupadas por la violación a los derechos humanos, no les quedaba otra que atacar el régimen del “tirano”. 

Por supuesto, la perorata se difundió sin verificar su veracidad en el campo de los acontecimientos. Y, cómo, si esa nota nació del cuartel general de la propaganda imperial. Lo único que se necesitaba era machacarla cuantas veces fuere necesaria para que el mundo se la creyera y, más que eso, creyera que el ataque planificado y alevoso era una necesidad. El primer ministro del Reino Unido de la Gran Bretaña, David Cameron, corrobora esa plana cuando ayer expresó que: “las muertes de civiles en Libia a raíz de los bombardeos de la OTAN, eran necesarias para derrocar al régimen de Gaddafi”. Ojalá, con constreñimiento y amargura, reconozca las de sus propios ciudadanos cuando la guerra que han propiciado junto a otras potencias se extienda a sus propias ciudades y territorios. Inglaterra misma ha sufrido atentados terroristas igual que España. Dos naciones que nuevamente se han embarcado en una guerra desigual de rapiña, siguiendo a su maestro, Estados Unidos.

Anteayer también afirmaban sus fuentes noticiosas que los hijos de Gaddafi, Mohamed y Saif al Islam habían sido hechos prisioneros por los “rebeldes” con el ánimo de desmoralizar a las fuerzas leales al líder. Sin embargo, ni uno ni el otro lo fueron. Al contrario, para desmentir dichas estratagemas, Saif llegó ayer mismo a donde lo aguardaban sus seguidores para reanudar la lucha por la recuperación de Trípoli.

En los principales medios, se ha mostrado la estructura familiar del poder de los Gaddafi, según la visión occidental, donde los herederos del líder son equiparados a los de los magnates de este hemisferio, con pequeñas leyendas al pie de cada una de sus fotos con anécdotas que resumen vidas de libertinaje y desenfreno, similares a los que en los centros imperiales del poder realizan los “chicos y chicas de papá”. Esto para desfigurar los verdaderos caracteres de aquellos que a pesar de haber estudiado en Europa, la mayoría, guardan la lealtad propia de los ciudadanos provenientes de estas culturas orientales. Como diría Basar Al Asad, presidente de Siria, “ni Europa ni Estados Unidos son el centro del mundo. El mundo no gira a su alrededor y, en estos tiempos recientes, menos”.  Al contrario, Occidente para el mundo islámico y otros pueblos de esa zona, es el gran Satán. No por su forma de vivir anodina, sino por lo engañoso de su proceder, su violencia, su hipocresía y laxitud. 

En mi país, no es diferente de otros donde la dictadura mediática del Imperio mantiene sojuzgada a los medios locales. Los que leen las noticias repiten indiferentemente el libreto sin reparar en su contenido: “el régimen del tirano se desmorona”; “el tirano que gobernó con mano de hierro a Libia por 42 años, tiene los días contados”; “los días del régimen de Gaddafi están llegando a su final”, etc. Mientras, analistas de variopintas especialidades se lanzan a opinar sobre la situación en aquel país del cual repiten una secuencia histórica para aparentar un falso conocimiento de la misma. Se atreven a hacer proyecciones sobre su futuro con las herramientas melladas del análisis capitalista donde la naturaleza humana está impregnada y reducida a los valores mercantilistas de este sistema egocéntrico e individualista. De tal cuenta, que los combatientes leales a Gaddafi, desertan por cientos entregándose y uniéndose a los “rebeldes” en su saqueo y festín por la facilidad de agenciarse de las cosas materiales que nunca han tenido. ¡Qué desparpajo!

Para esos medios reproductores del espíritu y el carácter podrido occidental donde todo se mide en base a las posesiones materiales y no a los valores humanos, los pueblos todos, los humanos todos, especialmente los orientales, son incapaces de esgrimir valores como la lealtad, el patriotismo, la honestidad, el coraje y el valor. Para ellos, son hordas salvajes que olvidan y cambian las enseñanzas de sus ancestros y la profundidad de su mundo, que pasa por su religión y espiritualidad, por las nimiedades que encierran las baratijas que en el mundo capitalista han enajenado completamente a la gran mayoría de los pueblos de occidente. Si no, que lo diga Europa y más que nadie, Estados Unidos, cuyas poblaciones han sido idiotizadas y reprimidas a tal punto que son incapaces de plantarse contra los excesos, represiones, engaños y mentiras de sus respectivos líderes. Drogados por la droga misma, las mercancías y el consumismo son la generación televisada que cree que el mundo se reduce a ese pequeño cuadro digital. Bien decía mi madre, es necesario apagar la caja boba y salir a conocer el mundo verdadero, a los humanos de carne y hueso. Esos que sufren, ríen, viven y mueren lejos de las luces y la ficción; del plató y las lentejuelas. Esos que no son protagonistas de ninguna serie, ni telenovela, pero sí de la vida cotidiana.

Con todo su poderío, las potencias agresoras no han podido quebrar la resistencia del pueblo libio después de 6 meses de ataques ininterrumpidos. Tuvieron que arreciarlos y utilizar a más mercenarios incluyendo a la tristemente célebre Black Wather para liderar a los monigotes que se adjudican el glorioso nombre de “rebeldes”. El consejo nacional de transición –cnt, con minúsculas como minúsculos sus bríos y arrestos-, no son más que las marionetas que abrirán, si es que consolidan su control sobre el pueblo libio, las puertas a las transnacionales de los agresores para que puedan llevarse el agua y el petróleo de ese territorio.

Por otro lado, habrá que abrirle un capítulo especial al señor ban ki moon, secretario general de la organización de las naciones unidas, -con minúsculas también por su genuflexa participación es estos crímenes de lesa humanidad-, el cual cómplice de los asesinatos de más de 2,000 ciudadanos libios tendrá que ser defenestrado de tal alto cargo y acusado de crímenes de guerra al igual que el señor obama, sarkozy, la canciller alemana angela merkel, el secretario general de la OTAN, angers rasmusehn, silvio berlusconi y en fin, un sin número de líderes de las potencias militaristas de Europa y Estados Unidos, quienes violando la misma resolución 1973, que ellos mismos estructuraron, se han quitado la careta y no importándoles la impudicia con la que actúan, se han mostrado a los pueblos como lo que realmente son: vampiros sedientos de sangre ambiciosos, codiciosos y desfachatados. 

No obstante la falsedad de sus informaciones, los patriotas libios, en una desventaja descomunal, se enfrentan a los traidores y mercenarios con las armas de la dignidad y el pundonor. Por ello, ya son vencedores. Por ello, no permitirán que sus riquezas, sus vidas y las vidas de sus hijos sean entregadas a los piratas y bandoleros.

Al contrario, las muestras de triunfalismo de los “rebeldes” disparando al aire, saltando como monos desaforados, rompiendo y pisoteando los afiches desde donde los mira lastimosamente la fotografía de Muammar, transmitidas por las principales cadenas, se me figuran las cientos de gorras militares que fueron lanzadas al aire cuando el patético george bush anunció desde la lejanía segura de un portaviones en el Golfo Pérsico que la guerra de Irak había concluido exitosamente. La realidad demostró que ésta apenas había comenzado. Temo que la misma dantesca realidad le espera a los mercenarios y traidores, pues ésta vez, los imperialistas se han cuidado de no enviar sus propias tropas al escenario de la lucha. Sin embargo, tendrán que llegar para controlar y salvaguardar las riquezas arrebatadas descaradamente al pueblo libio. Y, para eso falta mucho trecho.

Por ello, no dudo al afirmar que la guerra por Libia apenas ha comenzado.  Y, a pesar de que el Papa distraía con sus congregaciones multitudinarias manifestaciones católicas al mundo en España, éste mismo estado católico y cristiano se sumaba a la agresión criminal contra el pueblo libio.

Al menos yo nunca oí que el Pontífice pidiera por los ciudadanos de un país soberano que estaban siendo agredidos y asesinados por una coalición de potencias mientras él dirigía sus misas. Ni eso ni la exigencia que éstas pararan sus ataques. Obviamente, Cristo estaría sumamente acongojado por la actitud indiferente de otro de los muchos sepulcros blanqueados que abundan hoy. 

PD. Ni en mi país ni en otros he visto o he sabido de alguna manifestación de apoyo al pueblo libio de parte de la comunidad islámica, lo cual no solo es preocupante sino alarmante. Pareciera que ese pueblo se ha quedado solo ante el ataque de sus agresores, sin tener siquiera el apoyo moral de su gente alrededor del mundo. 

*Economista y Profesor en Historia por la Universidad de San Carlos de Guatemala. Colectivo de Acción y Reflexión “La Gotera”

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Etiquetas: Gadaffi, Libia, OTAN, ataque, opositores

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